Otra vez Taiwan
El avión obsequiado por Taiwan al gobierno panameño es muy bonito, de buena tecnología según las autoridades de Aeronáutica Civil, y viene a resolver un tema que en otro momento creó agudos debates por los montos que hubiera representado una compra o el derecho que posee el presidente y el país a contar con una nave propia para las gestiones internacionales y nacionales que realiza. Y quizás basado en todo ello el gobierno admita el bonito regalo, sólo que como en otras ocasiones, aunque no haya acuerdos de por medio (que es lo más seguro) tales acciones de parte de Taiwan levantan suspicacias, generan sospechas y sugieren intenciones. Todo por el ya viejo conflicto de las dos Chinas y que hasta ahora ha reflejado opciones claras de parte de todos los gobiernos que han transcurrido en democracia. Nadie ha querido decir, aunque algunos lo hayan sugerido, que tales regalos influyen en la permanente decisión panameña de preferir las relaciones diplomáticas con Taiwan y mantener en un nivel comercial limitado los intercambios con China Popular. El problema con los presentes de Taiwan son los posteriores conflictos que genera. Basta recordar el caso del Museo del Tucan, que al final no se sabía si era un presente para el país o para una Fundación. Es de esperarse que no sea ese el caso del avión, porque si bien “a caballo regalado no se le mira el diente”, el país no puede andar cubriendo malicias con sonrisas desorejadas.