Otro punto de conflicto
Pese a las advertencias de la comunidad internacional, Corea del Norte realizó su segunda prueba nuclear al detonar una bomba atómica con una potencia similar a la utilizada por Estados Unidos contra Nagasaki e Hiroshima al final de la Segunda Guerra Mundial.
Seguidamente y contra la voluntad del mundo, Pyongyang ha probado seis misiles e corto alcance y amenazado a Naciones Unidas con poner fin al armisticio de 1953 si se aprueban nuevas sanciones económicas en su contra. En lo inmediato, la acción ha convertido a la península coreana en un nuevo foco de conflicto, cuyas dimensiones son imposibles predecir.
Pero esa provocación revela, sobre todo, la fragilidad de la seguridad mundial, los riesgos a los que está sometida, y la incapacidad de los organismos de coordinación internacional de poder actuar preventiva y efectivamente en casos como estos. El protagonismo de éstos está limitado a las recomendaciones y sugerencias, pero sin superar las sanciones morales o la presión económica.
¿Cómo se afecta el balance de fuerzas en la península coreana y en la propia comunidad internacional? La respuesta arriesga todo, porque el contexto en el que actúa el régimen comunista de Pyongyang obedece a concepciones doctrinales que siguen enmarcadas en un conflicto este-oeste que no considera los cambios significativos registrados desde 1989 hasta la fecha.
La acción de Corea del Norte constituye una amenaza ante la cual cualquier nación queda con las manos libres para defenderse o repelarla como pueda.