¿Otra oportunidad para el Artes y Oficios?
El viceministro de Educación, Adolfo Linares, anunció recientemente que el Colegio Artes y Oficios Melchor Lasso de la Vega reanudará sus tareas a partir del próximo 1 de septiembre, con la advertencia que si los estudiantes nuevamente hacen manifestaciones que interrumpan el tráfico vehicular o promuevan la violencia, el Gobierno procederá a su cierre definitivo. Más que cerrarlo definitivamente, el Ministerio de Educación debe mudar el plantel y redoblar esfuerzos para emprender una docencia que renueve las actitudes de los estudiantes que tanto daño le causan al plantel y al país.
La institución debe ser preservada como tal, por el aporte que puede continuar haciendo al desarrollo nacional. En la actualidad, el plantel dicta unas 17 especialidades y está dotado de personal y equipos necesarios para una docencia técnica, gracias en parte a que en 1999 el Gobierno español donó más de 18 millones de balboas para dotar los talleres de diversos colegios con modernos equipos para la enseñanza de las carreras técnicas, entre los que se benefició el Artes y Oficios. En fin, cuenta con toda una infraestructura que puede perfectamente continuar aportando los técnicos y especialistas que requiere el país.
Pero también debe preservarse el Artes y Oficios como institución educativa, ya que es una insignia nacional, digna de resaltarse en este nuestro Centenario. Fue creado en 1907 mediante decreto que lleva la firma del Primer Designado don José de Obaldía y del Secretario de Instrucción Pública, don Melchor Lasso de la Vega y abrió sus puertas el 7 de noviembre de ese año en las instalaciones del Colegio de Comercio e Idiomas, ubicado en Calle 12, El Chorrillo, y actualmente está en la vía Bolívar, frente a la Universidad de Panamá.
Pero durante los últimos años, cada vez que ocurren manifestaciones violentas, algunas iniciadas por los estudiantes universitarios y otras por los propios artesanos, las autoridades cierran el plantel, expulsan a unos cuantos estudiantes, amenazan con acciones más enérgicas y lo reabren en espera del próximo incidente de violencia. Así ocurrió en julio de 1996, cuando el entonces ministro de Educación, Pablo Thalassinos, cerró el plantel luego de que estudiantes protagonizaron violentos disturbios, incluso con armas de fuego, y agredieron a transeúntes y vehículos privados. Igual ocurrió en septiembre de 2001, cuando la actual ministra Doris Rosas de Mata, luego de manifestaciones que también ocasionaron el cierre de la Transístmica, heridos y daños a la propiedad ajena, prometió medidas drásticas y rotundas. Ya para ese entonces, la ministra indicó que no descartaban la posibilidad de reubicar el plantel si continuaban los problemas. En junio del año pasado, cuando otra vez estudiantes del Artes y Oficios se apoderaron de la vía Transístmica y ocasionaron un enorme tranque, la propia presidenta de la República, Mireya Moscoso, amenazó con cerrar definitivamente la institución. Luego en octubre de ese año, tuvo lugar a lo interno del plantel, sin que se derramara a las calles, una reyerta estudiantil que produjo varios heridos.
Ese ciclo de acción y reacción no es constructivo. Cuando el Artes y Oficios otra vez reabra sus puertas en las actuales instalaciones, los estudiantes regresarán a clases hasta que otra vez un grupito de ellos se sienta inspirado en abusar de sus derechos en perjuicio de los demás. Desde las actuales instalaciones, les es fácil hacerlo. Quizá reubicándolos a un sitio en el cual esas inspiraciones no se puedan convertir en actos destructivos, los estudiantes utilicen sus energías para los estudios, que es su principal responsabilidad en esta etapa de sus vidas.
La institución debe ser preservada como tal, por el aporte que puede continuar haciendo al desarrollo nacional. En la actualidad, el plantel dicta unas 17 especialidades y está dotado de personal y equipos necesarios para una docencia técnica, gracias en parte a que en 1999 el Gobierno español donó más de 18 millones de balboas para dotar los talleres de diversos colegios con modernos equipos para la enseñanza de las carreras técnicas, entre los que se benefició el Artes y Oficios. En fin, cuenta con toda una infraestructura que puede perfectamente continuar aportando los técnicos y especialistas que requiere el país.
Pero también debe preservarse el Artes y Oficios como institución educativa, ya que es una insignia nacional, digna de resaltarse en este nuestro Centenario. Fue creado en 1907 mediante decreto que lleva la firma del Primer Designado don José de Obaldía y del Secretario de Instrucción Pública, don Melchor Lasso de la Vega y abrió sus puertas el 7 de noviembre de ese año en las instalaciones del Colegio de Comercio e Idiomas, ubicado en Calle 12, El Chorrillo, y actualmente está en la vía Bolívar, frente a la Universidad de Panamá.
Pero durante los últimos años, cada vez que ocurren manifestaciones violentas, algunas iniciadas por los estudiantes universitarios y otras por los propios artesanos, las autoridades cierran el plantel, expulsan a unos cuantos estudiantes, amenazan con acciones más enérgicas y lo reabren en espera del próximo incidente de violencia. Así ocurrió en julio de 1996, cuando el entonces ministro de Educación, Pablo Thalassinos, cerró el plantel luego de que estudiantes protagonizaron violentos disturbios, incluso con armas de fuego, y agredieron a transeúntes y vehículos privados. Igual ocurrió en septiembre de 2001, cuando la actual ministra Doris Rosas de Mata, luego de manifestaciones que también ocasionaron el cierre de la Transístmica, heridos y daños a la propiedad ajena, prometió medidas drásticas y rotundas. Ya para ese entonces, la ministra indicó que no descartaban la posibilidad de reubicar el plantel si continuaban los problemas. En junio del año pasado, cuando otra vez estudiantes del Artes y Oficios se apoderaron de la vía Transístmica y ocasionaron un enorme tranque, la propia presidenta de la República, Mireya Moscoso, amenazó con cerrar definitivamente la institución. Luego en octubre de ese año, tuvo lugar a lo interno del plantel, sin que se derramara a las calles, una reyerta estudiantil que produjo varios heridos.
Ese ciclo de acción y reacción no es constructivo. Cuando el Artes y Oficios otra vez reabra sus puertas en las actuales instalaciones, los estudiantes regresarán a clases hasta que otra vez un grupito de ellos se sienta inspirado en abusar de sus derechos en perjuicio de los demás. Desde las actuales instalaciones, les es fácil hacerlo. Quizá reubicándolos a un sitio en el cual esas inspiraciones no se puedan convertir en actos destructivos, los estudiantes utilicen sus energías para los estudios, que es su principal responsabilidad en esta etapa de sus vidas.