Otra buena idea, la revisión de la reforma tributaria
Excelente propuesta es la formulada por el presidente encargado del Partido Solidaridad, José Raúl Mulino, para que se aproveche el ambiente de diálogo y búsqueda de consenso creado en torno a la discusión de la Ley 17 sobre el Seguro Social, para hacer igual con la reforma tributaria, que fue también producto del madrugonazo y la imposición inconsulta e insensata.
Este es el momento ideal para hacerlo, convocando para ello -el Gobierno Nacional- a los principales protagonistas que han formulado serios reparos a dicha ley, los cuales son susceptibles de corrección. Para eso, hay disposición de ánimo constructivo de sobra; y sólo hace falta que del lado gubernamental se superen las naturales aprensiones. Nada se perdería en el esfuerzo y, en cambio, el país ganaría en el esfuerzo con una ley mejor.
Una muestra de la conveniencia de iniciar un diálogo o sesión de trabajo al respecto lo constituyen las dificultades surgidas con el reglamento de la ley de reforma tributaria No. 6 de 2 de febrero de 2005, que siendo redactada bajo la misma fórmula inconsulta, ha terminado en un voluminoso y enredado mamotreto, que empeora y nada aporta al texto legal y que, en cambio, abre nuevas y preocupantes lagunas e interrogantes. Aquello es un desastre.
Puede que no estemos - y no lo estamos - de acuerdo con la Ley 6 de Equidad Fiscal; pero no por ello podemos permitir que se nuble la objetividad y se busque un mínimo consenso de ajustes hasta encontrar una fórmula que, dentro de lo malo y negativo, arroje reglas claras, sencillas y realmente equitativas para esa ley que tanto golpea a la clase media y al sector "off shore" e inquieta a los inversionistas.
Este es el momento ideal para hacerlo, convocando para ello -el Gobierno Nacional- a los principales protagonistas que han formulado serios reparos a dicha ley, los cuales son susceptibles de corrección. Para eso, hay disposición de ánimo constructivo de sobra; y sólo hace falta que del lado gubernamental se superen las naturales aprensiones. Nada se perdería en el esfuerzo y, en cambio, el país ganaría en el esfuerzo con una ley mejor.
Una muestra de la conveniencia de iniciar un diálogo o sesión de trabajo al respecto lo constituyen las dificultades surgidas con el reglamento de la ley de reforma tributaria No. 6 de 2 de febrero de 2005, que siendo redactada bajo la misma fórmula inconsulta, ha terminado en un voluminoso y enredado mamotreto, que empeora y nada aporta al texto legal y que, en cambio, abre nuevas y preocupantes lagunas e interrogantes. Aquello es un desastre.
Puede que no estemos - y no lo estamos - de acuerdo con la Ley 6 de Equidad Fiscal; pero no por ello podemos permitir que se nuble la objetividad y se busque un mínimo consenso de ajustes hasta encontrar una fórmula que, dentro de lo malo y negativo, arroje reglas claras, sencillas y realmente equitativas para esa ley que tanto golpea a la clase media y al sector "off shore" e inquieta a los inversionistas.