¡Otra, otra!
Que se repita, pareciera escucharse de los vecinos de la Avenida Balboa cuando deslumbra el alba. Me cuentan que el mismo eco de voces se advierte por los lados de Calle 50, Avenida Ricardo J. Alfaro, vías España y Argentina; en fin, hasta los peces del Corredor Sur hasta los pobres animalitos que intentan cruzar el Corredor Norte, piden que se repita, ante el desenfreno e incontrolable situación y la fe perdida. Y es que por los últimos dos años las regatas de automóviles que se llevan a cabo casi a diario, pero con especial énfasis los miércoles, jueves y viernes, han dejado de lado los Gran Prix de Europa y de América, convirtiéndose estos autódromos; perdón digo, avenidas en famosas mundialmente, toda vez que son patrocinadas por las autoridades que conocen a cabalidad los días y horas que se efectúan. Es más realizan (a veces) reuniones que denominan retenes, para acordar las reglas, antes de las regatas, o sea alrededor de las ocho o nueve, para luego retirarse a esperar el resultado a primera hora de la mañana siguiente. Hay de todas las modalidades, carritos más viejitos, pero con máquinas medio emparapetados hasta los últimos modelos que, con su tecnología y poder, se comen prácticamente el cemento de la calle. Tremendos machos estos pilotos, responsables y serios. Figúrense que en las presentaciones del viernes pasado, se llevaron totalmente la caseta o parada de autobús, inaugurada a menos de 48 horas y también parte de la baranda que colinda con un prestigioso hotel ubicado en esa avenida. Residuos de cemento, carriolas, vidrios, uno de los autos de la competencia fueron a esa parte de la arena contaminada del Océano Pacífico. Sólo faltó que estuviesen los personajes que a escasas horas cortaron la cinta para que fuera aún más perfecto el espectáculo, ¿no creen?
Culpas: Por favor, de nadie; ahora vienen las excusas, comparaciones de cómo estábamos en el pasado, que por suerte, fue superior en todo sentido y en menos de lo que se persigna un ñato a las carreras nuevamente a tapar todo y seguir distrayéndonos con Mademe Thonya. Parece que no hemos captado que se le ha echado tierra a tanta porquería reciente. El tránsito, educación, seguridad (o inseguridad), asesinatos, secuestros, asaltos, delincuencia juvenil, violaciones, repartidera del "cake" (del cual no queda casi nada y que ahora le dicen mamey), pobreza, falta de viviendas y de trabajo, de cultura básica, etc., son réplicas fuertes del terremoto de enorme magnitud (siete en la escala Richter), que estremece los órganos del Estado y que pareciera va en aumento.
Conciencia: Ultima esperanza de los que honestamente aspiramos vivir en un país mejor, en el que se frene la impunidad, que es lo peor que puede ocurrir, al ser el vehículo que rápidamente conduce al caos y la violencia. Señora presidenta, por amor a Dios, a su patria, a su partido, a los que votaron por usted, (los de carne y hueso) y a los que no votamos por usted, pero que deseamos mejores días para nuestra patria, frene, ponga un alto, entienda la realidad del país, de su país y créame que se lo reconoceremos y apreciaremos, amén de aprovechar lo poco que queda de su mandato para mejorar su cuestionada gestión.
Con esta tragedia de las Malvinas, los argentinos y demás pueblos latinoamericanos, habrán recordado el aforismo de Simón Bolívar al concluir las guerras de independencia, "Ahora lo que tienen que hacer nuestros pueblos, es liberarse de sus libertadores", lo que definitivamente no hemos podido y pareciera que jamás podremos...
El paciente se somete a los exámenes pero decide no ingresar a la sala porque el caso no requería ese tratamiento. Su temor ante un apresurado diagnóstico le asusta y lo espanta del cuarto de urgencia.
Al llegar a su casa tiene un mensaje: "Señor, debe volver al Cuarto de Urgencia de la Especializada para practicarle una cirugía". Ironías del destino, qué eficiencia para unos y qué penuria para otros, que volvieron sobre sus pasos sin un remedio a su mal.
Culpas: Por favor, de nadie; ahora vienen las excusas, comparaciones de cómo estábamos en el pasado, que por suerte, fue superior en todo sentido y en menos de lo que se persigna un ñato a las carreras nuevamente a tapar todo y seguir distrayéndonos con Mademe Thonya. Parece que no hemos captado que se le ha echado tierra a tanta porquería reciente. El tránsito, educación, seguridad (o inseguridad), asesinatos, secuestros, asaltos, delincuencia juvenil, violaciones, repartidera del "cake" (del cual no queda casi nada y que ahora le dicen mamey), pobreza, falta de viviendas y de trabajo, de cultura básica, etc., son réplicas fuertes del terremoto de enorme magnitud (siete en la escala Richter), que estremece los órganos del Estado y que pareciera va en aumento.
Conciencia: Ultima esperanza de los que honestamente aspiramos vivir en un país mejor, en el que se frene la impunidad, que es lo peor que puede ocurrir, al ser el vehículo que rápidamente conduce al caos y la violencia. Señora presidenta, por amor a Dios, a su patria, a su partido, a los que votaron por usted, (los de carne y hueso) y a los que no votamos por usted, pero que deseamos mejores días para nuestra patria, frene, ponga un alto, entienda la realidad del país, de su país y créame que se lo reconoceremos y apreciaremos, amén de aprovechar lo poco que queda de su mandato para mejorar su cuestionada gestión.
Con esta tragedia de las Malvinas, los argentinos y demás pueblos latinoamericanos, habrán recordado el aforismo de Simón Bolívar al concluir las guerras de independencia, "Ahora lo que tienen que hacer nuestros pueblos, es liberarse de sus libertadores", lo que definitivamente no hemos podido y pareciera que jamás podremos...
El paciente se somete a los exámenes pero decide no ingresar a la sala porque el caso no requería ese tratamiento. Su temor ante un apresurado diagnóstico le asusta y lo espanta del cuarto de urgencia.
Al llegar a su casa tiene un mensaje: "Señor, debe volver al Cuarto de Urgencia de la Especializada para practicarle una cirugía". Ironías del destino, qué eficiencia para unos y qué penuria para otros, que volvieron sobre sus pasos sin un remedio a su mal.