Palabras que huelen a Jesús
Con todo respeto, aun cuando reconocemos que este no es un tema lingüístico per se, hacemos un alto en la exposición de motivos de esta índole y dedicamos esta semana nuestra Anotación del lenguaje a palabras y expresiones de carácter religioso relacionadas con este momento de reflexión que vive una parte importante de la humanidad.
No pretendemos sentar cátedra en ningún tema, mucho menos en este, tan profundo, interesante y venerando como desconocido por nosotros.
Lo hacemos como un aporte para nuestros lectores, que tendrán en Internet y en las enciclopedias (siempre y eternamente las enciclopedias), la mejor información y, sobre todo, contarán con el saber inmenso de los teólogos y de los que con empeño se han dedicado al estudio de los temas espirituales.
El doloroso vía crucis
En nuestro vocabulario aparece de continuo la expresión “pasar su propio vía crucis”. Dice el Diccionario que, literalmente, esta locución significa: “camino de la cruz”. Las dos primeras acepciones se refieren exclusivamente al padecimiento de Jesús: “Camino señalado con diversas estaciones de cruces o altares, que se recorre rezando en cada una de ellas, en memoria de los pasos que dio Jesucristo caminando al Calvario ”. 2. “Conjunto de catorce cruces o de catorce cuadros que representan los pasos del Calvario, y se colocan en las paredes de las iglesias”.
Es locución es sólo masculina (el vía crucis) y puede escribirse en dos palabras (con tilde) o en una sola, sin tilde (viacrucis).
Significa, además, “situación de sufrimiento intenso y prolongado” o “trabajo, aflicción continuada que sufre una persona”. Jesús vivió un vía crucis por la humanidad. Nuestra sociedad vive un vía crucis debido a la violencia.
El Calvario
Señala el Diccionario que calvario es “vía crucis”, tal como vimos este término anteriormente.
Pero también, en sentido coloquial, es la “serie o sucesión de adversidades y pesadumbres”.
Cuando se refiere al monte en las afueras de Jerusalén donde se crucificó a Jesús, se escribe con mayúscula. Su nombre en latín era Calvariae Locus (el lugar o sitio de la calavera), y en arameo Gólgota o Golgotha, que literalmente viene a significar la parte de la cabeza despojada de cabello.
Se dice que fue el evangelista Mateo quien lo tradujo al griego como “el lugar del cráneo” por ser este el lugar donde se llevaba a cabo la muerte de los que habían sido condenados a crucifixión.
A propósito de esta palabra (crucifixión), no se debe escribir ni con doble c (por asociación con ficción) y tampoco existe el término crucificación, empleado a veces por error.
Resurrección
Dice la alemana Laura Knäbel, a efectos asistente pastoral de la Misión católica de lengua española en Darmstadt, que la palabra resurrección “tiene su origen en la palabra latina “resurrectio”, que se deriva del verbo “surgere” y que tiene el significado de levantarse”.
No pocas veces, los hablantes, confundidos por la proximidad semántica y fonética entre resurrección y resucitar, emplean, erróneamente, la palabra derivada resucitación, para referirse a este misterio de Cristo.
Sin embargo, hay que tener presente que, tal como lo señala el Diccionario (y como lo ha establecido el uso), resucitación es: “Acción de volver a la vida, con maniobras y medios adecuados, a los seres vivos en estado de muerte aparente”.
De modo, pues, que resurrección y resucitación son términos con definiciones y usos diferentes, aunque tienen en común la palabra resucitar, que aunque el Diccionario no lo restringe al uso religioso, no cabe duda de que en el habla corriente se dice: “Jesús resucitó al tercer día”.
Amén
Explica el Diccionario que la palabra “amén” nos llegó por vía directa del latín, pero que este lo tomó del griego, que a su vez lo había heredado del hebreo.
Significa, de acuerdo con su etimología, “verdaderamente”. En el uso común le damos el sentido de “así sea”.