Oportunidades perdidas
Más que las equivocaciones, lo que los pueblos no le perdonan a sus gobernantes es el haber perdido oportunidades preciosas para cambiar o lograr cosas importantes. Lamentablemente, los políticos panameños parecen nunca perder la oportunidad de perder una oportunidad. En 1990, el país estaba dispuesto a los mayores sacrificios y cambios institucionales. La esperanza de que no sólo se desmontaría la estructura militar sino que se desarraigaría la cultura de la corrupción y se gobernaría por la Patria sin consideraciones de espacio político o intereses sectarios, se fue desmoronando rápidamente.
El país volvió por sus fueros. El relativismo moral que señala como corruptas las prácticas de los otros, pero como "favores solidarios" aquellas que nos benefician, permea toda la sociedad y no sólo a la clase política. Bien dicen por ahí que los pueblos ya no tienen los gobiernos que se merecen, sino los que se les parecen. Esta situación requiere que líderes con visión y coraje den el golpe de timón que enrumbe nuestro futuro en una nueva dirección. Cambiar la cultura del "juega vivo" necesita que se combata la corrupción con el ejemplo. No sólo con el ejemplo personal de no beneficiarse indebidamente de los recursos del Estado, sino con el ejemplo de nombrar en los altos cargos a personas probas, decentes y capaces. Esta oportunidad se da cada cinco años con la toma de posesión del nuevo mandatario. Por alguna razón hasta los que no votaron por el nuevo presidente se ilusionan con la posibilidad de un nuevo comienzo.
Según las encuestas, si bien el desempleo, el crecimiento económico y la seguridad son los temas de mayor preocupación para nuestros conciudadanos, el de la corrupción será el campo donde el nuevo Gobierno se jugará su credibilidad. Si las promesas de cero tolerancia a la corrupción se faenan con empeño será mucho más fácil atender los demás asuntos en la agenda nacional. Hay un momento político y una matriz de opinión dispuesta para que hasta los copartidarios y allegados al Presidente electo comprendan el por qué éste no debe hacer tal o cual nombramiento u otorgar tal o cual beneficio. Si se gobierna con el ejemplo y se pone por encima del amiguismo o el compañerismo, la promesa de cero tolerancia a la corrupción, habremos dado ese importante golpe de timón que nos abrirá el horizonte hacia el Primer Mundo. No perdamos otra oportunidad.
Pero justamente de eso se trata, de que Beijing reacciona, como el toro a la muleta roja (ese rectángulo de franela con el cual el matador se enfrenta al toro en el último tercio de la lidia) incluso, a la menor alusión de Taipei sobre la posibilidad de proclamar la independencia.
Es decir, China continental impone su voluntad a la gente, a la cual había prometido la autonomía y el status especial -sobre la base de la fórmula "un país, dos sistemas ".
Además, esta fórmula inventada por el arquitecto de las reformas chinas, Deng Xiao ping, en la práctica resultó dudosa debido a la conducta de los dirigentes de Beijing en Hong Kong.
La República Popular China declaró, todavía antes del traspaso del poder en ese territorio de la Gran Bretaña a China, que no intervendría en sus asuntos internos.
Sin embargo, el año pasado la situación política en la ex colonia comenzaba a desarrollarse según un guión no programado por Beijing.
Al principio, durante la manifestación de masas, y después, durante las elecciones locales, sus habitantes se han expresado en contra del jefe de la administración de Hong Kong designado por Beijing y por la ampliación de los derechos democráticos.
La experiencia de Hong Kong y sus conocimientos legales, le han servido al presidente Chen para incrementar, después del 20 de mayo, día de su investidura, los esfuerzos de buena fe de Taiwan en mejorar las relaciones con el continente; ya que durante su campaña electoral prometió crear un marco de paz y estabilidad para la interacción a través del Estrecho como medida para regular los contactos entre ambos lados hasta que se encuentre una solución final a la disputa política.
El deseo del presidente Chen Shui-bian y de la mayoría de los taiwaneses es lograr una paz duradera con China continental a través del diálogo y la cooperación.
Para eso, hay que iniciar negociaciones inmediatas sobre asuntos relacionados con los enlaces de transporte directos, el turismo, la lucha contra el crimen organizado a través del Estrecho y la protección a las inversiones.
Al fin y al cabo, los taiwaneses tienen ya la experiencia de conciliar sus divergencias por la vía democrática. Y la democracia, como bromeaba Winston Churchill, es el modo malo de dirigir el Estado. Pero los otros son aún peores...
El país volvió por sus fueros. El relativismo moral que señala como corruptas las prácticas de los otros, pero como "favores solidarios" aquellas que nos benefician, permea toda la sociedad y no sólo a la clase política. Bien dicen por ahí que los pueblos ya no tienen los gobiernos que se merecen, sino los que se les parecen. Esta situación requiere que líderes con visión y coraje den el golpe de timón que enrumbe nuestro futuro en una nueva dirección. Cambiar la cultura del "juega vivo" necesita que se combata la corrupción con el ejemplo. No sólo con el ejemplo personal de no beneficiarse indebidamente de los recursos del Estado, sino con el ejemplo de nombrar en los altos cargos a personas probas, decentes y capaces. Esta oportunidad se da cada cinco años con la toma de posesión del nuevo mandatario. Por alguna razón hasta los que no votaron por el nuevo presidente se ilusionan con la posibilidad de un nuevo comienzo.
Según las encuestas, si bien el desempleo, el crecimiento económico y la seguridad son los temas de mayor preocupación para nuestros conciudadanos, el de la corrupción será el campo donde el nuevo Gobierno se jugará su credibilidad. Si las promesas de cero tolerancia a la corrupción se faenan con empeño será mucho más fácil atender los demás asuntos en la agenda nacional. Hay un momento político y una matriz de opinión dispuesta para que hasta los copartidarios y allegados al Presidente electo comprendan el por qué éste no debe hacer tal o cual nombramiento u otorgar tal o cual beneficio. Si se gobierna con el ejemplo y se pone por encima del amiguismo o el compañerismo, la promesa de cero tolerancia a la corrupción, habremos dado ese importante golpe de timón que nos abrirá el horizonte hacia el Primer Mundo. No perdamos otra oportunidad.
Pero justamente de eso se trata, de que Beijing reacciona, como el toro a la muleta roja (ese rectángulo de franela con el cual el matador se enfrenta al toro en el último tercio de la lidia) incluso, a la menor alusión de Taipei sobre la posibilidad de proclamar la independencia.
Es decir, China continental impone su voluntad a la gente, a la cual había prometido la autonomía y el status especial -sobre la base de la fórmula "un país, dos sistemas ".
Además, esta fórmula inventada por el arquitecto de las reformas chinas, Deng Xiao ping, en la práctica resultó dudosa debido a la conducta de los dirigentes de Beijing en Hong Kong.
La República Popular China declaró, todavía antes del traspaso del poder en ese territorio de la Gran Bretaña a China, que no intervendría en sus asuntos internos.
Sin embargo, el año pasado la situación política en la ex colonia comenzaba a desarrollarse según un guión no programado por Beijing.
Al principio, durante la manifestación de masas, y después, durante las elecciones locales, sus habitantes se han expresado en contra del jefe de la administración de Hong Kong designado por Beijing y por la ampliación de los derechos democráticos.
La experiencia de Hong Kong y sus conocimientos legales, le han servido al presidente Chen para incrementar, después del 20 de mayo, día de su investidura, los esfuerzos de buena fe de Taiwan en mejorar las relaciones con el continente; ya que durante su campaña electoral prometió crear un marco de paz y estabilidad para la interacción a través del Estrecho como medida para regular los contactos entre ambos lados hasta que se encuentre una solución final a la disputa política.
El deseo del presidente Chen Shui-bian y de la mayoría de los taiwaneses es lograr una paz duradera con China continental a través del diálogo y la cooperación.
Para eso, hay que iniciar negociaciones inmediatas sobre asuntos relacionados con los enlaces de transporte directos, el turismo, la lucha contra el crimen organizado a través del Estrecho y la protección a las inversiones.
Al fin y al cabo, los taiwaneses tienen ya la experiencia de conciliar sus divergencias por la vía democrática. Y la democracia, como bromeaba Winston Churchill, es el modo malo de dirigir el Estado. Pero los otros son aún peores...