Orgullo de un buen café
Su olor retumba entre las montañas de Boquete y al combinarse con el bajareque que cae sobre el Valle de la Eterna Primavera, despierta la plácida sensación de que se trata de la mejor calidad del café que se produce en Panamá. Este es el café de altura o café especial que es exportado a los mercados internacionales de mayor demanda, como Japón, Europa y Estados Unidos.
Desde una oficina sigue saliendo el aroma, los turistas se acercan a ver cómo tuestan este grano, y los sorprenden al ofrecerle una tasa del producto. “Es un expreso”, dice Francisco Serracín, miembro de la Asociación de Cafés Especiales de Panamá. “El café no tenía azúcar, estaba tan amargo”, según cuentan los turistas, quienes se imaginaron que la calidad se encontraba en el sabor dulce que le da el azúcar. Esta deducción para los caficultores es errada, ya que la calidad del producto sólo se puede medir cuando está en máximas concentraciones. Es allí donde se halla la textura, la uniformidad, el sabor, el olor, entre otras características muy particulares que distinguen a una tasa de café de alta calidad.
He probado este café expreso y pude sentir una diferencia entre el producto que acostumbramos a comprar en el restaurante y la forma en que estos especialistas preparan una buena tasa de café.
El café quedó impregnado en la boca de los turistas, quienes estuvieron que tomarse un capuchino para quitar de su paladar ese enardecedor sabor de un café de alta calidad. Nunca antes lo habían probado.
Boquete es un distrito localizado en las tierras altas de la provincia de Chiriquí. Es considerado como el cuarto mejor lugar del mundo para vivir, pero aquí el café va de la mano con el ambiente. “El que no toma café en Boquete, mejor que ni venga”, dice un anciano que estaba aquella tarde sentado en las escaleras afuera de la oficina y cubierto su cuerpo con un abrigo negro.
Los 50 mil quintales de café que se cosechan en las regiones de altura, en su gran mayoría, son exportados a los mercados internacionales. A pesar de que los precios no son los mejores por la crisis económica mundial, los productores se enfrentan a la dura batalla de la calidad. Ellos pasan horas y horas catando café. Se están preparando para el máximo evento nacional de la caficultora, que es la décima tercera catación internacional, donde participan jueces de mucho prestigio de las empresas dedicadas a la venta de café de alta calidad en los mercados internacionales.
¿Qué les falta a los productores para ser más agresivos en la comercialización? Es que se trata de personas que toda su vida se dedicaron a cultivar el producto de una forma tradicional y, al encontrarse con el geisha, que es la variedad que ha revolucionado la caficultura panameña, no les quedó más camino que cambiar.
Se enfrentaron a finales e inicio del nuevo milenio con una crisis en los precios internacionales, que generó a la desaparición del 50% de la producción cafetalera, que representaba una producción de unos 200 mil quintales del grano al año.
Mientras yo seguía disfrutando la tasa de café geisha que Francisco me brindó cuando llegué a conversar sobre la importancia que representa el café para las exportaciones de Panamá, los turistas se retiraban de aquel recinto impresionados por la experiencia que habían tenido.
¿En algún momento seremos capaces, como panameños, de reconocer y valorar lo que significa haber nacido en un país como Panamá y disfrutar de esa calidad del café de altura que se produce en Boquete?