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Oportunidades en la Cumbre


La vista de la Bahía, aun contaminada, con su bello malecón, contrastando con los modernos rascacielos, la Calzada de Amador medio distante, y las impresionantes islas de Taboga, Taboguilla, Naos y Perico, serán de gran impacto. Panamá es la única capital del Continente en ser bañada por el Océano Pacífico. Con un poco de suerte, verán el abrupto cambio de sol y lluvia, noche nubosa y estrellada. Panamá tiene su encanto, que gusta mucho al extranjero. Cada mandatario viene con un nutrido séquito y tras ellos una legión de periodistas, cámara en mano. Muy pocas veces encuentra uno un visitante foráneo que no se vea cautivado por nuestros contrastes cercanos.
Cuando vayan al Hotel de Gamboa, a orillas del Gatún, con los cocodrilos y tortugas a la vista y una sin igual extensión de bosques tropicales, de inmensos árboles, rica vegetación y fauna exótica, quedarán cautivados para siempre. Nada parecido encontrarán en estado natural en el mundo, salvo que se internen en el Amazonas, y aun allí, las condiciones para el visitante no son del todo buenas.
Va a ser un evento breve. Hablarán de la niñez y la familia, de las aterradoras cifras de niños abandonados, maltratados, explotados y hambrientos. Pese a ello, es un tema liviano, en el que los asistentes estarán de acuerdo. Más bien semeja una oportunidad para socializar y mantenerse unidos, que un instrumento de mayor relevancia para remediar los males que le sirven de tema central.
Desde hace mucho tiempo sobran los discursos y las conferencias y hacen falta acciones concretas. Se invierte mucho dinero en la niñez desvalida, pero se lo lleva la burocracia en sueldos, aire acondicionado y vehículos de lujo. Muy poco llega a los gamines de Bogotá y a sus similares del D.F. mexicano, Río, Sao Paulo y los nuestros de Panamá.
Nadie lo dice, pero hay que quitarlos a los padres y educarlos por separado para que tengan una pequeña oportunidad de salir de un círculo de miseria, ignorancia, pandillerismo, drogadicción, delitos, cárcel o piltrafa humana. Pero hacerlo es ir contra el sistema y la concepción clásica de la familia. El problema es que se quiere enfrentar el mal con mentiras. En esos casos la familia no existe o es una amenaza para el niño aprisionado en sus vicios. Obviamente, la Cumbre no hablará de eso y el problema seguirá igual por bien entrado el nuevo siglo y más. Pero al menos, repetimos, nos da la oportunidad de vender una imagen positiva y moderna, que nos sirva para atraer turismo e inversiones. Sólo que cuando se marchen los distinguidos visitantes, debemos hacernos el propósito de ser menos cochinos y no arrojar más latas, papel y desperdicios a las calles, aceras y orillas de vías; y en general de ser mejores, que bien podemos, y cambiar el desastre que ahora somos, dando un primer paso para eso: reconocerlo.

101 años de Panamá América

 
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