Oponerse por oponerse, y el doble discurso
Colocados sobre la balanza de la sensatez, habrá que decidir si queremos un país que avance o que permanezca estancado en las telarañas de los debates estériles.
Hasta ahora, decidir sobre la ampliación del Canal ha sido un pensamiento entrecruzado, una suerte de opción limitada a los cálculos criollos de la politiquería, y a las vencidas y obsoletas tesis clasistas fundamentadas en dogmatismos de mediados del siglo XX.
En un afán por concebir la ampliación como un truco partidista, varios son, y connotados, los panameños que al tiempo que admiten tras bastidores como buena y necesaria la obra, se abstienen de reconocerlo públicamente para no hacerle el favor al partido en el gobierno. Lamentable enanismo, limitada visión del futuro que compromete la propia perspectiva del país.
Pero hay en la historia ejemplos peores de desastres. La lucha política entre Pedrarias y Balboa, concluyó con la decapitación de este último, pese a su legado de descubridor del mar del sur. Poseía Vasco Núñez mejores y más cercanas relaciones con los indígenas de la región, lo que lo potenciaba, pero eso mismo ponía en riesgo las gestiones casi virreinales de Pedrarias. Así que en lugar de la colaboración y el esfuerzo común, lo que seguía era quitarlo del medio. Para algunos políticos de hoy la cuestión no es que se apruebe la ampliación sino impedir que rivales políticos puedan llevarse el mérito. Son los Pedrarias modernos, en otra forma de decapitación. El problema radica en que la decapitación en cuestión no se limita a las figuras políticas, sino a la Nación misma.
El problema que se discute es ¿qué se hará con los beneficios que surjan de la vía? Pelearse por el queso antes de comprar la vaca, pero se conoce de la propuesta de crear un fondo con los recursos que surjan de ella, y la identificación de obras estratégicas, más aun se ha admitido como buena la elaboración de un plan estratégico de desarrollo nacional que sea respetado por los gobiernos venideros. ¿Hasta dónde queremos llegar?
Hasta ahora, decidir sobre la ampliación del Canal ha sido un pensamiento entrecruzado, una suerte de opción limitada a los cálculos criollos de la politiquería, y a las vencidas y obsoletas tesis clasistas fundamentadas en dogmatismos de mediados del siglo XX.
En un afán por concebir la ampliación como un truco partidista, varios son, y connotados, los panameños que al tiempo que admiten tras bastidores como buena y necesaria la obra, se abstienen de reconocerlo públicamente para no hacerle el favor al partido en el gobierno. Lamentable enanismo, limitada visión del futuro que compromete la propia perspectiva del país.
Pero hay en la historia ejemplos peores de desastres. La lucha política entre Pedrarias y Balboa, concluyó con la decapitación de este último, pese a su legado de descubridor del mar del sur. Poseía Vasco Núñez mejores y más cercanas relaciones con los indígenas de la región, lo que lo potenciaba, pero eso mismo ponía en riesgo las gestiones casi virreinales de Pedrarias. Así que en lugar de la colaboración y el esfuerzo común, lo que seguía era quitarlo del medio. Para algunos políticos de hoy la cuestión no es que se apruebe la ampliación sino impedir que rivales políticos puedan llevarse el mérito. Son los Pedrarias modernos, en otra forma de decapitación. El problema radica en que la decapitación en cuestión no se limita a las figuras políticas, sino a la Nación misma.
El problema que se discute es ¿qué se hará con los beneficios que surjan de la vía? Pelearse por el queso antes de comprar la vaca, pero se conoce de la propuesta de crear un fondo con los recursos que surjan de ella, y la identificación de obras estratégicas, más aun se ha admitido como buena la elaboración de un plan estratégico de desarrollo nacional que sea respetado por los gobiernos venideros. ¿Hasta dónde queremos llegar?