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Otra integración es urgente, posible y necesaria


PANAMÁ NO puede pensarse y construirse como un ente aislado, pues ese es un camino inviable. La integración latinoamericana es un viejo sueño que hoy nos desafía a hacerla realidad. La integración es un espacio en el que están presentes diversos proyectos.
El actual proyecto hegemónico propone integrar ante todo los mercados, y se desarrolla en función de las grandes corporaciones y del capital financiero, desconoce lo social, viola los derechos humanos y busca implantarse excluyendo a la gente.
Para presentar otra propuesta de una integración posible, urgente y necesaria, diversas redes y articulaciones de sociedad civil suscribieron en el Foro Social Mundial recién celebrado en Caracas, una declaración que en una de sus partes delinea una propuesta:
Nos proponemos actuar conjuntamente en la construcción de una cultura y una ética democráticas, en las que la ciudadanía se asuma propositiva y ejerza control social como responsabilidades en la acción pública, a la vez que desempeñe un rol central en el sistema político que incluye partidos y gobiernos.
Luchar, desde nuestras organizaciones, por una profunda reforma política, tanto de los partidos como de las instituciones públicas. Ello parte de reconocer el carácter jerárquico, vertical, centralista, patriarcal, y autoritario de nuestra cultura política y superar estas taras mediante la descentralización y la socialización del poder, la implementación de mecanismos participativos de decisión como los referendos y plebiscitos, la realización de las consultas a los pueblos indígenas de acuerdo al Convenio 169 de la OIT, además de crear nuevas formas de decisión colectiva.
Luchar por el derecho a la información y el acceso a la información pública como herramienta para la educación política y por la democratización y el control social a los medios de comunicación, como condición esencial para la vida democrática y el ejercicio de la ciudadanía.
Una integración de sociedades que superen la exclusión que segrega y discrimina, que busquen el desarrollo integral en tanto derecho humano, como despliegue de todas las potencialidades de las personas, las comunidades y los pueblos, las regiones sin excepción y de nuestras naciones en su conjunto, sociedades que aseguren a todos sus miembros el cabal disfrute de sus derechos individuales y colectivos.
Nos proponemos construir sociedades y estados laicos respetuosos de la diversidad y garantías del pluralismo, en los que ninguna idea se imponga como un apriori y en los que sea posible desarrollar todas las dimensiones del ser humano en un ambiente de tolerancia.
Que nuestras economías crezcan en función de realizar los derechos de la gente, de garantizar la soberanía de nuestras naciones y de posibilitar la existencia de sociedades y Estados de verdad democráticos. Ello supone privilegiar la producción sustentable y el trabajo, promover el desarrollo científico y tecnológico, generar equilibrios entre los sectores de la economía y las regiones en cada país y entre las diferentes culturas que los pueblan a través de la redistribución de la riqueza y las oportunidades. Un desarrollo que signifique equilibrio entre los países de la región -sobre la base del reconocimiento de las diferencias, las asimetrías y las especificidades, desde la solidaridad y la complementariedad. Tal modelo de desarrollo debe fortalecer el mercado interno, constituir formas de economía solidaria, promover mercados alternativos y utilizar de manera racional los bienes comunes para asegurar el bienestar de las mayorías.
Que los Estados latinoamericanos accedan por fin a la condición de instrumento de los intereses generales y por lo tanto subordinen la economía a la política democrática y propicien un nuevo modelo de desarrollo, entendido como el disfrute de todos los derechos civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales, en el marco de la equidad, de la justicia y la sustentabilidad.
Reafirmar la identidad latinoamericana como constelación de múltiples y diversas identidades llamadas a potenciarse en la confluencia con los distintos torrentes del mundo contemporáneo, pero sabedoras de su propia significación.
Este reencuentro de América Latina consigo misma es precondición de una integración auténtica e implicará un renacimiento que despierte las energías de la región, inspire la democratización de nuestros Estados y aliente la búsqueda de sociedades más justas y equitativas.
Fortalecer los movimientos sociales y las redes que se movilizan en procura de los derechos y en ejercicio de la ciudadanía. Esto implica articularse, construir agendas comunes y actuar de manera conjunta en los escenarios nacional e internacional como factor de democratización a todos los niveles. Implica también construir instrumentos y mecanismos que los fortalezcan en sus organizaciones y capacidad propositiva.
Nos proponemos un trabajo de educación ciudadana entendida como educación política, que permita la auto-valoración, la inclusión y el fortalecimiento de la organización de hombres y mujeres, la superación de la historia de dominación en la que a la mayoría de los latinoamericanos le fue asignada la condición de ciudadanos de segunda categoría.
Entre las entidades que la avalan están: Asociación Latinoamericana de Organizaciones de Promoción (ALOP), Centroamérica por el diálogo, Comité Latinoamericano para la Defensa de los derechos de la mujer; Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL); Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES); Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH); Grupo Sur; Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT); Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, democracia y desarrollo (PIDHDD).
Si le interesa conocer más, difundir y firmar esta declaración búsquela en www.ceaal.org.
raulleisr@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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