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Okinawa II


El clima semitropical, la condición insular, el archipiélago del que forma parte, sus espléndidas playas y aguas marinas privilegiadas, crean las condiciones básicas del paraíso japonés, donde acuden millones de ciudadanos en el transcurso del año. Entre los numerosos medios de transporte, se incluye el ferry, que también a distancia similar viaja a Taiwán. Si hacemos un paralelo, Okinawa es la versión de Hawai para los japoneses.

La cultura del país es inseparable del mar, así los deportes acuáticos no encuentran mejor escenario en este conjunto de pequeñas islas, cuya capital Naha, abriga los principales puertos y centros turísticos. Sus tradiciones, hábitos, idiosincrasia, se muestran con mayor esplendor, en este ambiente donde acuden familias enteras a disfrutar del merecido descanso de un pueblo sumamente trabajador, lleno de virtudes.

Sus comidas tradicionales, a base de mariscos y determinadas especies marinas, se ofrecen vivas, y preparan a la vista del consumidor por un chef, titulado, que al filetear el pescado salva la toxicidad, en determinada especie, donde siempre se corre el riesgo, perfectamente aceptable.

La recreación y las principales actividades sociales mantienen el carácter familiar, donde los ancianos se colman de atenciones, valorando su representación ancestral en el seno de sus descendientes.

En Japón no existen los asilos de ancianos, ni mendigos. En el patio de sus viviendas se les da sepultura.

(Sigue el próximo sábado).

jblanc@cableonda.net

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