default

Octavio Paz


La noche del domingo pasado falleció en ciudad de México, a los 84 años, el último de los más grandes escritores latinoamericanos de este siglo, Octavio Paz. Su pluma fecunda dominó a la perfección géneros tan diversos como la poesía, el ensayo, la crítica literaria, política y social, y hasta el teatro.
El presidente de su país, Ernesto Zedillo, declaró desde Santiago de Chile, a donde asistió con ocasión de la recién concluida Cumbre de mandatarios de las Américas, que Octavio Paz fue "el más grande pensador y poeta" de México. Se quedó, sin embargo, corto en ese concepto.
Paz fue mucho más que eso, un pensador, escritor y humanista universal, casi sin paralelo. Dotado de una honestidad intelectual irreductible y una modestia increíble para una personalidad de su talla, que incluso ponía en tela de juicio el valor de sus propias poesías.
Pero contrario a su criterio, su obra portentosa le hizo acreedor a innumerables galardones y reconocimientos, entre los que se destacan el premio Miguel de Cervantes otorgado por el gobierno español (1962) y el Nobel de Literatura (1990).
Fue profesor de literatura en las prestigiosas universidades de Cambridge, Inglaterra, y Harvard, Estados Unidos. Y en el último país, se llegó al extremo de nombrarlo miembro honorario de la Academia de Artes y Letras de esa nación.
Su obra fue traducida a múltiples idiomas, entre ellos al inglés, alemán, francés, portugués y japonés, lo que contribuyó a extender su universalidad.
Ideológicamente simpatizó con las izquierdas, lo que se refuerza durante su presencia al lado de la causa republicana contra el fascismo español durante los años 1936 a 1939, donde alternó con otros poetas tales como Pablo Neruda y Federico García Lorca, entre otros.
En 1962 se distancia del sempiterno PRI que gobierna su país casi desde siempre, tras la masacre de Tlatelolco perpetrada por el ejército contra centenares de estudiantes que clamaban por justicia social, que puso en evidencia la dictadura constitucional que gobernaba su nación.
Por los años 1970 rompe ideológicamente con el socialismo, tras percatarse de la ausencia de libertad en Rusia y Cuba. Llega incluso a esgrimir su pluma contra los regímenes castrista y el sandinista. Su actitud le hace perder simpatías de los influyentes sectores intelectuales de izquierda en su país y el mundo; pero a esas alturas era ya demasiado grande para ser tocado por las críticas. La caída del Muro de Berlín en 1989 pareció simbolizar el triunfo de su postura personal sobre el comunismo.
Quizás su obra más conocida sea "El Laberinto de la Soledad", donde describe la idiosincrasia de su pueblo con tal crudeza y realismo, que le provoca duras críticas en su propio país. Años antes, había recibido ataques de sectores eclesiásticos molestos con su ensayo sobre Sor Juana Inés de la Cruz.
México, América y el mundo, han perdido a una de las mejores plumas de este siglo. Nos queda sin embargo de consuelo, el legado de su obra inmortal.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América