Olimpíadas de Matemáticas
Tantas veces hemos criticado a los estudiantes panameños que cuando logran algo positivo nos parece inverosímil. Tal es la mediocridad de la educación nacional y sus resultados, tan pobre es la actitud y la aptitud de educadores y alumnos, que nos hemos acostumbrado a no ver más allá de lo malo y negativo.
Pero esta vez, con gusto, nos tragamos las malas ideas. Cuatro estudiantes panameños de secundaria acaban de hacer una estupenda presentación en la Olimpíada Iberoamericana de Física que tuvo lugar en Uruguay, con participación de 76 colegas representando a 19 países, incluyendo a España.
La reducida delegación logró colocar entre los primeros a dos de los suyos con medallas de bronce, siendo éstos Amílcar Herrera, del Instituto Urracá de Santiago de Veraguas y Moisés Castro, del Colegio José Dolores Moscote; mientras que los dos restantes, Abdiel Sanjur y Pedro Arroyo, también del Instituto Urracá, ganaron mención honorífica. Lo hecho fue una proeza.
Y para quienes pensamos que lo logrado fue suerte, copia o casualidad, descartémoslo, pues las pruebas a que fueron sometidos comprendían ejercicios prácticos y teóricos, que los nuestros superaron entre los mejores de Iberoamérica.
Pero no habíamos terminado de asimilar la resonante victoria de los muchachos del Urracá y el Moscote, confrontándola con negativos prejuicios, largamente cimentados, cuando otra delegación, también de cuatro estudiantes, repitió la proeza, esta vez en las XX Olimpíada Interamericana de Matemáticas, celebrada en Colombia. En ellas ganó una presea de plata el jóven David Narváez, y de plata sus compañeros Alexander Neblet, Luis Gabriel Peña y Lurys Herrera. Este último equipo no tenía ni con qué pagar los pasajes de avión, que le fueron negados por todo el mundo, salvo por el colega Juan Carlos Tapia, que corrió con todos sus gastos.
Lo logrado por esos ocho muchachos, todos de escuelas públicas, nos hace replantear conceptos. Su victoria resonante, lograda en medio de muy precarias condiciones y falta de apoyo, indica que nuestro país tiene talento de sobra, el mismo que administra el Canal con eficiencia nunca antes lograda; y que es solo cuestión de decidirnos a implantar una educación moderna, con educadores bien preparados y con vocación, para que Panamá alcance las metas superiores que ansía.
Pero esta vez, con gusto, nos tragamos las malas ideas. Cuatro estudiantes panameños de secundaria acaban de hacer una estupenda presentación en la Olimpíada Iberoamericana de Física que tuvo lugar en Uruguay, con participación de 76 colegas representando a 19 países, incluyendo a España.
La reducida delegación logró colocar entre los primeros a dos de los suyos con medallas de bronce, siendo éstos Amílcar Herrera, del Instituto Urracá de Santiago de Veraguas y Moisés Castro, del Colegio José Dolores Moscote; mientras que los dos restantes, Abdiel Sanjur y Pedro Arroyo, también del Instituto Urracá, ganaron mención honorífica. Lo hecho fue una proeza.
Y para quienes pensamos que lo logrado fue suerte, copia o casualidad, descartémoslo, pues las pruebas a que fueron sometidos comprendían ejercicios prácticos y teóricos, que los nuestros superaron entre los mejores de Iberoamérica.
Pero no habíamos terminado de asimilar la resonante victoria de los muchachos del Urracá y el Moscote, confrontándola con negativos prejuicios, largamente cimentados, cuando otra delegación, también de cuatro estudiantes, repitió la proeza, esta vez en las XX Olimpíada Interamericana de Matemáticas, celebrada en Colombia. En ellas ganó una presea de plata el jóven David Narváez, y de plata sus compañeros Alexander Neblet, Luis Gabriel Peña y Lurys Herrera. Este último equipo no tenía ni con qué pagar los pasajes de avión, que le fueron negados por todo el mundo, salvo por el colega Juan Carlos Tapia, que corrió con todos sus gastos.
Lo logrado por esos ocho muchachos, todos de escuelas públicas, nos hace replantear conceptos. Su victoria resonante, lograda en medio de muy precarias condiciones y falta de apoyo, indica que nuestro país tiene talento de sobra, el mismo que administra el Canal con eficiencia nunca antes lograda; y que es solo cuestión de decidirnos a implantar una educación moderna, con educadores bien preparados y con vocación, para que Panamá alcance las metas superiores que ansía.