Oportunidades y riesgos
Panamá, como toda nación, tiene oportunidades y confronta riesgos. Más allá de las oportunidades y riesgos de cada uno, de empresas, organizaciones e instituciones, están los que atañen a la Nación en su conjunto. Nos compete a todos identificarlos y promover acciones para aprovechar las oportunidades, reducir los riesgos y así crear un ambiente más propicio para el desarrollo de cada uno y del conjunto de los panameños.
Ese ejercicio, siempre saludable, es especialmente necesario ahora, porque el momento que vivimos es más difícil de lo normal. Es reconfortante ver que muchos grupos y organizaciones lo ven así y están haciendo su aporte diligentemente para orientarnos y actuar. Pero también hay grupos y sectores, en la vida pública y privada, a quienes sólo parece interesarles su propia situación a muy corto plazo sin conocer ni medir las consecuencias de su miope actuar.
Lo evidente es que tenemos un estancamiento económico de tres años. El desempleo es mayor del 14% de la fuerza laboral, el ingreso per cápital sigue disminuyendo, las oportunidades de la mayoría se contraen y las carencias sociales se acentúan. La percepción generalizada es de que hay una corrupción pública alarmante.
Ante la desorientación general y las necesidades particulares sentidas, diferentes grupos sociales buscan soluciones clientelistas a sus problemas sin tomar en cuenta sus consecuencias para otros.
El estilo de acción pública es de "bomberos apaga fuego", en vez de poner en práctica un conjunto de medidas efectivas y de buscar acuerdos con base a objetivos coherentes y compartidos.
El riesgo mayor es que, por falta de liderazgo, la acumulación de problemas y dificultades nos lleve a la falta de confianza en la capacidad institucional para hacerle frente con determinación y coherencia, adoptando soluciones eficaces que nos pongan en una mejor trayectoria de desarrollo. También se encuentra en que, por falta de liderazgo, no sepamos distinguir entre los requisitos para lograr soluciones nacionales de largo alcance y las satisfacciones de necesidades particulares coyunturales
Las oportunidades nacionales son buenas, pero su realización requiere una visión compartida de conjunto, trabajo sostenido y efectivo, un grado de consenso y continuidad apreciable, una amplia participación ciudadana dentro de reglas institucionales claras y la percepción de que no hay soluciones fáciles con recursos limitados. Sin auto-disciplina y una selección de prioridades, teniendo como criterio el efecto multiplicador de cada decisión y acción, no podremos generar un proceso ascendente acumulativo de soluciones.
En lo económico, social, político, institucional y cultural hay oportunidades que retan nuestra imaginación. Por ejemplo, la decisión sobre la expansión del Canal interoceánico es una de las más trascendentales por su dimensión y alcance a largo plazo. Con o sin expansión del Canal, la consolidación del conglomerado de actividades económicas alrededor de la vía acuática (que incluye puertos, Zona Libre, centro intermodal del transporte, ferrocarril, turismo, comunicaciones y otros) tiene su ventana de oportunidad en esta década. Las exportaciones, necesarias para generar un mayor crecimiento y empleo, pueden también aumentarse con contribuciones significativas del agro, la industria y los productos del mar. Sin aumento de exportaciones no hay crecimiento sostenido.
Por otro lado, el mejoramiento en la calidad y focalización de la educación; la atención de la juventud, incluyendo grupos parvularios; el apoyo a la pequeña empresa; en general, el ataque a la pobreza con programas y políticas bien focalizadas amerita el mayor esfuerzo nacional consensuado y sostenido para elevar la calidad de vida y oportunidades de todos y mejorar el recurso humano para el desarrollo. Ampliar las oportunidades del pueblo panameño para mejorarse a sí mismo es uno de los objetivos más loables y prácticos que podemos adoptar.
222 Sin auto-disciplina y una selección de prioridades, teniendo como criterio el efecto multiplicador de cada decisión y acción, no podremos generar un proceso ascendente acumulativo de soluciones.
En la política, tenemos que fortalecer las instituciones democráticas para que las acciones de gobierno sean más transparentes, resulten más consultadas y posteriormente produzcan resultados medibles. No bastan elecciones libres y la protección de los derechos y libertades ciudadanas. El sistema democrático se fortalece si hay más participación ciudadana, si hay transparencia en las acciones públicas, si nos educa a todos sobre las opciones reales para el desarrollo nacional, si lleva a establecer consensos sobre políticas de Estado que requieren continuidad en el tiempo para producir resultados óptimos. Si nos mueve, más allá de las soluciones clientelistas y populistas de sectores, a soluciones nacionales que benefician a las mayorías.
Como país de tránsito y abierto tenemos el riesgo permanente de contaminarnos de problemas internacionales como el lavado de dinero, el tráfico de drogas, la guerrilla de un país vecino o el terrorismo internacional. Pero tenemos la oportunidad de consolidar un emporio de comercio, transporte y servicios si sabemos fortalecer nuestras instituciones y normas jurídicas, capacitando a nuestra gente, vigilando nuestra productividad y cuidando sigilosamente la seguridad para evitar la contaminación.
Las oportunidades y riesgos hacen patente la necesidad de liderazgo, no sólo a nivel político sino en todos las órdenes de la vida nacional.
Afortunadamente hay grupos en todos los sectores que trabajan para hacer realidad las oportunidades. Junto con ellos necesitamos estimular el liderazgo que existe en mayor o menor grado en gente activa en todas partes, sectores y regiones para aglutinarlos alrededor de una visión nacional que incorpore en forma consistente las aspiraciones de todos dentro de objetivos nacionales coherentes y nos dediquemos a lograrlos.
La contienda política llevará a elegir un nuevo gobierno renovando el liderazgo político. Pero es necesario una comunidad con un grado suficiente de consenso sobre temas nacionales que actúe en la vida privada y que comunique el gobierno actual y al próximo sus preferencias para el desarrollo nacional. Además, que fortalezca su liderazgo en la vida privada cotidiana.
Ese ejercicio, siempre saludable, es especialmente necesario ahora, porque el momento que vivimos es más difícil de lo normal. Es reconfortante ver que muchos grupos y organizaciones lo ven así y están haciendo su aporte diligentemente para orientarnos y actuar. Pero también hay grupos y sectores, en la vida pública y privada, a quienes sólo parece interesarles su propia situación a muy corto plazo sin conocer ni medir las consecuencias de su miope actuar.
Lo evidente es que tenemos un estancamiento económico de tres años. El desempleo es mayor del 14% de la fuerza laboral, el ingreso per cápital sigue disminuyendo, las oportunidades de la mayoría se contraen y las carencias sociales se acentúan. La percepción generalizada es de que hay una corrupción pública alarmante.
Ante la desorientación general y las necesidades particulares sentidas, diferentes grupos sociales buscan soluciones clientelistas a sus problemas sin tomar en cuenta sus consecuencias para otros.
El estilo de acción pública es de "bomberos apaga fuego", en vez de poner en práctica un conjunto de medidas efectivas y de buscar acuerdos con base a objetivos coherentes y compartidos.
El riesgo mayor es que, por falta de liderazgo, la acumulación de problemas y dificultades nos lleve a la falta de confianza en la capacidad institucional para hacerle frente con determinación y coherencia, adoptando soluciones eficaces que nos pongan en una mejor trayectoria de desarrollo. También se encuentra en que, por falta de liderazgo, no sepamos distinguir entre los requisitos para lograr soluciones nacionales de largo alcance y las satisfacciones de necesidades particulares coyunturales
Las oportunidades nacionales son buenas, pero su realización requiere una visión compartida de conjunto, trabajo sostenido y efectivo, un grado de consenso y continuidad apreciable, una amplia participación ciudadana dentro de reglas institucionales claras y la percepción de que no hay soluciones fáciles con recursos limitados. Sin auto-disciplina y una selección de prioridades, teniendo como criterio el efecto multiplicador de cada decisión y acción, no podremos generar un proceso ascendente acumulativo de soluciones.
En lo económico, social, político, institucional y cultural hay oportunidades que retan nuestra imaginación. Por ejemplo, la decisión sobre la expansión del Canal interoceánico es una de las más trascendentales por su dimensión y alcance a largo plazo. Con o sin expansión del Canal, la consolidación del conglomerado de actividades económicas alrededor de la vía acuática (que incluye puertos, Zona Libre, centro intermodal del transporte, ferrocarril, turismo, comunicaciones y otros) tiene su ventana de oportunidad en esta década. Las exportaciones, necesarias para generar un mayor crecimiento y empleo, pueden también aumentarse con contribuciones significativas del agro, la industria y los productos del mar. Sin aumento de exportaciones no hay crecimiento sostenido.
Por otro lado, el mejoramiento en la calidad y focalización de la educación; la atención de la juventud, incluyendo grupos parvularios; el apoyo a la pequeña empresa; en general, el ataque a la pobreza con programas y políticas bien focalizadas amerita el mayor esfuerzo nacional consensuado y sostenido para elevar la calidad de vida y oportunidades de todos y mejorar el recurso humano para el desarrollo. Ampliar las oportunidades del pueblo panameño para mejorarse a sí mismo es uno de los objetivos más loables y prácticos que podemos adoptar.
222 Sin auto-disciplina y una selección de prioridades, teniendo como criterio el efecto multiplicador de cada decisión y acción, no podremos generar un proceso ascendente acumulativo de soluciones.
En la política, tenemos que fortalecer las instituciones democráticas para que las acciones de gobierno sean más transparentes, resulten más consultadas y posteriormente produzcan resultados medibles. No bastan elecciones libres y la protección de los derechos y libertades ciudadanas. El sistema democrático se fortalece si hay más participación ciudadana, si hay transparencia en las acciones públicas, si nos educa a todos sobre las opciones reales para el desarrollo nacional, si lleva a establecer consensos sobre políticas de Estado que requieren continuidad en el tiempo para producir resultados óptimos. Si nos mueve, más allá de las soluciones clientelistas y populistas de sectores, a soluciones nacionales que benefician a las mayorías.
Como país de tránsito y abierto tenemos el riesgo permanente de contaminarnos de problemas internacionales como el lavado de dinero, el tráfico de drogas, la guerrilla de un país vecino o el terrorismo internacional. Pero tenemos la oportunidad de consolidar un emporio de comercio, transporte y servicios si sabemos fortalecer nuestras instituciones y normas jurídicas, capacitando a nuestra gente, vigilando nuestra productividad y cuidando sigilosamente la seguridad para evitar la contaminación.
Las oportunidades y riesgos hacen patente la necesidad de liderazgo, no sólo a nivel político sino en todos las órdenes de la vida nacional.
Afortunadamente hay grupos en todos los sectores que trabajan para hacer realidad las oportunidades. Junto con ellos necesitamos estimular el liderazgo que existe en mayor o menor grado en gente activa en todas partes, sectores y regiones para aglutinarlos alrededor de una visión nacional que incorpore en forma consistente las aspiraciones de todos dentro de objetivos nacionales coherentes y nos dediquemos a lograrlos.
La contienda política llevará a elegir un nuevo gobierno renovando el liderazgo político. Pero es necesario una comunidad con un grado suficiente de consenso sobre temas nacionales que actúe en la vida privada y que comunique el gobierno actual y al próximo sus preferencias para el desarrollo nacional. Además, que fortalezca su liderazgo en la vida privada cotidiana.