default

Ojo a la ventana


Apenas se había firmado el tratado de 1903 cuando los panameños lo denunciamos y se inició una lucha generacional por el rescate de nuestro territorio que duró casi cien años y culminó con éxito con los Tratados Torrijos-Carter, a los que debemos el traspaso de la administración del canal a los panameños el último día del siglo pasado.
La lucha por el canal aprovechó una ventana de oportunidad política, tanto en Estados Unidos como en Panamá, cuando apenas por unos instantes los astros se alinearon misteriosamente de manera favorable.
En Panamá, la determinación de empinarse en el esfuerzo de generaciones para lograr la aspiración que unía en causa común a los panameños, expresada de manera dramática en los sucesos de heroico patriotismo el 9 de enero de 1964, logró conquistar, a partir de la celebración insólita en Panamá de una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el apoyo idealista de la opinión pública internacional, y no obstante la situación política interna en Panamá, también el apoyo de la opinión pública nacional.
En los Estados Unidos, el movimiento por el respeto a los derechos humanos, con el liderazgo del Presidente Jimmy Carter, escuchó con simpatía las justas aspiraciones panameñas y la presión internacional en la que habían hecho eco. Por ello cohesionaron a favor de nuestra causa por el rescate de la soberanía y la terminación del enclave colonial que ulceraba las relaciones de ese país con toda la América Latina, argumentos de justicia a favor de Panamá, hasta entonces inútiles.
Esa coincidencia de circunstancias hizo posible en la opinión pública de ambos países, lograr el margen necesario para la aprobación de los tratados. En los Estados Unidos, la oposición de los sectores conservadores que por mil razones se oponían a entregar el control del canal a Panamá se pudo vencer por un margen ínfimo. El apoyo costo a algunos distinguidos senadores, que votaron a favor de los tratados, el sacrificio de su futuro político. En Panamá, se obtuvo el apoyo de la opinión pública, no obstante la aprehensión que el retiro de los norteamericanos causaba en muchos panameños y las deficiencias institucionales del régimen político, que por razones coyunturales confundieron a demasiados panameños motivándolos a oponerse a un proyecto nacional que, vista la historia, ha comprobado con creces sus méritos.
De no haberse aprovechado la ventana de oportunidad, apenas entreabierta, que tuvimos en ese momento, tal vez no se hubiera vuelto a presentar, ni allá ni acá.
Luego nos preparamos de manera responsable para la administración del canal y la blindamos con un régimen constitucional que ha merecido el respeto de nuestros gobiernos.
Los panameños nos hemos sentido orgullosos del éxito del canal panameño, que ha sido reconocido internacionalmente y que ha ofrecido a todos los panameños beneficios económicos, antes insospechables y cada vez mayores.
Nos hemos llenado la boca con el rescate de nuestra soberanía, con nuestra capacidad de administrar el canal de manera más eficiente, más segura y más rentable de la que logró la administración norteamericana. ¿Y para que?
¿Para ahora dejarlo languidecer y disminuirse por no tener el coraje de hacerle frente a la responsabilidad heredada y al reto de resolver la crisis de capacidad que nos restriega en la cara las limitaciones lógicas de un canal que tiene cien años, que estamos exprimiendo en su capacidad física mucho más allá de lo que previó su diseño, y que no podrá resistir por mucho tiempo la presión del tráfico marítimo que aumenta de manera dramática por la explosión del comercio internacional?
La Autoridad del Canal de Panamá, tan pronto asumió Panamá la administración del canal, estudió la situación del canal, identificó el serio problema de capacidad que se nos viene encima, sobre lo cual el mundo marítimo ha venido haciendo enérgica advertencia, y con sentido de responsabilidad ha presentado su propuesta.
¿Podemos los panameños atrevernos a desaprovechar la ventana de oportunidad de invertir en nuestro principal recurso nacional, para mejorarlo en beneficio de todos los panameños y de sus futuras generaciones?
¿Nos echarán en cara nuestros hijos y nietos que por pusilánimes y por desconfiar de nuestra propia capacidad, o por egoísmos políticos, dimos la espalda a la responsabilidad que el mundo nos ha encargado y regalamos nuestra mejor oportunidad a la competencia?

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América