Opiniones desde Japón
POR razones profesionales me encuentro en una gira anual por varios países de Asia, todos actores importantes, desde distintas perspectivas, del mundo marítimo y del comercio mundial. Japón es mi primera parada y luego de tres días de agitada agenda, deseo compartir, en breve espacio, algunas opiniones recogidas a propósito de la propuesta de ampliación del Canal , tema que obligadamente he introducido en todas mis conversaciones, ya que deseo escuchar criterios de una comunidad internacional que usa el Canal y que, en el caso de Japón, además de ser el tercer usuario del Canal, de 1,873 naves de servicio internacional que poseen sus propietarios, 1,315 de ellas están registradas bajo bandera panameña, por lo que sus criterios deben ser oídos.
Las opiniones vertidas varían, dependiendo de quién las da y del ámbito del negocio marítimo en el que se desenvuelven. He conversado con agentes, intermediarios en la compra y venta de naves, propietarios, arquitectos navales relacionados con los temas de seguridad en el mar, asociaciones representativas de los propietarios, banqueros, en fin, una gama variada de actores. Muchos de ellos han escuchado y estudiado la propuesta de la ACP y la dominan. En julio, el Vicepresidente y Canciller Lewis estuvo por acá en compañía de voceros idóneos de la ACP y la sustentaron. La conclusión general es que el proyecto es atractivo, beneficia la ampliación del comercio mundial cuya expansión en gran medida proviene de China, Japón, Corea y Taiwán y coadyuva en la redefinición de la tendencia de construcción de una buena parte de las naves por ordenar, habida cuenta de que la era pospanamax es ya una realidad en aumento. En pocas palabras, la decisión de Panamá de ampliar su Canal impacta de manera positiva la industria de la navegación y del comercio mundial. Hasta aquí, nada nuevo. Sin atravesar el Pacífico lo hubiera podido sustentar en cualquier foro en nuestro país.
No obstante lo anterior, me ha inquietado la manera ligera, por decir lo menos, con que algunos dirigentes políticos y de las organizaciones de la sociedad civil que promueven el No en el referéndum, alegremente manifiestan y hasta se atreven a sustentar que si se rechaza el proyecto el 22 de octubre o se pospone para procurar salvarlo, nada pasa porque, dicen, "el Canal seguirá allí", "los usuarios no tiene más alternativas", "el volumen de carga tiene que pasar por Panamá", en fin, argumentos sin mayores sustentos que buscan confundir a una opinión pública que no tiene por qué conocer estos aspectos que son o tienen un gran componente técnico. Pues bien, he hecho la pregunta, ¿qué pasa si el pueblo panameño rechaza el proyecto, hay una segunda oportunidad para retomarlo más adelante? Y si se pospone, ¿ qué mensaje se enviaría? La respuesta, con los matices propios de cada actividad, es una sola: no hay una segunda oportunidad, la industria y el comercio van a buscar alternativas que resuelvan el tema de la ruta Panamá y poco a poco su Canal, me dicen, será menos competitivo y la carga buscará otros caminos que le garanticen llegar a tiempo a sus destinos en los volúmenes que se van a manejar por razón de la constante expansión que el comercio desde Asia va a seguir generando, en adición a otras exportaciones, de carbón por ejemplo, que buscan como destinatario a países de la costa pacífica de Sur América, tema este traído como ejemplo frente a un mapamundi lleno de rutas. No hay indicadores y no he encontrado a nadie dentro de los personajes consultados que me diga algo en contrario. Es más, algunos me ven con cara de sorpresa, como diciendo sin decir, cómo es posible que ante esta realidad, aún lo estén pensando? Otros, menos reservados que el común denominador asiático, me han dicho, "apúrense, es un buen negocio para todos".
El tema del aumento de peajes lo he preguntado también. Debo ser sincero al decir que no lo toman a bien, y es natural, a nadie le gusta que le suban los costos. Pero también es cierto que ninguno de los consultados me lo sustentó como un argumento para que la obra no se realice, o que el aumento programado por la ACP hace el negocio no rentable y por lo tanto, un factor desalentador en la industria. Uno si me comentó de manera informal -todos hablan así, pero hablan- que los números deben estar bien sacados, de lo contrario, podríamos estar en problemas, dado el costo de la obra. Irrefutable argumento que la ACP de manera responsable debe haber estudiado con gran mesura. Sin proyecto en firme, los que hemos asistido a las audiencias públicas cuando se deciden los aumentos de peajes podemos decir que no es popular entre los clientes del Canal. Es más, Japón y Ecuador, recuerdo, son cantalantes oficiosos de los usuarios.
En todas mis conversaciones, la nueva posición geográfica de Panamá, luego de la ampliación, es un factor de gran interés. Un viejo y gran amigo me dijo que, realizado el proyecto, es el momento para convertir al país, entonces sí, en un país marítimo, con un canal ampliado y competitivo, una marina mercante administrada más eficiente y modernamente, un centro logístico determinante, un país para ubicar centros de manejo y administración de naves, entrenamiento y reclutamiento de marinos y de capacitación de gente de mar, en fin, muchas de las cosas que personalmente he pensado, junto a otros soñadores de un futuro promisorio vinculado al mar, pero que a veces necesitamos que nos lo digan y adviertan desde afuera para empezar a creerlo.
Pudiera seguir, pero creo haber concluido los temas generales, alejado de los tecnicismos, buscando el mayor de los entendimientos. Sigo en mi travesía y continuaré preguntando lo mismo en todas partes, esperando poder seguir compartiendo y orientando dentro de mis limitaciones. Debo reconocer el gran apoyo recibido de nuestro Embajador en Japón, el Dr. Alfredo Martiz, quien además, goza del respeto y aprecio de estos importantes círculos de amigos de Panamá. Bajo ningún pretexto deseaba hacer estos cuestionamientos sin que el representante de mi país supiera que lo iba a realizar. Soy un representante de un partido político opositor al gobierno, y no deseaba que mi presencia y mis inquietudes pudieran interpretarse politiqueramente respecto de un tema que, además de apoyarlo por convicción, debe marcar claramente la distinción de las agendas políticas de las de Estado.
Las opiniones vertidas varían, dependiendo de quién las da y del ámbito del negocio marítimo en el que se desenvuelven. He conversado con agentes, intermediarios en la compra y venta de naves, propietarios, arquitectos navales relacionados con los temas de seguridad en el mar, asociaciones representativas de los propietarios, banqueros, en fin, una gama variada de actores. Muchos de ellos han escuchado y estudiado la propuesta de la ACP y la dominan. En julio, el Vicepresidente y Canciller Lewis estuvo por acá en compañía de voceros idóneos de la ACP y la sustentaron. La conclusión general es que el proyecto es atractivo, beneficia la ampliación del comercio mundial cuya expansión en gran medida proviene de China, Japón, Corea y Taiwán y coadyuva en la redefinición de la tendencia de construcción de una buena parte de las naves por ordenar, habida cuenta de que la era pospanamax es ya una realidad en aumento. En pocas palabras, la decisión de Panamá de ampliar su Canal impacta de manera positiva la industria de la navegación y del comercio mundial. Hasta aquí, nada nuevo. Sin atravesar el Pacífico lo hubiera podido sustentar en cualquier foro en nuestro país.
No obstante lo anterior, me ha inquietado la manera ligera, por decir lo menos, con que algunos dirigentes políticos y de las organizaciones de la sociedad civil que promueven el No en el referéndum, alegremente manifiestan y hasta se atreven a sustentar que si se rechaza el proyecto el 22 de octubre o se pospone para procurar salvarlo, nada pasa porque, dicen, "el Canal seguirá allí", "los usuarios no tiene más alternativas", "el volumen de carga tiene que pasar por Panamá", en fin, argumentos sin mayores sustentos que buscan confundir a una opinión pública que no tiene por qué conocer estos aspectos que son o tienen un gran componente técnico. Pues bien, he hecho la pregunta, ¿qué pasa si el pueblo panameño rechaza el proyecto, hay una segunda oportunidad para retomarlo más adelante? Y si se pospone, ¿ qué mensaje se enviaría? La respuesta, con los matices propios de cada actividad, es una sola: no hay una segunda oportunidad, la industria y el comercio van a buscar alternativas que resuelvan el tema de la ruta Panamá y poco a poco su Canal, me dicen, será menos competitivo y la carga buscará otros caminos que le garanticen llegar a tiempo a sus destinos en los volúmenes que se van a manejar por razón de la constante expansión que el comercio desde Asia va a seguir generando, en adición a otras exportaciones, de carbón por ejemplo, que buscan como destinatario a países de la costa pacífica de Sur América, tema este traído como ejemplo frente a un mapamundi lleno de rutas. No hay indicadores y no he encontrado a nadie dentro de los personajes consultados que me diga algo en contrario. Es más, algunos me ven con cara de sorpresa, como diciendo sin decir, cómo es posible que ante esta realidad, aún lo estén pensando? Otros, menos reservados que el común denominador asiático, me han dicho, "apúrense, es un buen negocio para todos".
El tema del aumento de peajes lo he preguntado también. Debo ser sincero al decir que no lo toman a bien, y es natural, a nadie le gusta que le suban los costos. Pero también es cierto que ninguno de los consultados me lo sustentó como un argumento para que la obra no se realice, o que el aumento programado por la ACP hace el negocio no rentable y por lo tanto, un factor desalentador en la industria. Uno si me comentó de manera informal -todos hablan así, pero hablan- que los números deben estar bien sacados, de lo contrario, podríamos estar en problemas, dado el costo de la obra. Irrefutable argumento que la ACP de manera responsable debe haber estudiado con gran mesura. Sin proyecto en firme, los que hemos asistido a las audiencias públicas cuando se deciden los aumentos de peajes podemos decir que no es popular entre los clientes del Canal. Es más, Japón y Ecuador, recuerdo, son cantalantes oficiosos de los usuarios.
En todas mis conversaciones, la nueva posición geográfica de Panamá, luego de la ampliación, es un factor de gran interés. Un viejo y gran amigo me dijo que, realizado el proyecto, es el momento para convertir al país, entonces sí, en un país marítimo, con un canal ampliado y competitivo, una marina mercante administrada más eficiente y modernamente, un centro logístico determinante, un país para ubicar centros de manejo y administración de naves, entrenamiento y reclutamiento de marinos y de capacitación de gente de mar, en fin, muchas de las cosas que personalmente he pensado, junto a otros soñadores de un futuro promisorio vinculado al mar, pero que a veces necesitamos que nos lo digan y adviertan desde afuera para empezar a creerlo.
Pudiera seguir, pero creo haber concluido los temas generales, alejado de los tecnicismos, buscando el mayor de los entendimientos. Sigo en mi travesía y continuaré preguntando lo mismo en todas partes, esperando poder seguir compartiendo y orientando dentro de mis limitaciones. Debo reconocer el gran apoyo recibido de nuestro Embajador en Japón, el Dr. Alfredo Martiz, quien además, goza del respeto y aprecio de estos importantes círculos de amigos de Panamá. Bajo ningún pretexto deseaba hacer estos cuestionamientos sin que el representante de mi país supiera que lo iba a realizar. Soy un representante de un partido político opositor al gobierno, y no deseaba que mi presencia y mis inquietudes pudieran interpretarse politiqueramente respecto de un tema que, además de apoyarlo por convicción, debe marcar claramente la distinción de las agendas políticas de las de Estado.