Otra opción para el Canal y su futuro
El Canal de Panamá tiene 86 años de estar brindando satisfactoriamente sus servicios al comercio marítimo mundial. Durante este tiempo se han introducido mejoras substanciales para optimizar su diaria operación. Ha sido tan determinante su influencia en la industria naviera que la misma adoptó un estándar de tamaño - el buque Panamax - y que se ha empleado por buen tiempo como vehículo apropiado para aprovechar al máximo las ventajas que la vía ofrece.
Hoy, sin embargo, pareciese necesario para algunos reestructurar el concepto original y acondicionar, por medio de ampliaciones muy costosas y cuencas gigantescas que comprometen parte significativa de nuestro territorio, este gran recurso nacional a fin de que atienda, en teoría, un segmento del mercado para el cual no fue diseñado y -lo más preocupante de todo- que adoptó mayores tamaños y calados sin importarles las limitaciones que sobre ambos puntos imponen las actuales estructuras y cauces de navegación en dicha ruta.
Muchos factores inciden dentro de esta compleja operación destacándose de manera particular la disponibilidad de agua durante la estación seca y su creciente utilización en las áreas metropolitanas de las ciudades de Panamá y Colón, el número de tránsitos continuos que tolera con seguridad el Corte Culebra, la máxima profundidad que permite esa relación inamovible entre los lagos Gatún y Miraflores, además del nivel de fondo en la esclusa de Pedro Miguel, los peajes existentes, el tamaño de los buques, los puertos en ambas costas y las variantes dentro de las rutas comerciales que se producen por fenómenos geopolíticos muy difíciles de controlar.
Según la Autoridad del Canal de Panamá la fórmula indicada para resolver los asuntos mencionados con anterioridad consiste en iniciar, con la mayor brevedad posible, la construcción de un nuevo juego de esclusas y tres embalses de agua adicionales para suplir así en el futuro las necesidades operativas de la vía y el consumo humano en las ciudades adyacentes.
Si bien es cierto que la decisión adoptada por los directivos de tan importante organismo obedece a una honesta preocupación respecto al Canal y su futuro discrepo, básicamente, con el enfoque centralizado del esquema propuesto y la cronología constructiva del asunto que nos ocupa.
Han transcurrido solo nueve meses desde que se traspasara la vía a jurisdicción panameña y todo parece indicar que pronto emprenderemos una odisea financiera cercana a los 10 billones de dólares. El país y el Canal aún no se han ajustado a los deberes que esta nueva relación demanda mutuamente, como tampoco han percibido el beneficio agregado que ambos pudieran obtener si se complementaran de manera armónica dentro de un gran esquema nacional de desarrollo.
Por estas razones presento esta serie de reflexiones en torno a una perspectiva diferente de la vía interoceánica dentro de un marco de referencia y compensación con el país entero, y orientada exclusivamente a fomentar una discusión franca, abierta y provechosa sobre un tema tan importante para la Nación panameña.
Por lo tanto estos planteamientos, lejos de intentar convertirse en una posición antagónica frente a los esquemas propuestos por la Autoridad del Canal de Panamá, estarán enfocados como refuerzo de aquellos puntos que considero conveniente su implantación a corto plazo.
De igual forma refutaré, con alternativas coherentes y apoyadas en muchas realidades latentes hoy dentro del entorno nacional, a esos otros cuyo impacto pudiera incidir de manera negativa en nuestro andar cotidiano y -lo que es peor aún- que sean equivocadamente considerados como las justas razones donde apoyar tan trascendental decisión para con el futuro de la República de Panamá
Hoy, sin embargo, pareciese necesario para algunos reestructurar el concepto original y acondicionar, por medio de ampliaciones muy costosas y cuencas gigantescas que comprometen parte significativa de nuestro territorio, este gran recurso nacional a fin de que atienda, en teoría, un segmento del mercado para el cual no fue diseñado y -lo más preocupante de todo- que adoptó mayores tamaños y calados sin importarles las limitaciones que sobre ambos puntos imponen las actuales estructuras y cauces de navegación en dicha ruta.
Muchos factores inciden dentro de esta compleja operación destacándose de manera particular la disponibilidad de agua durante la estación seca y su creciente utilización en las áreas metropolitanas de las ciudades de Panamá y Colón, el número de tránsitos continuos que tolera con seguridad el Corte Culebra, la máxima profundidad que permite esa relación inamovible entre los lagos Gatún y Miraflores, además del nivel de fondo en la esclusa de Pedro Miguel, los peajes existentes, el tamaño de los buques, los puertos en ambas costas y las variantes dentro de las rutas comerciales que se producen por fenómenos geopolíticos muy difíciles de controlar.
Según la Autoridad del Canal de Panamá la fórmula indicada para resolver los asuntos mencionados con anterioridad consiste en iniciar, con la mayor brevedad posible, la construcción de un nuevo juego de esclusas y tres embalses de agua adicionales para suplir así en el futuro las necesidades operativas de la vía y el consumo humano en las ciudades adyacentes.
Si bien es cierto que la decisión adoptada por los directivos de tan importante organismo obedece a una honesta preocupación respecto al Canal y su futuro discrepo, básicamente, con el enfoque centralizado del esquema propuesto y la cronología constructiva del asunto que nos ocupa.
Han transcurrido solo nueve meses desde que se traspasara la vía a jurisdicción panameña y todo parece indicar que pronto emprenderemos una odisea financiera cercana a los 10 billones de dólares. El país y el Canal aún no se han ajustado a los deberes que esta nueva relación demanda mutuamente, como tampoco han percibido el beneficio agregado que ambos pudieran obtener si se complementaran de manera armónica dentro de un gran esquema nacional de desarrollo.
Por estas razones presento esta serie de reflexiones en torno a una perspectiva diferente de la vía interoceánica dentro de un marco de referencia y compensación con el país entero, y orientada exclusivamente a fomentar una discusión franca, abierta y provechosa sobre un tema tan importante para la Nación panameña.
Por lo tanto estos planteamientos, lejos de intentar convertirse en una posición antagónica frente a los esquemas propuestos por la Autoridad del Canal de Panamá, estarán enfocados como refuerzo de aquellos puntos que considero conveniente su implantación a corto plazo.
De igual forma refutaré, con alternativas coherentes y apoyadas en muchas realidades latentes hoy dentro del entorno nacional, a esos otros cuyo impacto pudiera incidir de manera negativa en nuestro andar cotidiano y -lo que es peor aún- que sean equivocadamente considerados como las justas razones donde apoyar tan trascendental decisión para con el futuro de la República de Panamá