¿Odio a la libertad?
Podrá parecerle irreal o exagerado el título de este escrito, no obstante por experiencia propia y de otros defensores de los derechos de libertad individual se ha visto que la promoción de la libertad despierta inusitadas pasiones, lo cual nos lleva a preguntar: ¿Por qué? My contrario a lo que muchos puedan pensar, la auténtica libertad es terriblemente intimidante; tanto así que la propia Biblia nos habla del "temor de Dios"; es decir: Dios teme haberle dado libertad a seres imperfectos, pues bien sabe que también la usarán mal. ¿Acaso no ha sentido usted el temor de mandar a su hijo solo a la calle por primera vez?
La libertad es algo terrible y constituye una inmensa responsabilidad, pero tristemente son muchos que de manera consciente o no bien conocen el temor de muchos a ser auténticamente libres y el provecho que pueden sacarle a ese temor, de diversas maneras: el padre que no suelta el control de su hijo; el político que controla a su rebaño; el sindicalista enquistado en su función; el empresario estatista, que vive en contubernio con el politiquero; el esposo o esposa dominante, etc.
Sin embargo, no existe ningún otro sendero que deambule en un sano sentido de desarrollo humano; lo cual no debe sorprender ya que sin la debida libertad no somos más que títeres de los designios de otros. Si hemos de evolucionar para el bien, tiene que ser por impulso propio.
Para quienes se agitan a favor de las libertades individuales de la persona, existen muchos desánimos debido a la incomprensión y constantes ataques tanto de desconocidos como de allegados. Lo más común es no enfrentar los conceptos liberales con argumentos sensatos sino cuestionando los motivos del libertario. "Algo debe andar buscando este...", fueron las palabras de un ministro de Estado en una ocasión. Para este funcionario la única motivación existente para defender la libertad es algún interés pecuniario o tal, lo cual reflejaba muy bien sus propias inclinaciones.
La historia libertaria no es nueva, teniendo momentos especiales en la historia, tal como a mediados del siglo XVIII con el advenimiento de ilustración, también conocido como "Siglo de las Luces", en dónde se tomó conciencia que la única forma de asegurar el fin del absolutismo y las dictaduras era elevando el nivel cultural del pueblo. Hoy, tristemente, parece que estamos entrando no sólo en una etapa de depresión económica sino también de pocas luces; en dónde vemos que inclusive en bastiones tradicionales de la libertad, como los EE.UU., las mayorías claman por más y más intervención estatal.
Decir cosas como: "El gobierno es esencialmente la negación de la libertad" -Ludwig von Mises-, son herejía. No parecemos entender que las mafias politiqueras tradicionales nos usan y aplastan, y que la superación humana no es cortoplacista ni rentista; su única vía de acceso es a través de la libertad y la responsabilidad que viene con ella.