Pacto Nacional por la integridad
El Presidente de la República ha planteado la constitución de un Pacto Nacional por la Integridad. Este sería un acuerdo entre el gobierno y la sociedad para cambiar la cultura que propende a la corrupción. Tenemos que reconocer que el Presidente hace el planteamiento correcto al señalar que además de todas las acciones concretas que anunció, Panamá requiere de un cambio cultural para que la medidas anunciadas tengan permanencia.
Dicen los expertos en conducta que a una persona le toma no menos de tres meses el cambiar un hábito. Esto presuponiendo que en ese tiempo se disciplina inquebrantablemente en modificar la conducta no deseada. No conocemos cuál sería el período promedio que un sociedad entera requeriría para cambiar de una cultura del "juega vivo" a otra de la integridad. Lo que sí sabemos es que, sea el tiempo que sea, la nueva conducta debe ser forzada persistentemente y sin claudicación por los líderes de dicha sociedad, hasta que se logre dicha transformación.
Como señalamos en el primer párrafo, el Presidente también anunció otras medidas y actitudes muy concretas que deben ser reconocidas y aplaudidas, no sólo por lo que promete hacer sino, especialmente, por lo que promete no hacer. No habrá borrón y cuenta nueva; el Ejecutivo no se arrogará las funciones de otros órganos del Estado; no habrá discrecionalidad libérrima en las partidas discrecionales ni secretismo sobre su uso. Y también porque anuncia que se creará el Consejo Nacional contra la Corrupción; porque la Secretaría Ejecutiva del mismo estará en la Presidencia y no abandonada en un despacho de tercera categoría dentro de algún ministerio; porque se promulgará un Código Uniforme de Etica del Funcionario con cuarenta conductas tipificadas; porque se exigirá probidad y transparencia y se impedirá el nepotismo y el conflicto de intereses; porque se modificará la Ley de Contrataciones Públicas y se adoptará la Convención de Naciones Unidas Contra la Corrupción; porque se modernizará la Contraloría General de la República para que evite la corrupción y el desperdicio, sin obstaculizar el desempeño estatal; porque se desarrollará el portal Panamá Digital donde se publicará la información sobre las licitaciones, contrataciones, compras y presupuestos del Estado.
Por todo lo anterior y lo que de ello deriva, hay que aplaudir al Presidente Torrijos.
Sinceramente queremos reconocer un plan de integridad tan comprensivo y ambicioso. Como panameños no podemos menos que desearle éxito al mandatario en tan azarosa tarea. Como medio de comunicación social aportaremos fiscalizando el cumplimiento de cada elemento de este programa.
Rogamos para que el Presidente y su equipo cuenten con la entereza y determinación necesarias para enfrentar no sólo a las mafias corruptas que han medrado en el status quo, sino a una cultura perversa que se resiste, a veces violentamente, a cambiar. El Presidente dice que sí se puede; nosotros le seguiremos la pista.
En nuestra sociedad no puede haber discrepancias en cuanto al papel vital que deben jugar los sindicatos. Ellos son, en primera y última instancia, quienes representan y defienden al trabajador.
El sindicalismo no puede ser "amarillo", pero tampoco radical e inmaduro. Un país que cuenta con un gobierno democrático, una empresa privada agresiva y un sindicalismo responsable logra metas positivas de progreso y Panamá lo menos que puede esperar es que esto sea una realidad.
Tenemos el talento y la buena voluntad, falta un poco de desprendimiento y de menos egoísmo. Pensemos, pues, primero en el país y después en nuestros intereses personales o gremiales.
Dicen los expertos en conducta que a una persona le toma no menos de tres meses el cambiar un hábito. Esto presuponiendo que en ese tiempo se disciplina inquebrantablemente en modificar la conducta no deseada. No conocemos cuál sería el período promedio que un sociedad entera requeriría para cambiar de una cultura del "juega vivo" a otra de la integridad. Lo que sí sabemos es que, sea el tiempo que sea, la nueva conducta debe ser forzada persistentemente y sin claudicación por los líderes de dicha sociedad, hasta que se logre dicha transformación.
Como señalamos en el primer párrafo, el Presidente también anunció otras medidas y actitudes muy concretas que deben ser reconocidas y aplaudidas, no sólo por lo que promete hacer sino, especialmente, por lo que promete no hacer. No habrá borrón y cuenta nueva; el Ejecutivo no se arrogará las funciones de otros órganos del Estado; no habrá discrecionalidad libérrima en las partidas discrecionales ni secretismo sobre su uso. Y también porque anuncia que se creará el Consejo Nacional contra la Corrupción; porque la Secretaría Ejecutiva del mismo estará en la Presidencia y no abandonada en un despacho de tercera categoría dentro de algún ministerio; porque se promulgará un Código Uniforme de Etica del Funcionario con cuarenta conductas tipificadas; porque se exigirá probidad y transparencia y se impedirá el nepotismo y el conflicto de intereses; porque se modificará la Ley de Contrataciones Públicas y se adoptará la Convención de Naciones Unidas Contra la Corrupción; porque se modernizará la Contraloría General de la República para que evite la corrupción y el desperdicio, sin obstaculizar el desempeño estatal; porque se desarrollará el portal Panamá Digital donde se publicará la información sobre las licitaciones, contrataciones, compras y presupuestos del Estado.
Por todo lo anterior y lo que de ello deriva, hay que aplaudir al Presidente Torrijos.
Sinceramente queremos reconocer un plan de integridad tan comprensivo y ambicioso. Como panameños no podemos menos que desearle éxito al mandatario en tan azarosa tarea. Como medio de comunicación social aportaremos fiscalizando el cumplimiento de cada elemento de este programa.
Rogamos para que el Presidente y su equipo cuenten con la entereza y determinación necesarias para enfrentar no sólo a las mafias corruptas que han medrado en el status quo, sino a una cultura perversa que se resiste, a veces violentamente, a cambiar. El Presidente dice que sí se puede; nosotros le seguiremos la pista.
En nuestra sociedad no puede haber discrepancias en cuanto al papel vital que deben jugar los sindicatos. Ellos son, en primera y última instancia, quienes representan y defienden al trabajador.
El sindicalismo no puede ser "amarillo", pero tampoco radical e inmaduro. Un país que cuenta con un gobierno democrático, una empresa privada agresiva y un sindicalismo responsable logra metas positivas de progreso y Panamá lo menos que puede esperar es que esto sea una realidad.
Tenemos el talento y la buena voluntad, falta un poco de desprendimiento y de menos egoísmo. Pensemos, pues, primero en el país y después en nuestros intereses personales o gremiales.