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Origen del término "idiota" y la política


La palabra "idiota" es de raíz griega "idiotes", vocablo aplicado en Atenas democrática a los ciudadanos que no participaban en la política. Creo que el ilustre lector puede ya hacer conjeturas acerca del significado del título de este artículo sabiendo esto. Nuestra política criolla se caracteriza por el alto grado de corrupción y nepotismo. Como pueblo sabemos esto, lo reprochamos contundentemente pero, al parecer, somos "idiotas", no intervenimos como debe ser.
Primero debemos definir qué es el pueblo para entender mejor lo arriba propuesto: como seres humanos tenemos un fuerte instinto gregario, secreto del éxito de la humanidad en romper los esquemas evolutivos adaptando el medio ambiente a nuestra conveniencia. Y de la unión nació la política, el arte de gobernar que no es más que manejar un estado o grupo de cualquier naturaleza. Una persona tiene que tomar las riendas de la organización, mientras los demás se encargan de otras tareas igualmente importantes como las son intelectuales, las comerciales, las de entretenimiento; en fin, todo el espectro de la actividad humana. Y al evolucionar la situación de esta manera se ha dividido la sociedad humana en gobernantes y gobernados, estos últimos el pueblo.
Humilde, bondadoso, generoso, idealista, así es el pueblo. El pueblo es un ser de sentimientos nobles, de un corazón bueno como el de un niño, sólo quiere lo mejor para sí y los suyos. El pueblo siente con todo su corazón, pero en esa benignidad también radica su máxima debilidad: piensa con el corazón. Esto, la debilidad de los pueblos, es lo que ha hecho que nuestra gente, nuestra nación, se vea arrasada por los intereses de un grupo pequeño de personas que gastan el dinero público con repugnante despreocupación. Manipulan esos nobles intereses para su propio provecho. El gobierno panameño actual, ejemplo soberbio de utilización del pueblo a través de su esperanza de un cambio, ha creado una situación irrisoria dentro del seno de la Asamblea Legislativa para desviar la opinión pública. Ha logrado que el pueblo no quiera siquiera pensar en política y sólo quiera estar alejado de toda esa "suciedad". Además de estos hay muchos otros casos en los cuales el pueblo muestra su vulnerabilidad, su rechazo.
A lo largo de nuestra historia el pueblo panameño, como masa, ha tenido episodios donde ha utilizado su divino derecho de coger las riendas de su propio destino a través de actos semi-revolucionarios; éstos han sido explosiones de ira contra aquel que lo ha oprimido de manera imperdonable y descarada. Casos que vienen directamente a la mente: la cruzada civilista de los años 80 y la gesta patriótica (al igual que política) del 9 de enero de 1964, esta última, aunque contra una fuerza extranjera, también fue una lucha contra la opresión. Estos actos populares han sido exitosos pero, igualmente, antidemocráticos en su forma y esporádicos, y no han servido como inspiración para que otros panameños sigan en la lucha. Esa es nuestra naturaleza, la naturaleza del pueblo panameño: aunque nos abochorne, nos avergüence, lastime alma de patriota, lo más que hacemos es criticar esa situación; lo vemos desde el punto de vista del observador no del involucrado. Y somos involucrados, muy claramente reza nuestra Constitución: "El poder público sólo emana del pueblo".
Ahora bien, se puede decir que aunque emana de él, la Constitución igualmente dice que el pueblo no está directamente involucrado; es decir, no es él quien lo ejerce, sino los órganos del Estado por medio de sus personeros; pero al que utiliza tal argumento le pregunto: ¿Quién tiene más que decir, el prestamista o el prestatario? ¡Y en este caso el pueblo es claramente el prestamista! Y como tal debemos ejercer nuestro derecho a exigir y no estar conforme sino con la perfección de la gestión pública y una línea de crítica vertical y constante; una de actuación virtual y sana.
Pero, ¿cómo hacerlo si no nos involucramos en la política? Tenemos que ser activos, tenemos que dejar de ser "idiotas". ¿Cómo se comportaría un legislador, sediento de dinero y reelecciones, que recibiera de parte de todo su circuito electoral una carta en la cual dice que puede olvidarse de su reelección si no hace algo productivo? Tal vez sea algo pequeño, pero es un acto político activo ejercido por los ciudadanos.
Con este artículo no quiero decir que todos los ciudadanos panameños sean políticamente pasivos, porque es más que claro que tenemos grandes y destacados ciudadanos, grupos sindicales e ideológicos que hacen todo lo posible para contrarrestar esta gran burla de los "que mandan" hacia nosotros, los verdaderos dueños de este país, el pueblo panameño. Sólo quiero exhortar a la ciudadanía a que utilicemos nuestros recursos políticos, aunque sean pocos, para sumarlos todos contra la injusticia que vive nuestro querido país a manos de unos cuantos. ¡Unamos nuestras mentes y nuestros corazones para lograr un mejor Panamá! ¡Debemos involucrarnos en lo que es nuestro! Es imperativo, noble y necesariamente útil a la convivencia humana.
En materia de servicio eléctrico un 25% de la población urbana no tiene acceso al mismo, por lo que sigue constituyendo un lujo inalcanzable para más del 60% de los pobres que habita en áreas rurales, y para más del 90% de la población indígena.
222El 16% de los menores de cinco años está afectado por alguna forma de desnutrición.
En cuanto a la eliminación de excretas, un 20% de los pobres no tiene ningún tipo de servicio sanitario en su vivienda, agravándose esta situación en las viviendas de las áreas indígenas, ya que el 56% de éstas carece de este servicio.
Puede mencionarse una tendencia hacia la centralización y fragmentación del sistema de salud con tres actores -Ministerio de Salud, Caja de Seguro Social y Sector Privado- que promueve la duplicación y subutilización de los servicios.
En el ámbito nacional apenas el 21% de la población tiene acceso a la educación universitaria, situación que se agrava en las áreas rurales, donde la cobertura sólo alcanza al 8% de la población y al 1% de la población indígena.
La falta de una red vial adecuada deteriora las relaciones familiares, debido al tiempo que las personas demoran en llegar a sus residencias; contribuye al estrés y al agotamiento físico que se acumula en las personas. Además, tiene un efecto económico por los costos crecientes de traslado, afectando la calidad de vida.

A pesar de este panorama que marca algunos aspectos negativos de la realidad social del país, la secretaria del Gabinete Social, Zuleika de Herbert y la doctora Astevia Vega, del Equipo Técnico, apuntaron que los indicadores reflejan mejoría en aspectos como disminución del analfabetismo y deserción escolar.
De acuerdo con Vega, la tasa de analfabetismo en la población indígena mejoró sustancialmente en comparación con el censo del 90 cuando era de 44.27% y en el del 2000 se estima en 34%.
Precisó que hay grandes logros porque Panamá es uno de los países con mayores esperanzas de vida de América Latina, ya que en el año 90 la esperanza estaba en 72.20 y para el año 2000, estaba en 74.50.
Agregó que la tasa de mortalidad infantil ha disminuido notablemente en comparación con el 90, cuando por cada mil nacidos, morían 18.9, y en el 2000, por cada mil nacidos mueren 16.7.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.

El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.

101 años de Panamá América

 
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