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Otro Grammy para Rubén Blades


El Grammy es el Oscar de la música popular. El premio es otorgado por la industria disquera de Estados Unidos, tomando en consideración elementos tan diversos como la calidad, ventas y la aceptación del público, en un trabajo de evaluación en extremo difícil.
De cualquier forma, es el máximo galardón de su especie en el mundo, el sueño imposible de la mayoría de los músicos, sin importar su trayectoria y aportes individuales, que se diluyen en un universo de rutilantes estrellas, algunas fugaces, de las cuales sólo unas pocas, de entre miles que son incluidas en los exclusivos listados de las más destacadas del planeta cada año.
Artistas carismáticos y talentosos como la colombiana Shakira, por ejemplo, cuando fue nominada entre las cinco primeras, en la premiación del año pasado, comentó que aunque no ganara, tan sólo aparecer en el selecto listado era para ella un triunfo, lo cual ilustra la magnitud del mérito.
Hay otros iluminados que hicieron de la cosecha anual de las preciadas estatuillas, un hábito. A este reducido grupo pertenecieron en su momento monstruos creativos como Ellton John, Michael Jackson y Lionel Richie, en música rock; y Eddie Palmieri en el jazz latino, por mencionar algunos.
Pero el escenario de la premiación suele a veces ser monopolizado por algunos genios de antaño, que regresan tras varias décadas de ausencia; y ese fue el caso este año del célebre guitarrista de origen mexicano Carlos Santana, quien ganó esta vez nueve premios, de diez, a los que fue nominado. A sus cincuenta y tantos años de edad, y habiendo recibido su último Grammy en 1969, retorna con su ritmo remozado, a dictar cátedra entre la legión de jóvenes valores de actualidad, en su propio terreno y estilos, con calidad inigualable.
A esa elite que sólo admite la excelencia y los honores supremos, pertenece un panameño, el único en la historia, cuyos aportes al mundo de la música latina le han valido nada menos que cuatro premios Grammy en años distintos, y al menos diez nominaciones, y ese es el cantante y compositor Rubén Blades. Su presencia en los actos de entrega de galardones es rutinaria desde hace años.
Blades se forjó un nombre y una estrella en el paseo de luminarias de Hollywood, luego que revolucionó la música latina en los años "60 y "70 con creaciones clásicas como "Siembra" y "Maestra Vida" que, en su momento, rompieron todos los récords de venta en el mundo, aportando un nuevo género que denominó "crónica urbana". Sus personajes, "Pedro Navaja", "Pablo Pueblo", "Madame Kalalú", "Ramiro", "Ligia Elena" y tantos otros, son hoy antológicos.
El que se haya alzado otra vez con el codiciado premio con su álbum "Tiempos", en compañía de dos grupos costarricenses, luego de haberlo hecho en 1997 con un conglomerado de músicos panameños con el album "La Rosa de los Vientos", en otro arrogante derroche de calidad suprema, con el mismo giro hacia el jazz que adoptó en los años "80, al igual que sus colegas Palmieri y Tito Puente, es extraordinario.
En cualquier caso, nos agrade o no, Rubén Blades es un astro artístico que se ha impuesto donde cuenta, en el más grande de los escenarios, vestido de tricolor patrio. Por eso y por sus enormes aportes a la música, merece el reconocimiento y respeto que aquí le prodigamos entusiastas.


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