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Pacífico Castrellón


Es un talentoso pintor chiricano. Lleva 7 años de guardar cárcel en Perú implicado en un complot guerrillero para la toma del Congreso. Se le acusa de haber sido el autor del dibujo de unos planos para facilitar la acción de los insurgentes y de formar parte de la célula que también integraba la estadounidense Lory Berenson, aquella que al ser capturada apareció ante las cámaras vociferando acremente contra el capitalismo y el sistema.
Gracias a la presión del gobierno norteamericano que forzó a un segundo juicio contra Berenson, quien igual que Castrellón fue condenada inicialmente por una corte marcial a cadena perpetua, nuestro compatriota tuvo oportunidad la pasada semana a una revisión de su caso por un tribunal civil. La condena fue esta vez menos severa, 15 años de cárcel, aunque apelada tanto por el fiscal como por la defensa.
Las perspectivas de Castrellón, si logra que al menos la condena no se le eleve, es que saldrá en cosa de 3 años tras cumplir dos tercios de la pena y guardar buena conducta y muestra de arrepentimiento, que expuso durante su intervención personal en la audiencia. Otra posibilidad es lograr un acuerdo para purgar la pena en Panamá, donde podría beneficiarse de permisos laborales, visitas a su familia de fin de semana y otras medidas similares.
Mientras eso ocurre, Castrellón sigue en su celda más activo que nunca, dedicado de lleno a pintar. Su producción ha madurado con el sufrimiento y con el inevitable filosofar sobre la vida y la existencia en solitario. Recordamos al presidente Guizado y su libro "De una celda al infinito", escrito mientras guardaba cárcel tras el asesinato del presidente Remón. También escribió Guizado su fascinante libro "El extraño asesinato del presidente Remón", en el que por vez primera un autor panameño perteneciente a los altos estratos devela el mundo de las intrigas, relaciones y rivalidades de la oligarquía criolla de la época, en los exclusivos salones del Club Unión, logrando una radiografía histórica sin igual. Obviamente, es un libro que no volverá a editarse ni a mostrarse en biblioteca alguna jamás.
Pues Castrellón está haciendo lo mismo que Guizado, descargando a todo color la fuerza de sus sentimientos y de la realidad y fantasía de Panamá, Perú y el continente entero en su obra. Sin proponérselo se ha convertido en un artista continental, pleno de raíces, en la cumbre de su talento.
Culpable o inocente, no es nuestro asunto. Eso corresponde a la justicia peruana. Lo único que nos toca es hacer votos para que se respeten sus derechos y para que, una vez libre, nos siga regalando, multiplicado por el estímulo de la libertad, su talento maduro y enriquecido en la adversidad.

101 años de Panamá América

 
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