Olvidadizos olvidadores
IGUAL QUE OCURRIÓ durante el gobierno de la señora de la M (de Mireya), el gobierno del señor de la M (de MartÍn), nos confronta con una "reforma tributaria", con la cual los únicos que están claros son los que la idearon.
Tan es así que el abogado y ex embajador de Panamá en Washington y connotado promotor de la candidatura de Martín, Eloy Alfaro, expresó que resulta "incongruente" y hasta "hipócrita", que mientras se prometió en la campaña electoral "derogar la reforma saca plata" del pasado gobierno se esté haciendo todo lo contrario. El rechazo generalizado a la propuesta, según Alfaro, no es más que "una resistencia a que un gobierno novato, sin haber comprobado su capacidad, su voluntad, su eficiencia, ni sus intenciones, y sin haber enunciado con mayor precisión en qué y cómo pretende utilizar los recaudos, se estrene metiendo la mano en el bolsillo de los contribuyentes".
Igual que el gobierno anterior, el actual intenta una reforma tributaria sin que esté precedida de una reforma fiscal y luego de haber impedido con el Pacto MAMI, un verdadero cambio constitucional.
El propósito es muy sencillo: los unos y los otros, los de ayer y los de hoy vuelven a querer que actuemos como desmemoriados viciados, dispuestos a no querer aprender del pasado y, además, rechazando -aunque afirmen lo contrario- la necesidad de ser efectivamente, justos.
Cuando el gobierno arnulfista impuso en el 2001 sus reformas, el PRD y el entonces Partido Demócrata Cristiano, mantenían el Pacto META y en el Legislativo contaban con 37 votos de los 71 que formaban la Asamblea, Martín Torrijos afirmó que "si el Gobierno no tuvo el deseo de construir "consensos sociales previos e indispensables" antes de llevar a cabo las referidas enmiendas tributarias a la cámara, "el PRD no va a cargar con los costos de una ley inoportuna e impopular". Las reformas tributarias de Mireya se aprobaron en la Asamblea con el concurso de miembros de todas las bancadas
Cabe recordar ante los olvidadizos olvidadores a Mario Benedetti, cuando nos expone con realidad alucinante, el papel de la desmemoria en el devenir de los pueblos: "Hay una diferencia sustancial entre el amnésico y el olvidador, y entre éste y el olvidadizo, que es apenas un precandidato a olvidador. El amnésico ha sufrido una amputación (a veces traumática) del pasado; el olvidador se lo amputa voluntariamente, como esos reclutas que se seccionan un dedo para ser eximidos del servicio militar. El olvidador no olvida porque sí, sino por algo, que puede ser culpa o disculpa, pretexto o mala conciencia, pero que siempre es evasión, huida, escape de la responsabilidad".
"No obstante, el olvidador nunca logra su objetivo, que es encerrar el pasado (cual si se tratara de desechos nucleares) en un espacio inviolable. El pasado siempre encuentra un modo de abrir la tapa del cofre y asomar su rostro. El amnésico hace a menudo denodados esfuerzos para recuperar su pasado, y a veces lo consigue; el olvidador hace esfuerzos, igualmente denodados, por desprenderse de el mismo, pero solo cosecha frustración, ya que nunca logra el pleno olvido. El pasado siempre alcanza a quien reniega de él. Así se trate del mismísimo Macbeth. Ya sea infiltrándose en signos o en gestos; en canciones o en pesadillas. Los pueblos nunca son amnésicos. Amnistía no es amnesia."
"Tampoco los gobiernos son amnésicos aunque a veces intentan ser olvidadores. Curiosamente su forma de olvidar suele ser proselitista, ya que su objetivo es que los demás también olviden. Siempre es un mal síntoma cuando un gobernante intenta basar su poder en el olvido colectivo. Por lo general, es entonces cuando propone empezar desde cero, como si eso fuera posible. Lo cierto es que esa frase tiene para el un encanto particular. Hay que prohibirse mirar hacia atrás; hay que mirar siempre hacia adelante, no tener "ojos en la nuca"."
"Sin embargo, ningún pueblo logra una verdadera paz si tiene un pasado pendiente. Los olvidadores también lo saben (¿quién puede no saberlo?) pero no les importa mucho, porque en el fondo no les importa la paz".
Todos debemos pagar el impuesto sobre la Renta. No hacerlo es establecer una situación de privilegio para el que no paga. La justicia impositiva está precisamente en que todos paguemos, pero de acuerdo a las posibilidades y condiciones, lo segundo es la equidad.
No es justo olvidar que los bancos y las aseguradoras, financieras y cualquier otra que tenga situaciones impositivas especiales, tienen que estar sometidas a las mismas condiciones que las empresas comerciales e industriales de igual situación financiera. Lo contrario es injusto.
La propuesta formulada y propagandizada por el gobierno de Martín es similar a la del gobierno de Mireya: una reforma tributaria "invisible", con el propósito de que olvidemos las realidades de las desigualdades imperantes y de los privilegios rampantes y, entonces, cuando la reforma se haga visible... viene el golpe.
Y volverán a haber muchos que desaparecerán, no como los desaparecidos por la dictadura, pero sí como contribuyentes unos y como gente, otros. Entre olvidadizos y olvidadores, este será un país que seguirá sin buenos frutos. Un país de privilegios y privilegiados, pero sin ciudadanos.
Tan es así que el abogado y ex embajador de Panamá en Washington y connotado promotor de la candidatura de Martín, Eloy Alfaro, expresó que resulta "incongruente" y hasta "hipócrita", que mientras se prometió en la campaña electoral "derogar la reforma saca plata" del pasado gobierno se esté haciendo todo lo contrario. El rechazo generalizado a la propuesta, según Alfaro, no es más que "una resistencia a que un gobierno novato, sin haber comprobado su capacidad, su voluntad, su eficiencia, ni sus intenciones, y sin haber enunciado con mayor precisión en qué y cómo pretende utilizar los recaudos, se estrene metiendo la mano en el bolsillo de los contribuyentes".
Igual que el gobierno anterior, el actual intenta una reforma tributaria sin que esté precedida de una reforma fiscal y luego de haber impedido con el Pacto MAMI, un verdadero cambio constitucional.
El propósito es muy sencillo: los unos y los otros, los de ayer y los de hoy vuelven a querer que actuemos como desmemoriados viciados, dispuestos a no querer aprender del pasado y, además, rechazando -aunque afirmen lo contrario- la necesidad de ser efectivamente, justos.
Cuando el gobierno arnulfista impuso en el 2001 sus reformas, el PRD y el entonces Partido Demócrata Cristiano, mantenían el Pacto META y en el Legislativo contaban con 37 votos de los 71 que formaban la Asamblea, Martín Torrijos afirmó que "si el Gobierno no tuvo el deseo de construir "consensos sociales previos e indispensables" antes de llevar a cabo las referidas enmiendas tributarias a la cámara, "el PRD no va a cargar con los costos de una ley inoportuna e impopular". Las reformas tributarias de Mireya se aprobaron en la Asamblea con el concurso de miembros de todas las bancadas
Cabe recordar ante los olvidadizos olvidadores a Mario Benedetti, cuando nos expone con realidad alucinante, el papel de la desmemoria en el devenir de los pueblos: "Hay una diferencia sustancial entre el amnésico y el olvidador, y entre éste y el olvidadizo, que es apenas un precandidato a olvidador. El amnésico ha sufrido una amputación (a veces traumática) del pasado; el olvidador se lo amputa voluntariamente, como esos reclutas que se seccionan un dedo para ser eximidos del servicio militar. El olvidador no olvida porque sí, sino por algo, que puede ser culpa o disculpa, pretexto o mala conciencia, pero que siempre es evasión, huida, escape de la responsabilidad".
"No obstante, el olvidador nunca logra su objetivo, que es encerrar el pasado (cual si se tratara de desechos nucleares) en un espacio inviolable. El pasado siempre encuentra un modo de abrir la tapa del cofre y asomar su rostro. El amnésico hace a menudo denodados esfuerzos para recuperar su pasado, y a veces lo consigue; el olvidador hace esfuerzos, igualmente denodados, por desprenderse de el mismo, pero solo cosecha frustración, ya que nunca logra el pleno olvido. El pasado siempre alcanza a quien reniega de él. Así se trate del mismísimo Macbeth. Ya sea infiltrándose en signos o en gestos; en canciones o en pesadillas. Los pueblos nunca son amnésicos. Amnistía no es amnesia."
"Tampoco los gobiernos son amnésicos aunque a veces intentan ser olvidadores. Curiosamente su forma de olvidar suele ser proselitista, ya que su objetivo es que los demás también olviden. Siempre es un mal síntoma cuando un gobernante intenta basar su poder en el olvido colectivo. Por lo general, es entonces cuando propone empezar desde cero, como si eso fuera posible. Lo cierto es que esa frase tiene para el un encanto particular. Hay que prohibirse mirar hacia atrás; hay que mirar siempre hacia adelante, no tener "ojos en la nuca"."
"Sin embargo, ningún pueblo logra una verdadera paz si tiene un pasado pendiente. Los olvidadores también lo saben (¿quién puede no saberlo?) pero no les importa mucho, porque en el fondo no les importa la paz".
Todos debemos pagar el impuesto sobre la Renta. No hacerlo es establecer una situación de privilegio para el que no paga. La justicia impositiva está precisamente en que todos paguemos, pero de acuerdo a las posibilidades y condiciones, lo segundo es la equidad.
No es justo olvidar que los bancos y las aseguradoras, financieras y cualquier otra que tenga situaciones impositivas especiales, tienen que estar sometidas a las mismas condiciones que las empresas comerciales e industriales de igual situación financiera. Lo contrario es injusto.
La propuesta formulada y propagandizada por el gobierno de Martín es similar a la del gobierno de Mireya: una reforma tributaria "invisible", con el propósito de que olvidemos las realidades de las desigualdades imperantes y de los privilegios rampantes y, entonces, cuando la reforma se haga visible... viene el golpe.
Y volverán a haber muchos que desaparecerán, no como los desaparecidos por la dictadura, pero sí como contribuyentes unos y como gente, otros. Entre olvidadizos y olvidadores, este será un país que seguirá sin buenos frutos. Un país de privilegios y privilegiados, pero sin ciudadanos.