Otro izquierdista presidente
Parecería intrascendente el ascenso al poder del presidente izquierdista de Uruguay, Tabaré Vázquez, a juzgar por el relativamente escaso peso político y económico de ese bello país sudamericano, a no ser por la tendencia y la cantidad. Lo uno, porque ya se está haciendo rutina que candidatos considerados de esa tendencia triunfen en las elecciones que se verifican en esa región. Y lo otro, porque si fuera una victoria aislada, no sería de tanto impacto, como cuando sucede en cadena, en un conjunto de naciones cuyos gobiernos del mismo giro van tejiendo entre sí una suerte de vínculo de solidaridad con base en cierto marco ideológico común, antineoliberal.
Hace poco, los mandatarios venezolano, Hugo Chávez, y brasileño, Luis Inacio "Lula" da Silva, anunciaron la suscripción de una alianza estratégica, que debió sonar horrible para los asustadizos oídos de quienes dan seguimiento a Latinoamérica en Washington, para quienes Chávez, con su tremendo poder petrolero, su confesa vocación socialista y amistad con Fidel Castro, ha de parecerle un demonio.
Ver a Vázquez, otro izquierdista, hijo de modestos trabajadores de clase media, flanqueado por colaboradores y parlamentarios ex integrantes de la legendaria guerrilla "tumaros" de los años 60 y 70, asumiendo la presidencia, en una nación que presenta solución de continuidad geográfica con la Argentina del populista nacionalista Néstor Kirchner, del Brasil de "Lula" da Silva, del Venezuela de Chávez y del Ecuador de otro izquierdista, Lucio Gutiérrez, ha de saberles muy amargo. Sobre todo, con la cada vez más agresiva diplomacia de China en la región, en procura de copar posiciones por los inmensos recursos naturales que requiere su explosivo crecimiento.
El gobierno anunció que se encuentra en la fase final para la eventual firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. A estas alturas, seguramente, las reglas del juego que se hayan seguido podrían decidir el futuro del comercio entre los dos países.
Aunque es posible también que algunos temas podrían hacer avanzar o fracasar las conversaciones en su etapa final, es un ejercicio de negociación internacional que ha dejado de lado la relación asistencial en materia de concesiones arancelarias por parte de los Estados Unidos con Panamá y que en el futuro obligará a nuestra nación asumir compromisos comerciales ampliamente vinculantes con dicho país.
Pese a las descontextuadas informaciones que se identifican en los medios y el discreto silencio que observan los negociadores, cuyo texto íntegro aún se desconoce, es claro que Estados Unidos estaría interesado en suscribir cualquier acuerdo con Panamá observando los parámetros del Acuerdo de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos (CAFTA), ya que se trata del esquema de negociación entre países con economías débiles y una potencia económica.
La prudencia aconseja que el equipo negociador no debe acordar nada de espaldas al pueblo, ya que una negociación inconsulta podría comprometer la sustentabilidad del productor local.
No hay que olvidar que el TLC se convertiría en Ley de la República, lo cual impone a nuestros negociadores la obligación de asegurar para nuestro país, en este aspecto, una situación de estricta reciprocidad.
(*) Analista política uruguaya.www.aipenet.com
Hace poco, los mandatarios venezolano, Hugo Chávez, y brasileño, Luis Inacio "Lula" da Silva, anunciaron la suscripción de una alianza estratégica, que debió sonar horrible para los asustadizos oídos de quienes dan seguimiento a Latinoamérica en Washington, para quienes Chávez, con su tremendo poder petrolero, su confesa vocación socialista y amistad con Fidel Castro, ha de parecerle un demonio.
Ver a Vázquez, otro izquierdista, hijo de modestos trabajadores de clase media, flanqueado por colaboradores y parlamentarios ex integrantes de la legendaria guerrilla "tumaros" de los años 60 y 70, asumiendo la presidencia, en una nación que presenta solución de continuidad geográfica con la Argentina del populista nacionalista Néstor Kirchner, del Brasil de "Lula" da Silva, del Venezuela de Chávez y del Ecuador de otro izquierdista, Lucio Gutiérrez, ha de saberles muy amargo. Sobre todo, con la cada vez más agresiva diplomacia de China en la región, en procura de copar posiciones por los inmensos recursos naturales que requiere su explosivo crecimiento.
El gobierno anunció que se encuentra en la fase final para la eventual firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. A estas alturas, seguramente, las reglas del juego que se hayan seguido podrían decidir el futuro del comercio entre los dos países.
Aunque es posible también que algunos temas podrían hacer avanzar o fracasar las conversaciones en su etapa final, es un ejercicio de negociación internacional que ha dejado de lado la relación asistencial en materia de concesiones arancelarias por parte de los Estados Unidos con Panamá y que en el futuro obligará a nuestra nación asumir compromisos comerciales ampliamente vinculantes con dicho país.
Pese a las descontextuadas informaciones que se identifican en los medios y el discreto silencio que observan los negociadores, cuyo texto íntegro aún se desconoce, es claro que Estados Unidos estaría interesado en suscribir cualquier acuerdo con Panamá observando los parámetros del Acuerdo de Libre Comercio entre Centroamérica y los Estados Unidos (CAFTA), ya que se trata del esquema de negociación entre países con economías débiles y una potencia económica.
La prudencia aconseja que el equipo negociador no debe acordar nada de espaldas al pueblo, ya que una negociación inconsulta podría comprometer la sustentabilidad del productor local.
No hay que olvidar que el TLC se convertiría en Ley de la República, lo cual impone a nuestros negociadores la obligación de asegurar para nuestro país, en este aspecto, una situación de estricta reciprocidad.
(*) Analista política uruguaya.www.aipenet.com