Pacto o alianza
Es muy poco lo que puede decirse sobre mejoras en el sistema educativo nacional, salvo la existencia de un mejor ambiente en las relaciones entre los dirigentes de gremios de educadores y las autoridades del Ministerio de Educación. Más bien podría hablarse de la existencia de un pacto de coexistencia pacífica pro status quo que está castrando nuestras esperanzas de salir de la precaria situación en la que se mantiene el sistema.
No importa si se trata de escuelas apartadas en el interior de la República o cercanas al centro de la ciudad, existe una gran cantidad de ellas con servicios sanitarios poco higiénicos, sin agua, con salones que tienen deficiente iluminación y ventilación, sin bibliotecas ni campos deportivos. Los estudiantes tienen que pasar largas horas sentados en bancas incómodas y deterioradas; los maestros y profesores utilizando tableros en mal estado, sin tiza ni material didáctico actualizado; y los administrativos no cuentan con el equipo mínimo para poder ofrecer un respaldo eficiente a la actividad escolar.
En el área académica tampoco se han visto progresos importantes. Siguen las asignaturas desvinculadas de la realidad, sin relación entre ellas, con un contenido obsoleto, que no contemplan los avances que han ocurridoen el mundo en los últimos años. Se mantienen los mismos textos aburridos y anticuados, y en aquellas escuelas que tienen computadoras, no se cuenta con programas modernos para darles un uso apropiado.
El porcentaje de fracasos y de deserciones es elevado y reina la indisciplina. Ahora se descubren armas entre los estudiantes, existen bandas que operan internamente intimidando a profesores para obligarlos a otorgarles calificaciones inmerecidas, y la venta de drogas es una actividad que ya ha sido denunciada en repetidas ocasiones sin que se tomen las medidas que la gravedad del asunto requiere.
Los resultados pueden verse claramente en el comportamiento posterior del estudiante en la sociedad.
Jóvenes graduados de secundaria que son prácticamente analfabetos, incapaces de sostener una conversación para solicitar un empleo o de llenar un formulario, no saben leer instrucciones y si las leen no las entienden, fracasan los exámenes de admisión para seguir estudios universitarios, desconocen nuestra historia, a duras penas pueden realizar las operaciones fundamentales para conciliar una cuenta bancaria, y se manifiestan incumplidos en sus compromisos, desordenados y violentos.
Lamentablemente el diálogo sobre la educación hasta ahora sólo ha servido para repartir el dinero del seguro educativo y el poder administrativo en el Ministerio, pero nada en lo que se refiere a ofrecer más calidad de educación en un mundo donde cada día se requiere una mayor y mejor preparación.
Ojalá este acuerdo entre educadores y administrativos del Ministerio, no se convierta en la excusa para mantener las cosas como están, sino en alianza para ofrecer a panameños y panameñas la oportunidad de vivir en un mundo mejor.
No importa si se trata de escuelas apartadas en el interior de la República o cercanas al centro de la ciudad, existe una gran cantidad de ellas con servicios sanitarios poco higiénicos, sin agua, con salones que tienen deficiente iluminación y ventilación, sin bibliotecas ni campos deportivos. Los estudiantes tienen que pasar largas horas sentados en bancas incómodas y deterioradas; los maestros y profesores utilizando tableros en mal estado, sin tiza ni material didáctico actualizado; y los administrativos no cuentan con el equipo mínimo para poder ofrecer un respaldo eficiente a la actividad escolar.
En el área académica tampoco se han visto progresos importantes. Siguen las asignaturas desvinculadas de la realidad, sin relación entre ellas, con un contenido obsoleto, que no contemplan los avances que han ocurridoen el mundo en los últimos años. Se mantienen los mismos textos aburridos y anticuados, y en aquellas escuelas que tienen computadoras, no se cuenta con programas modernos para darles un uso apropiado.
El porcentaje de fracasos y de deserciones es elevado y reina la indisciplina. Ahora se descubren armas entre los estudiantes, existen bandas que operan internamente intimidando a profesores para obligarlos a otorgarles calificaciones inmerecidas, y la venta de drogas es una actividad que ya ha sido denunciada en repetidas ocasiones sin que se tomen las medidas que la gravedad del asunto requiere.
Los resultados pueden verse claramente en el comportamiento posterior del estudiante en la sociedad.
Jóvenes graduados de secundaria que son prácticamente analfabetos, incapaces de sostener una conversación para solicitar un empleo o de llenar un formulario, no saben leer instrucciones y si las leen no las entienden, fracasan los exámenes de admisión para seguir estudios universitarios, desconocen nuestra historia, a duras penas pueden realizar las operaciones fundamentales para conciliar una cuenta bancaria, y se manifiestan incumplidos en sus compromisos, desordenados y violentos.
Lamentablemente el diálogo sobre la educación hasta ahora sólo ha servido para repartir el dinero del seguro educativo y el poder administrativo en el Ministerio, pero nada en lo que se refiere a ofrecer más calidad de educación en un mundo donde cada día se requiere una mayor y mejor preparación.
Ojalá este acuerdo entre educadores y administrativos del Ministerio, no se convierta en la excusa para mantener las cosas como están, sino en alianza para ofrecer a panameños y panameñas la oportunidad de vivir en un mundo mejor.