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Palabra de legislador


El sistema electoral panameño tiene sus incongruentes peculiaridades, entre éstas el que los candidatos a legisladores compiten para ser elegidos, no contra los candidatos de otros partidos, sino con los del propio partido que los postuló. Este sistema condiciona el subconsciente, ya que durante la campaña, muchos dan su palabra que pedirán a sus electores que voten en plancha, es decir por toda la nómina. Internamente cada uno sabe que los otros están haciendo lo mismo que cada uno de ellos, pedir el voto selectivo y planchar al resto, pues el "sistema" compete a ello.
También los candidatos que esperan que los suplentes agreguen votos, les prometen y dan su palabra de que repartirán el tiempo de asistir a las sesiones y que habrá oportunidades para ambos suplentes. Muchas hermosas amistades y hasta nexos familiares, los han echado a perder, uno por estar prometiendo lo que preconcebidamente en muchos casos, no tenían ninguna intensión de cumplir, y otros por confiar en "palabra de legislador".
Es penoso recordar aquellas escenas grotescas en las que, frente a las cámaras de televisión, un suplente insultaba a su propio legislador y le recordaba la palabra empeñada de compartir la asistencia a las sesiones. Hubo casos, también frente a la televisión, en las que se golpearon y procedían a golpearse con tal furia, que daba la impresión que les acababan de comunicar la eliminación de algún viático o que les descontarían las ausencias.
En estos días he recordado la remodelación de una casa en la que representé a un familiar. Me correspondió entendérmelas con un equipo de pintores, a quienes se les había asignado "La Pintada" de la casa y algunos muebles. La dueña de la casa, buena gente, pero inexperta en estos trajines y trapisondas, no percibió que en la mente de los pintores se había establecido, tácitamente, que se les pagaría por cada "Pintada" y que se establecería un nuevo " Acuerdo", por cada " repintada" que fuese necesaria. Llamaba la atención y fue causa de conflicto el que, periódicamente, procedían a deshacer lo hecho lijando algunos de los muebles ya pintados y los volvían a pintar. Ellos explicaron que este sistema de "La Pintada" y "la repintada", permitía lograr una coloración de acuerdo y unánime. No vine a comprender enteramente el asunto, hasta cuando presentaron una voluminosa cuenta en la que, cotizaban varias veces cada repintada, conforme según la interpretación de ellos, al "acuerdo de La Pintada..."

101 años de Panamá América

 
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