País de charlatanes
Una cosa es la libertad religiosa y otra la charlatanería y la vil explotación de la ignorancia. En los últimos tiempos han proliferado los programas de extranjeros y nacionales dedicados a "psíquicos", la adivinanza, la magia, la suerte, los amuletos, las aguas curativas, arena del Sinaí y otras sandeces. Y no sólo es eso. La mayoría explota a los incautos ofreciéndole conseguir matrimonios, amores y reconciliaciones imposibles, empleos, curas, salud y riqueza. "El cielo es el límite", dirían, como el célebre título del libro de autoayuda. Eso hay que acabarlo, por salud pública, paz social o familiar, mental o por lo que sea.
Tienen programas de radio y televisión, contratan anuncios, publican consultas pagadas, curan el cáncer con algún ungüento. Aquello es una estafa descarada. ¿Qué clase de país estamos formando, cuando permitimos tan nefasta práctica? Algunas religiones, incluso, les están siguiendo el paso y hay que dialogar con ellas. Basta de vender gracias y milagros.
Parece que, en tiempos del Código Da Vinci, cualquier disparate vale. Pues no. Nos negamos a permitir callada y mansamente que impere la charlatanería. Queremos un país educado y moderno, donde dentro de un real imperio de libertad religiosa, no se dejen manos libres a los embaucadores y buitres de la ignorancia y la miseria de los más pobres y estúpidos.