Pacto Social: Urgencia nacional (II)
El modelo de crecimiento económico en los últimos 40 años, ha enfrentado dos limitantes. El ritmo y los niveles de inflación considerados aceptable, y los déficit de balanza de pagos. Han sido sobrepasados con frecuencia y mayor énfasis en la década del 80. Ello obligó a los gobiernos en los 90 a controlar la inflación y equilibrar las cuentas externas. Ello ha tenido sus costos sociales. La tasa de desempleo aumentó y los salarios reales se contrajeron, incrementando la deuda social a casi un 6% y la pobreza al 48% de la población. Advertimos que si tales ajustes no se aplican, la situación y los costos hubieran sido mayores. Pero el país, luego de la invasión, retomó un ritmo de crecimiento en los sectores modernizados, que han sido los menos, concentrando una significativa masa laboral en el área informal.
Por el crecimiento del desempleo, el aumento de empleos de mala calidad y la poca o lenta recuperación de los salarios reales, la pobreza ha continuado hacia límites intolerables. La preocupación de este deterioro estructural obliga a que el eje central de la recuperación desarrolle el trabajo y el empleo para que despierten la motivación y la esperanza de los jóvenes en ser agentes activos de la sociedad.
La desproporción entre la población activa y pasiva, el envejecimiento de la población, la desintegración familiar y la disminución progresiva de las inversiones productivas, amenazan de muerte a nuestro sistema de seguridad social, y con él la sostenibilidad democrática y la seguridad económica de la nación.
Estamos comprometidos a encontrar una síntesis de las metas que perseguimos como sociedad, y distinguir el trabajo como factor de integración social. Este reto no es de René Luciani, ni de Martín Torrijos, es asunto de todos. Perseverar en un acuerdo nacional que permita aglutinar fuerzas y recursos para superar la coyuntura y procurar, gracias a la cooperación y el entendimiento, un gran espacio al trabajo y la inversión nacional y extranjera, creando igualdad de oportunidades y cumpliendo con las exigencias económicas de competitividad. La competitividad es un requisito básico para el crecimiento económico en el proceso actual de globalización sobre el cual estamos comprometidos a procurar que no tenga efectos sistemáticos negativos sobre la distribución del ingreso en el corto plazo. El Pacto Social debe rescatar la equidad y la sostenibilidad del trabajo y el crecimiento económico. Así salvaremos la seguridad social y la paz nacional.
Frente a la intransigente posición adoptada por los dirigentes laborales, la única luz que pareciera verse al final del túnel son las declaraciones del Presidente Torrijos durante su campaña, reiteradas luego de su clara victoria en las urnas, en el sentido de garantizar la permanencia del Sistema de Seguridad Social, adoptando las medidas respectivas que concreten este objetivo. La hora se acerca cada vez más para que haga valer esta promesa. De hacerlo así, estamos seguros que su acción será respaldada por la mayoría de los panameños.
Por el crecimiento del desempleo, el aumento de empleos de mala calidad y la poca o lenta recuperación de los salarios reales, la pobreza ha continuado hacia límites intolerables. La preocupación de este deterioro estructural obliga a que el eje central de la recuperación desarrolle el trabajo y el empleo para que despierten la motivación y la esperanza de los jóvenes en ser agentes activos de la sociedad.
La desproporción entre la población activa y pasiva, el envejecimiento de la población, la desintegración familiar y la disminución progresiva de las inversiones productivas, amenazan de muerte a nuestro sistema de seguridad social, y con él la sostenibilidad democrática y la seguridad económica de la nación.
Estamos comprometidos a encontrar una síntesis de las metas que perseguimos como sociedad, y distinguir el trabajo como factor de integración social. Este reto no es de René Luciani, ni de Martín Torrijos, es asunto de todos. Perseverar en un acuerdo nacional que permita aglutinar fuerzas y recursos para superar la coyuntura y procurar, gracias a la cooperación y el entendimiento, un gran espacio al trabajo y la inversión nacional y extranjera, creando igualdad de oportunidades y cumpliendo con las exigencias económicas de competitividad. La competitividad es un requisito básico para el crecimiento económico en el proceso actual de globalización sobre el cual estamos comprometidos a procurar que no tenga efectos sistemáticos negativos sobre la distribución del ingreso en el corto plazo. El Pacto Social debe rescatar la equidad y la sostenibilidad del trabajo y el crecimiento económico. Así salvaremos la seguridad social y la paz nacional.
Frente a la intransigente posición adoptada por los dirigentes laborales, la única luz que pareciera verse al final del túnel son las declaraciones del Presidente Torrijos durante su campaña, reiteradas luego de su clara victoria en las urnas, en el sentido de garantizar la permanencia del Sistema de Seguridad Social, adoptando las medidas respectivas que concreten este objetivo. La hora se acerca cada vez más para que haga valer esta promesa. De hacerlo así, estamos seguros que su acción será respaldada por la mayoría de los panameños.