Otra opinión sobre el Seguro Social
En todos los medios de comunicación se ha hablado o escrito sobre la CSS como lo fue del FFD. El 14 de agosto pasado, se publicaron ocho artículos, entre ellos, el Editorial de El Panamá América. Se ha mencionado "el mal de ojo" en el SS, la politiquería, mejor paso para llegar a ser Presidente de la República y cómo enriquecer el techo actual de las jubilaciones de B/. 1,500.00. Esta será la tercera vez que yo selecciono la CSS como tema. Antes mandé un mensaje a Jované, con buenos resultados, y después escribí sobre el maravilloso programa para los de la Tercera Edad, domiciliaria, en la clínica de Betania.
Por entrevista hecha al Ing. Lombana (Pr.12.08.00) deduzco que dicho señor no tiene una visión diferente de la Seguridad Social, de la que profesa el actual director del SS, pero indica que falla en cuanto a una buena administración y la falta de experiencia en ese tipo de trabajo. En Panamá, la CSS es la institución más grande que hay y la experiencia, como en cualquier otra rama, se adquiere precisamente trabajando. Diez meses es apenas un puntito en todo ese embrollo que viene, como un maremoto, desde muchos años atrás.
El profesor Jované es persona honrada; en la UP tiene magnífico récord y como economista es uno de los mejores. Esta línea, precisamente, es la que lo ha inclinado a ocuparse primordialmente por la parte económica del programa de IVM, asunto que ha logrado en 18 millones de dólares. El método lo califico como parcialmente bueno, porque esa compra de 235 millones de bonos del gobierno, según mi criterio, afecta la liquidez de la empresa. En cuanto a las letras del tesoro, a corto plazo, y los depósitos a PF en la Caja de Ahorros, creo que fueron buenas diligencias. Aunque con los bonos se recuperaron 35 millones de cuenta por cobrar, vemos que de nuevo el gobierno actual debe 7.5 millones de dólares. Esta actitud pareciera la de los jubilados con las financieras. Un rejuego peligroso y asfixiante.
La gestión del Prof. Jované ha tenido logros y deficiencias. Entre los primeros, tenemos el aumento de ingresos en concepto de cuotas obreros-patronales. Por primera vez se publicaron los morosos y se obtuvo la aprobación de una ley para castigar a los patronos que descuentan cuotas obrero patronal y no las reportan. La creación de la Oficina de Defensoría del Asegurado ha sido un paso gigante. En pocos meses dio respuesta a más de dos mil asegurados. En gira de trabajo se han inaugurado ULAPS en la Policía Nacional en Veraguas y se han remodelado varios pisos en distintas policlínicas. Esta actividad llegó a Colón, Sabanitas y Portobelo. Se ha comprado equipo y se ha reactivado el servicio de cirugías ambulatorias. A groso modo, calculo que estas inversiones ascienden a unos 3 millones de dólares, tal vez más.
Aunque la atención médica ha mejorado un tantito y las citas con especialistas son menos demoradas, el servicio en la Especializada deja mucho que desear. La administración deseada se observa en la Policlínica J. J. Vallarino en Juan Díaz. Creada para 50 mil pacientes, atiende actualmente 250 mil con 26 médicos de medicina general y 38 especialistas. El problema de atención es grave y se ha venido acumulando durante 15 años. Los moradores de esa comunidad forman fila desde las tres de la mañana, toman tiquetes y después forman fila para el cupo. Muchos se quedan sin atención. Otros van a Betania o a Calle 17. Con esta situación, mi mente da vueltas. No hay manera de razonar de otra forma. Si la necesidad es urgente, el plan para aliviar este mal también debió serlo, para evitar el colapso.
Para lo de Juan Díaz, se están planificando cinco instalaciones de atención periféricas. Mientras esto se logre, ¿por qué no usar las clínicas privadas que están por la desaceleración con apenas un 40% en uso? San Miguelito, con una población de más de 350 mil, tiene una policlínica sin sala de cirugía ambulatoria. Estas se hacen en Betania. Dios de todos, ¿qué esperamos? Se ha calculado que los servicios de salud pueden reducirse substancialmente mediante sus contratos en hospitales y laboratorios privados.
Yo sé que el Prof. Jované es muy buena gente para despedir empleados, pero un renglón muy alto lo constituye la planilla de la CSS. Hay oficinas (Mosqueteros y Bolívar) donde hay tanta, pero tanta gente, que se atropellan unas con otras. Hay personas que se pegan al teléfono y cobran sólo por poner un sello. Sinceramente creo que es urgente una revisión concienzuda. La certificación de vida, por ejemplo, la ejecuta una trabajadora social y la firma, pero ésta no vale si el dichoso sello del Mosquetero no lo señala. Una dualidad de funciones inoperantes. Somos 778.921 asegurados cotizando y 1,215.099 dependientes. Una proporción extravagante, sin equilibrio alguno. ¿Por qué no tener dependiente de acuerdo armónico con lo que el asegurado cotiza?
Hay serias deficiencias en el manejo de inventario. Se han encontrado medicinas vencidas con un valor de $2 millones. Mientras, en casi todas las policlínicas las recetas regresan con la anotación de presentarlas dentro de 30 días laborables. Los fondos de la CSS (US$ 2000 millones), más que el FFD, está capitalizando al BNP. Ellos ganan más de 30 millones de dólares al año y al SS le pagan una bicoca. Creo que no llega ni al 5%. Es urgente el ajuste apropiado.
Como economista, ya lo dije antes, el Prof. Jované es excelente, pero necesita un buen administrador de empresa a su lado, con agallas suficientes para emprender la revolución de costos y gastos, de ingresos y servicios. Esto haría un par de mancuernas tan fuertes para disipar el temor actuarial de la CSS dentro de 10 años.
Por entrevista hecha al Ing. Lombana (Pr.12.08.00) deduzco que dicho señor no tiene una visión diferente de la Seguridad Social, de la que profesa el actual director del SS, pero indica que falla en cuanto a una buena administración y la falta de experiencia en ese tipo de trabajo. En Panamá, la CSS es la institución más grande que hay y la experiencia, como en cualquier otra rama, se adquiere precisamente trabajando. Diez meses es apenas un puntito en todo ese embrollo que viene, como un maremoto, desde muchos años atrás.
El profesor Jované es persona honrada; en la UP tiene magnífico récord y como economista es uno de los mejores. Esta línea, precisamente, es la que lo ha inclinado a ocuparse primordialmente por la parte económica del programa de IVM, asunto que ha logrado en 18 millones de dólares. El método lo califico como parcialmente bueno, porque esa compra de 235 millones de bonos del gobierno, según mi criterio, afecta la liquidez de la empresa. En cuanto a las letras del tesoro, a corto plazo, y los depósitos a PF en la Caja de Ahorros, creo que fueron buenas diligencias. Aunque con los bonos se recuperaron 35 millones de cuenta por cobrar, vemos que de nuevo el gobierno actual debe 7.5 millones de dólares. Esta actitud pareciera la de los jubilados con las financieras. Un rejuego peligroso y asfixiante.
La gestión del Prof. Jované ha tenido logros y deficiencias. Entre los primeros, tenemos el aumento de ingresos en concepto de cuotas obreros-patronales. Por primera vez se publicaron los morosos y se obtuvo la aprobación de una ley para castigar a los patronos que descuentan cuotas obrero patronal y no las reportan. La creación de la Oficina de Defensoría del Asegurado ha sido un paso gigante. En pocos meses dio respuesta a más de dos mil asegurados. En gira de trabajo se han inaugurado ULAPS en la Policía Nacional en Veraguas y se han remodelado varios pisos en distintas policlínicas. Esta actividad llegó a Colón, Sabanitas y Portobelo. Se ha comprado equipo y se ha reactivado el servicio de cirugías ambulatorias. A groso modo, calculo que estas inversiones ascienden a unos 3 millones de dólares, tal vez más.
Aunque la atención médica ha mejorado un tantito y las citas con especialistas son menos demoradas, el servicio en la Especializada deja mucho que desear. La administración deseada se observa en la Policlínica J. J. Vallarino en Juan Díaz. Creada para 50 mil pacientes, atiende actualmente 250 mil con 26 médicos de medicina general y 38 especialistas. El problema de atención es grave y se ha venido acumulando durante 15 años. Los moradores de esa comunidad forman fila desde las tres de la mañana, toman tiquetes y después forman fila para el cupo. Muchos se quedan sin atención. Otros van a Betania o a Calle 17. Con esta situación, mi mente da vueltas. No hay manera de razonar de otra forma. Si la necesidad es urgente, el plan para aliviar este mal también debió serlo, para evitar el colapso.
Para lo de Juan Díaz, se están planificando cinco instalaciones de atención periféricas. Mientras esto se logre, ¿por qué no usar las clínicas privadas que están por la desaceleración con apenas un 40% en uso? San Miguelito, con una población de más de 350 mil, tiene una policlínica sin sala de cirugía ambulatoria. Estas se hacen en Betania. Dios de todos, ¿qué esperamos? Se ha calculado que los servicios de salud pueden reducirse substancialmente mediante sus contratos en hospitales y laboratorios privados.
Yo sé que el Prof. Jované es muy buena gente para despedir empleados, pero un renglón muy alto lo constituye la planilla de la CSS. Hay oficinas (Mosqueteros y Bolívar) donde hay tanta, pero tanta gente, que se atropellan unas con otras. Hay personas que se pegan al teléfono y cobran sólo por poner un sello. Sinceramente creo que es urgente una revisión concienzuda. La certificación de vida, por ejemplo, la ejecuta una trabajadora social y la firma, pero ésta no vale si el dichoso sello del Mosquetero no lo señala. Una dualidad de funciones inoperantes. Somos 778.921 asegurados cotizando y 1,215.099 dependientes. Una proporción extravagante, sin equilibrio alguno. ¿Por qué no tener dependiente de acuerdo armónico con lo que el asegurado cotiza?
Hay serias deficiencias en el manejo de inventario. Se han encontrado medicinas vencidas con un valor de $2 millones. Mientras, en casi todas las policlínicas las recetas regresan con la anotación de presentarlas dentro de 30 días laborables. Los fondos de la CSS (US$ 2000 millones), más que el FFD, está capitalizando al BNP. Ellos ganan más de 30 millones de dólares al año y al SS le pagan una bicoca. Creo que no llega ni al 5%. Es urgente el ajuste apropiado.
Como economista, ya lo dije antes, el Prof. Jované es excelente, pero necesita un buen administrador de empresa a su lado, con agallas suficientes para emprender la revolución de costos y gastos, de ingresos y servicios. Esto haría un par de mancuernas tan fuertes para disipar el temor actuarial de la CSS dentro de 10 años.