Pacto para liberar a la capital del ruido
Periodista
El compromiso del alcalde de la ciudad de Panamá, Juan Carlos Navarro, de privilegiar en la agenda de trabajo municipal del año 2001 el tema ambiental y la lucha contra el ruido, ha generado entusiasmo y expectativas en sectores de la sociedad civil preocupadas por los niveles de contaminación en áreas urbanas.
La promesa de Navarro fue consignada el 22 de noviembre, a través del programa radial "Micrófono Abierto", dirigido por el abogado y periodista Alfonso Fraguela, quien se ha distinguido por el análisis sereno y objetivo de asuntos con proyección nacional o que despiertan el interés comunitario.
En su intervención radiofónica, la primera autoridad del distrito reiteró que su proyecto de modernización urbana prevé acciones para frenar la proliferación de ruidos perturbadores en la capital, donde viven más de 700.000 personas y existe una densidad de población de 275 habitantes por kilómetro cuadrado.
La contaminación acústica (por ruidos), las vibraciones, las emanaciones de humo y gases tóxicos en áreas metropolitanas provienen en gran parte del sector industrial, incluida la construcción, donde son utilizados martillos, neumáticos, taladradores, retroexcavadoras y camiones volquetes con bocinas de barcos incorporadas a las carrocerías, que son accionadas con frecuencia.
Todos los equipos mencionados producen niveles de ruido por encima de los 85 decibeles y son capaces de enfermar o alterar el sistema nervioso de las personas expuestas a la fuente de contaminación en forma prolongada, incluso, dentro de sus casas, debido a la propagación de ondas a través del aire.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que existe un límite de ruido aceptable para el oído humano de 65 decibeles, mientras que el umbral de dolor, a causa del estruendo, está situado en los 140 decibeles.
Sin embargo, Panamá presenta un vacío en materia de reglamentos y normas técnicas de higiene industrial, que dificulta la protección del entorno (áreas pobladas o vecinales) y la imposición de multas a constructores y empresas que incumplen permisos municipales y amenazan la salud pública.
Una medida efectiva para la protección del ambiente podría ser la compra de decibelímetros (aparatos de medición de ruido), para uso de las corregidurías, el retiro de bocinas y troneras de camiones de carga y la obligatoriedad de que los conductores apaguen sus motores mientras recogen tierra, rocas o escombros.
Las universidades e institutos tecnológicos podrían adherirse a esa causa, al introducir en el curriculum materias como ecología y ética, para que los futuros ingenieros, arquitectos y técnicos industriales, asuman una cultura ecológica y se sientan obligados a respetar la colectividad y el hábitat.
Respaldado por un presupuesto municipal de 59,4 millones de dólares para el año 2001, el Alcalde Navarro tiene ahora en sus manos la facultad de convocar a la sociedad civil, con miras a alcanzar un gran pacto metropolitano que libere a la capital del ruido y otros elementos contaminantes.
La ciudad de Panamá puede convertirse, en este caso, en un modelo innovador de salud, desarrollo y orden en el ámbito municipal, para lograr el mejoramiento de la calidad de vida de la población y de su entorno.