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Otra vez Panamá Oeste


Como usuario del transporte colectivo de Panamá Oeste, reniego y censuro, todos los días, a mi amigo Pablo Quintero Luna. Quedé con la impresión de que se dejó convencer de un pequeño grupo de panameños que defienden que la parada de autobuses, en la 4 de Julio, es una medida inteligente, que soluciona y es digna de aplaudir. Falso. Es, descabellada y estúpida, porque provoca más perjuicios.
El rebrote de esta polémica no es espontáneo y detrás de este escenario hay algo más. Por malicia es preciso estar ojo al parche. Cada vez que desciendo de un autobús en la 4 de Julio, y miro a mí alrededor, siento coraje por los miles de panameños que se ven obligados a caminar cerca de 10 y 13 minutos hasta la Plaza de 5 de Mayo, para hacer un nuevo transbordo de autobús. Madres con sus hijos al hombro, ancianos, inválidos e interioranos caminan aburridos por culpa de esta canallada.
Cuando llueve, la situación es más dramática. Para colmos, cuando estos vehículos reanudan, nuevamente la marcha, emiten gases (humo) tóxicos que la brisa empuja hacia las aulas de clases del Instituto Nacional y el ruido, ensordecedor de sus máquinas y troneras acaban con la concentración de los estudiantes. Además, el problema se agrava debido a la estrecha acera que hace difícil caminar mientras que, por otra parte, el tranque vehicular se hace pesado, porque se reduce la amplitud de la vía de tres carriles a dos durante las 24 horas.
Un pequeño grupo - unas 20 personas detectadas en toda protesta buscando protagonismo de fines político- quiere hacer ver a la opinión pública, que el problema del transporte de Panamá Oeste radica en un pésimo servicio que prestan los transportistas. Según el diccionario, la definición de pésimo es malo, lo peor o lo último en deficiencia. Pienso que la situación no es así.
No soy amigo ni adversario de los transportistas. No he tenido vínculo profesional con ellos, por lo tanto, no me anima pasión alguna, pero generalizar es tan fatal como una mala interpretación. Un juicio generalizando conlleva a la injusticia. Se necesita, para evitar cometer errores, ser muy preciso en los señalamientos. Al grano. Quien actúa generalizando no puede ser dirigente ni tampoco puede ser defensor de los usuarios del transporte ante la Junta Directiva de la Autoridad Nacional del Tránsito y Transporte, porque su falta de equilibrio lo descalifica. Esto debe tomarlo en cuenta la Defensoría del Pueblo.
Para defender a los usuarios, primero, hay que buscar el bienestar de ellos, sin torcer la verdad. Como usuario, y esto no me quita nada, reconozco que los transportistas de Panamá Oeste, aún con sus viejos autobuses, prestan un servicio aceptable. El servicio, en el sector oeste, sólo mejorará cuando la infraestructura de la red vial se complemente con una nueva carretera, y las urbanizadoras deben ser más responsables en su planificación.
Los problemas del transporte colectivo en Panamá Oeste son los mismos que sufren los ciudadanos de Las Mañanitas, Tocumen, Alcaldedíaz, San Miguelito, Santa Librada y Torrijos - Carter. Los automovilistas y los transportistas no cuentan con vías alternas y la caravana de autos, por su puesto, tiene que desarrollarse con lentitud que arrebata la paciencia.
Hace menos de 10 años, la población de Arraiján estaba en unos 68 mil ciudadanos. Hoy día, es la tercera o cuarta ciudad más poblada del país, desplazando a San Miguelito, Colón, David y La Chorrera. Es decir, ha crecido en población, y el Gobierno Nacional y las urbanizadoras sólo han ofrecido a esta nueva ciudad dormitorio, techo y piso sin dotar a los ciudadanos de hospitales, agua potable, calles, carreteras de acceso ni infraestructuras de desarrollo. Estas son las fallas cuyos efectos se palpan. Sin embargo, los transportistas han caído en un error, con su paro emotivo de hace algunas semanas. Han dado pie al gobierno para que les caiga encima hasta desarticularlos, pues las imágenes del 9 de mayo de 2001, están aún fresca tras el aumento de los B/.0.25.
Es verdad que en las horas pico y después de las 7:30 a.m. hay diferencias enormes en la prestación del servicio. En otros países, las maquinarias se mueven cuando se justifica por aquello del ahorro energético, pero a partir de ese momento, no se justifica mover un autobús vacío con dos pasajeros por sólo cumplir con un horario de salida y una competencia de seis rutas del oeste. Esto, es un crimen por lo que representa en fuga de divisas.
Hace dos años, los perjuicios ocasionados por la terminal de El Chorrillo se veían en los asaltos, el embotellamiento vehicular desde Calidonia hasta llegar a este barrio, etc. Hoy día, la diferencia se explica por sí sola. Miles de usuarios del sector oeste prefieren ya viajar directo a Albrook para luego abordar los autobuses directos hacia Transístmica y Ricardo J. Alfaroy. Esto le representa un ahorro en tiempo de cerca de 25 a 35 minutos para llegar a sus puestos de trabajo. Y los que se apean en la 4 de Julio, llegan a sus destinos, con tardanza y cansados de caminar.
Señor Director del Tránsito retome, nuevamente, la iniciativa y haga los correctivos del caso. Haga justicia a los usuarios. No permita canalladas ni acepte presión de alboratodores del orden público que afectan a terceros. Eso sí, ponga énfasis en solucionar las deficiencias de una manera científica.

101 años de Panamá América

 
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