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Ofuscación socialista de los jóvenes franceses


Si de algún consuelo sirve, los latinoamericanos no somos los únicos que buscamos huir de la realidad. En el Primer Mundo, los socialistas burgueses están globalizando la fantasía económica.
Una muestra reciente de esa curiosa fantasía socialista que castiga precisamente a quienes pretende proteger se ve en Francia. Cientos de miles de jóvenes protestan violentamente en las calles de París destrozando automóviles y saqueando negocios, en contra de la creación del contrato laboral del primer empleo (CPE, por sus iniciales en francés) para jóvenes. Mediante el CPE, el gobierno busca paliar la aguda falta de trabajo que afecta al 25% de los menores de 26 años.
En su gran mayoría, este 25%, que en los suburbios llega al 50%, no incluye a jóvenes acomodados, sino a los sectores más pobres de la población que carecen de la calificación y experiencia para producir lo que exige la absurda legislación laboral francesa. Lo que pretende el CPE es flexibilizar las exigencias de la ley en cuanto al despido, para de ese modo reducir el costo laboral y que los jóvenes puedan lograr su primer empleo.
La provechosa experiencia del CPE para los jóvenes se debe a que el sistema les ayuda a obtener un empleo formal y adquirir la práctica, calificación y disciplina necesarias para aumentar su productividad y posteriormente ingresar al mercado laboral tradicional. Ello tiende a favorecer a los jóvenes más necesitados de la sociedad, permitiéndoles ayudar a sus familias, solventar sus estudios y alejarles de la informalidad, delincuencia y drogas.
En todas partes, los que se oponen violentamente a la ley del primer empleo son los sindicalistas, quienes creen equivocadamente que muchos trabajadores perderían sus empleos si resultara más barato contratar a jóvenes con el CPE. No es así. Los empleos que se pueden crear con el CPE son empleos que por su baja productividad no existen en el mercado actual. Los empleadores utilizarían el CPE para aprovechar oportunidades laborales que en ausencia de dicha ley no podrían existir.
El contrato del primer empleo no es una solución de tipo "suma cero", donde el empleo que ganan unas personas los pierden otras, como creen los socialistas. El sistema del primer empleo crea nuevos empleos, que a su vez generan nuevos ingresos y demanda en la economía y, finalmente, mayor oferta de trabajo y mejores salarios para todos. Es una "suma positiva" en la que todos ganan. La oposición de muchos al CPE es por ignorancia o fanatismo.
Entre los jóvenes que se enfrentan a la policía convirtiendo los barrios parisienes en verdaderos campos de batalla, algunos utilizan el CPE solo como excusa. Lo que pretenden es socavar las tímidas reformas que lleva adelante el gobierno de Jacques Chirac para sacar a Francia del estancamiento y desempleo.
Pero, ¿cómo se explica el rechazo de incontables jóvenes socialistas a una ley que les permitirá conseguir un primer empleo, en especial, a los más pobres? La fantasía socialista les hace creer que el Estado puede garantizarles el "derecho al empleo vitalicio", sin importar experiencia, esfuerzo, empeño o incluso el nivel de actividad económica. Creen que la magia estatal y sindical les puede asegurar no ser despedidos, por más incompetentes que sean. Olvidan que el empleo debe ser un contrato entre dos personas libres y dignas.
A los jóvenes acomodados y estudiantes de las mejores universidades que promueven las protestas contra el CPE, el ecologismo radical y el proteccionismo agrícola, igual que a los socialistas latinoamericanos, les importa un ápice la lógica económica que explica la pobreza rural y el trágico desempleo de los jóvenes. Obsesionados por su aversión al desarrollo tecnológico y a la libertad individual se oponen a todo lo que significa progreso.
(*) Corresponsal de AIPE y presidente del Foro Libertario.
www.aipenet.com

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