Once mártires en Irak
En 21 días de guerra, han perdido la vida 11 periodistas en Irak y al menos una veintena ha resultado herida. En el último incidente, el más doloroso, por la sevicia y la frialdad desplegada por los asesinos, los operadores de un tanque estadounidense, apuntaron su cañón cuidadosamente hacia un apartamento del Hotel Palestina, edificio donde se sabía, se alojaban cientos de corresponsales extranjeros que cubrían el conflicto, y dispararon matando a dos periodistas. Uno fue el camarógrafo español José Couso de 37 años y el otro fue el ucraniano de 35 años, corresponsal de la Agencia de Noticias Reuters, Taras Protsyuke. Poco antes, un avión norteamericano, atacó con dos misiles de precisión las oficinas del canal independiente de noticias de Qatar, Al Yazira, matando a su corresponsal Tarek Ayyoub e hiriendo a otro. Un despacho de la televisora acusó a las fuerzas anglo-estadounidenses de haber actuado deliberadamente.
Un video grabado por la televisora francesa France 3, muestra el momento en que el tanque gira, apunta y abre fuego contra el Hotel Palestina, asesinando a Couso y Protsyuke. Lo hecho no tiene nombre, ni excusa, ni perdón; y merece la condena de todos los que creemos en los valores de la vida y el derecho a la información. Desde hace días, la Fuerza Aérea norteamericana y su Marina de Guerra, se esmeraban en acallar el accionar de algunos medios independientes que cubrían una óptica distinta de la guerra, ajena a CNN y otras que reportaban desde el bando coaligado encabezado por Estados Unidos. Era la óptica del rostro humano y suplicante, de los soldados heridos y capturados en acción que remeció a la conciencia estadounidense y del mundo.
La misma agencia Al Yazira, fue desautorizada para filmar una nerviosa sesión de la Bolsa de Nueva York a poco de la captura de 7 soldados de sus filas como resultado de una emboscada tendida durante su avance desde el sur. Gracias a ese medio independiente y de sus similares de España, México y otras naciones, fue posible llevar al mundo una visión más completa del conflicto, complementando las imágenes del abrumador poder de fuego de los coaligados con las del desgarrador cuadro social de sus efectos. Ese quizás fue su pecado que pagaron con su vida.
No menos mérito tuvieron los demás periodistas caídos, heridos y desaparecidos en pleno fragor del combate, que sacrificaron su vida y su integridad por un bien que estimaron superior, el derecho de informar. Todos lo hicieron a plena conciencia de los riesgos, porque amaron su oficio y comprendieron su alcance y su grandeza, no importa su orientación. Es la concurrencia e interacción simultánea y libre de distintos medios lo que enriquece y permite acercarse a la verdad. Quienes en el escenario bélico participaron, lo hicieron como combatientes, víctimas o espectadores.
Los periodistas que cubrieron sus detalles, en cambio, lo hicieron para servir a los ciudadanos del mundo y pagaron por ello un alto precio, con sus 11 mártires a la cabeza quienes cayeron en acción, portando cámaras, grabadoras y libretas en sus manos, disparando información e imágenes, no metralla, ni muerte.
Un video grabado por la televisora francesa France 3, muestra el momento en que el tanque gira, apunta y abre fuego contra el Hotel Palestina, asesinando a Couso y Protsyuke. Lo hecho no tiene nombre, ni excusa, ni perdón; y merece la condena de todos los que creemos en los valores de la vida y el derecho a la información. Desde hace días, la Fuerza Aérea norteamericana y su Marina de Guerra, se esmeraban en acallar el accionar de algunos medios independientes que cubrían una óptica distinta de la guerra, ajena a CNN y otras que reportaban desde el bando coaligado encabezado por Estados Unidos. Era la óptica del rostro humano y suplicante, de los soldados heridos y capturados en acción que remeció a la conciencia estadounidense y del mundo.
La misma agencia Al Yazira, fue desautorizada para filmar una nerviosa sesión de la Bolsa de Nueva York a poco de la captura de 7 soldados de sus filas como resultado de una emboscada tendida durante su avance desde el sur. Gracias a ese medio independiente y de sus similares de España, México y otras naciones, fue posible llevar al mundo una visión más completa del conflicto, complementando las imágenes del abrumador poder de fuego de los coaligados con las del desgarrador cuadro social de sus efectos. Ese quizás fue su pecado que pagaron con su vida.
No menos mérito tuvieron los demás periodistas caídos, heridos y desaparecidos en pleno fragor del combate, que sacrificaron su vida y su integridad por un bien que estimaron superior, el derecho de informar. Todos lo hicieron a plena conciencia de los riesgos, porque amaron su oficio y comprendieron su alcance y su grandeza, no importa su orientación. Es la concurrencia e interacción simultánea y libre de distintos medios lo que enriquece y permite acercarse a la verdad. Quienes en el escenario bélico participaron, lo hicieron como combatientes, víctimas o espectadores.
Los periodistas que cubrieron sus detalles, en cambio, lo hicieron para servir a los ciudadanos del mundo y pagaron por ello un alto precio, con sus 11 mártires a la cabeza quienes cayeron en acción, portando cámaras, grabadoras y libretas en sus manos, disparando información e imágenes, no metralla, ni muerte.