Oposición y Gobierno
La actividad política es una herramienta noble de la sociedad, pese a lo cual hoy enfrenta serias reservas entre la ciudadanía, y no sería exagerado considerar que sufre un grave desprestigio. Pese a la experiencia democrática de los últimos veinte años, el comportamiento de los políticos provoca reservas, porque no hay claridad respecto a sus prioridades. Muchos se preguntan qué es más importante para un político: ¿su carrera o el futuro del país? Por estos días, como en años atrás, la oposición parece encarnar un papel triste en el que parece colocar sus propios intereses por encima de los de la Nación. Por ejemplo, mientras que la sociedad mira con simpatía la batalla que ha desatado el gobierno contra la corrupción, y contra aquellos que siendo corruptos se pasean por el país exhibiendo sus trofeos sin la mínima vergüenza, la oposición lanza el mordaz calificativo de “terrorismo judicial”. Son acaso falsas las irregularidades encontradas en ministerios o entidades autónomas. ¿Por qué en lugar de hablar de persecución política o de terrorismo judicial, la oposición no ayuda a combatir estas deficiencias? En determinados momentos tratar un tema que nos atañe a todos ha sido incluido en una agenda de Estado, incorporando esfuerzos en una causa común. Es posible que la oposición considere que no es su caso, bien haría en demostrarlo, porque sería lamentable que la ciudadanía llegue a la conclusión de que en lugar de honestidad en el tratamiento del tema, la oposición se constituye en cómplice del delito cometido.