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¡Ojo! Ya una vez perdimos la ruta


Hace mucho tiempo nuestra tierra se constituyó en una de las principales arterias del comercio marítimo mundial. Pero eso no siempre fue así: ya en una ocasión nos quedamos fuera de la ruta y ello trajo a Panamá devastadoras consecuencias. Aquella mega crisis duró más de cien años y todavía hoy son visibles algunas de sus terribles consecuencias.
La Historia que nos enseñaban en secundaria arrancaba con un breve repasón del Istmo precolombino, para entrar en materia sólo con el "Descubrimiento", la Conquista y la Colonización española. Luego nos pasaba en directo al Virreinato del Perú, llegaban ipso facto las ferias de Portobelo y, como por encanto, acabábamos metidos en otro virreinato, para luego "independizarnos", primero de España y luego de la Gran Colombia, ferrocarril gringo y canal francés de por medio. Así nuestro sistema "educativo" tendía un piadoso manto sobre el oprobioso siglo XVIII.
Las míticas ferias de Portobelo lo fueron mientras duró el oro y la plata del Perú. Cada cuatro o cinco años juntaban en nuestras costas lo más granado de las castas mercantiles del viejo imperio, en apoteósica toma y daca. Guardando proporciones, el canal actual y la Zona Libre eran un detalle al lado de tal magnificencia. Éramos tan "importantes" entonces para Madrid, que corrió con los costos de toda nuestra fortificación y hasta nos asignó el presupuesto anual de funcionamiento, en directo desde las arcas limeñas.
Pero todo aquello se fue acabando hacia el último cuarto del Siglo XVII, para finalmente desaparecer con la nueva centuria: las viejas minas incaicas se agotaban, las necesidades planetarias desplazaban el eje económico al Sur, la flota mercante se modernizaba y ya podía sortear sin trauma el Estrecho de Magallanes...
Así que el añejo "amor" imperial por el Istmo dio paso al hastío. Y como ya no valíamos como puente comercial y frontera extramuros, nos reasignó a la Nueva Granada y nos depositó en algún lugar del olvido.
Creo que en aquellos años -cuando una de nuestras principales actividades económicas era el comercio caribeño de escobas, cuando se quemó un par de veces la capital y ya los de intramuros no podían ni reconstruir sus propias casas de entre las cenizas- fue que empezamos de algún misterioso modo a convertirnos en panameños. En unos panameños que, todavía ajenos a los avatares de su propio destino, tuvieron que esperar por William Walker y Ferdinand De Lesseps para empezar a entrever otros futuros posibles.
Las huellas de aquellas precarias décadas son aún visibles en los saltos de la continuidad arquitectónica y los lotes baldíos del Casco Viejo. Pero resultan todo un gancho al hígado cuando uno ve lo que hoy día queda del otrora opulento Portobelo.
Hoy, a diferencia de aquellos días, nuestro futuro no resultará de una decisión administrativa tomada en Madrid, París o Washington. Hoy somos beneficiarios del sacrificio y los logros de muchas generaciones que nos precedieron. Hoy la zanja es nuestra, como nuestra ha de ser la decisión de ampliarla y, aún más importante que la propia obra, como nuestra es la responsabilidad de que sus beneficios lleguen por igual a todos los hijos de esta tierra.
Se espera que para el mes de noviembre una flota operativa de 16 nuevas unidades entre en circulación.
Actualmente son 25 las unidades de SOTTRAPASA.

101 años de Panamá América

 
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