Omar: Un hombre justo
En esta oportunidad, por el corto espacio que tenemos solo transcribiré parte de las palabras que mencionó el R.P. Carlos Villalobos, al detenerse el féretro y elevar esas preces por el eterno descanso de Omar Torrijos, camino a su última morada.
Considero al amigo R.P. Villalobos una voz autorizada, un hombre de pueblo, que siempre manifestó el sentir de los más necesitados de Panamá.
Veamos qué nos dijo el sacerdote: "Y han decidido que este humilde servidor, que compartió con él penas, angustias y zozobras por diez largos meses en el proyecto de Coclesito, y que incluso estuvo a punto de perecer en un accidente de aviación en el año de 1972, pronuncie unas palabras de despedida, como escenario está la Plaza 5 de Mayo, rica en recuerdos para el pueblo panameño; tristes unos, como el Polvorín, y placenteros otros, ¿quién no recuerda aquellos momentos solemnes cuando nuestro hermano le comunicó a su pueblo que se había podido lograr al fin el perfeccionamiento de nuestra soberanía sobre la integridad del territorio nacional y que había logrado eliminar la Quinta Frontera sirviendo de testigo mudo y majestuoso el Cerro Ancón? Yo quiero, hermanos, tocar temas por cierto pequeños en su dimensión pero grandiosos y elocuentes en su proyección. ¿Si conocía al General? ¡muy bien!" "Omar: fue un hombre justo en el sentido inmaterial y material del vocablo. Era su frase predilecta, "no me gusta faltar el respeto para que a mí jamás me lo falten".
En cuanto al aspecto socio-económico, esta pequeña anécdota que les voy a contar, le retrata de cuerpo entero; al hombre impaciente porque sus hijos adoptivos de Coclesito crecieran sanos y fuertes. En cierta ocasión le preguntó al encargado de ganadería, por qué en esa semana no se le había dado leche a los niños. "General, -respondió el buen hombre-, no hemos amarrado a los terneros, para que las vacas se repongan". El respondió en forma lacónica: ¡Yo no quiero ganado gordo, sino niños sanos y fuertes". Palabras para meditar. ¿Cuántas veces, en la escala de valores anteponemos los animales gordos a la salud y bienestar del ser humano?".
"¡Quién va a negar la profunda influencia que ejerció el General a través de consejos muy respetuosos por cierto pero también oportunos, para que la más joven revolución de Centroamérica (sandinista en Nicaragua) se convirtiera en una de las pocas en el mundo sin paredones de fusilamientos. Sin embargo a nadie se le ocurre que un hombre de carne y hueso, con defectos, a veces aumentados con el microscopio electrónico de la envidia y la mala voluntad, se le puede aplicar la frase, ¡bienaventurados los hacedores de la paz! Y nuestro hermano Omar fue constructor de la paz. El General fue traicionado. Y no pagó mal por mal, conforme a la Ley de Talión.
Pero tal vez, y esta es mi última reflexión, el aspecto que más me llamó la atención en la persona de nuestro hermano Omar fue su eterna preocupación por la equitativa distribución de la riqueza. Su cerebro era un laboratorio de ideas, que trataba de buscar un término medio que consistía, según su fraseología penetrante y aguda, "que nadie se muera de hambre, pero tampoco de congestión" En sus viajes observaba sobre el terreno los planes, programas y proyectos económico más variados. Un insigne obispo chileno nos dijo en cierta ocasión a un grupo de sacerdotes las siguientes palabras: "Al pueblo le tiene sin cuidado las diferentes teorías económicas, él simplemente quiere que le resuelvan sus problemas básicos". Y nuestro hermano Omar no sólo pensaba en forma igual sino que llevó estas palabras a la práctica.
"Mis buenos hermanos. La tranquilidad social no va a surgir por acto de magia, sino en la medida en que reúna una mayor justicia social. Las palabras y el ejemplo del General Omar Torrijos Herrera, en esa su eterna búsqueda de la justicia y de la paz social, deben servir a todos como inspiración. El les dedicó sus fuerzas y capacidad creativa para su progresivo desarrollo tanto en el orden profesional como social, espiritual y económico. La tarea encendida de sus ideales ha sido colocada en las manos del pueblo en esta carrera de relevo que simboliza el progreso de la Patria. ¡No permitan jamás que se extinga esta luz!".
Los cronistas nacionales y extranjeros de la época y de la actualidad, coinciden que nunca antes, dirigente alguno fue tan llorado por su pueblo.
Considero al amigo R.P. Villalobos una voz autorizada, un hombre de pueblo, que siempre manifestó el sentir de los más necesitados de Panamá.
Veamos qué nos dijo el sacerdote: "Y han decidido que este humilde servidor, que compartió con él penas, angustias y zozobras por diez largos meses en el proyecto de Coclesito, y que incluso estuvo a punto de perecer en un accidente de aviación en el año de 1972, pronuncie unas palabras de despedida, como escenario está la Plaza 5 de Mayo, rica en recuerdos para el pueblo panameño; tristes unos, como el Polvorín, y placenteros otros, ¿quién no recuerda aquellos momentos solemnes cuando nuestro hermano le comunicó a su pueblo que se había podido lograr al fin el perfeccionamiento de nuestra soberanía sobre la integridad del territorio nacional y que había logrado eliminar la Quinta Frontera sirviendo de testigo mudo y majestuoso el Cerro Ancón? Yo quiero, hermanos, tocar temas por cierto pequeños en su dimensión pero grandiosos y elocuentes en su proyección. ¿Si conocía al General? ¡muy bien!" "Omar: fue un hombre justo en el sentido inmaterial y material del vocablo. Era su frase predilecta, "no me gusta faltar el respeto para que a mí jamás me lo falten".
En cuanto al aspecto socio-económico, esta pequeña anécdota que les voy a contar, le retrata de cuerpo entero; al hombre impaciente porque sus hijos adoptivos de Coclesito crecieran sanos y fuertes. En cierta ocasión le preguntó al encargado de ganadería, por qué en esa semana no se le había dado leche a los niños. "General, -respondió el buen hombre-, no hemos amarrado a los terneros, para que las vacas se repongan". El respondió en forma lacónica: ¡Yo no quiero ganado gordo, sino niños sanos y fuertes". Palabras para meditar. ¿Cuántas veces, en la escala de valores anteponemos los animales gordos a la salud y bienestar del ser humano?".
"¡Quién va a negar la profunda influencia que ejerció el General a través de consejos muy respetuosos por cierto pero también oportunos, para que la más joven revolución de Centroamérica (sandinista en Nicaragua) se convirtiera en una de las pocas en el mundo sin paredones de fusilamientos. Sin embargo a nadie se le ocurre que un hombre de carne y hueso, con defectos, a veces aumentados con el microscopio electrónico de la envidia y la mala voluntad, se le puede aplicar la frase, ¡bienaventurados los hacedores de la paz! Y nuestro hermano Omar fue constructor de la paz. El General fue traicionado. Y no pagó mal por mal, conforme a la Ley de Talión.
Pero tal vez, y esta es mi última reflexión, el aspecto que más me llamó la atención en la persona de nuestro hermano Omar fue su eterna preocupación por la equitativa distribución de la riqueza. Su cerebro era un laboratorio de ideas, que trataba de buscar un término medio que consistía, según su fraseología penetrante y aguda, "que nadie se muera de hambre, pero tampoco de congestión" En sus viajes observaba sobre el terreno los planes, programas y proyectos económico más variados. Un insigne obispo chileno nos dijo en cierta ocasión a un grupo de sacerdotes las siguientes palabras: "Al pueblo le tiene sin cuidado las diferentes teorías económicas, él simplemente quiere que le resuelvan sus problemas básicos". Y nuestro hermano Omar no sólo pensaba en forma igual sino que llevó estas palabras a la práctica.
"Mis buenos hermanos. La tranquilidad social no va a surgir por acto de magia, sino en la medida en que reúna una mayor justicia social. Las palabras y el ejemplo del General Omar Torrijos Herrera, en esa su eterna búsqueda de la justicia y de la paz social, deben servir a todos como inspiración. El les dedicó sus fuerzas y capacidad creativa para su progresivo desarrollo tanto en el orden profesional como social, espiritual y económico. La tarea encendida de sus ideales ha sido colocada en las manos del pueblo en esta carrera de relevo que simboliza el progreso de la Patria. ¡No permitan jamás que se extinga esta luz!".
Los cronistas nacionales y extranjeros de la época y de la actualidad, coinciden que nunca antes, dirigente alguno fue tan llorado por su pueblo.