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Palabras y responsabilidades públicas


Mientras el país sufre sus desventuras, los políticos panameños se adueñan del circo y entretienen al público con hermenéuticas acusaciones, extrañas explicaciones y débiles defensas. Lo que está ocurriendo en Panamá no es un asunto menor, pues lo peor es que pareciera que no podemos resolverlo. Nadie (gobierno u oposición) está dispuesto a asumir responsabilidades por las palabras que hacen públicas. Esta falta de responsabilidad por las palabras es tan grave que crea engaños, falsedades y cuanta manipulación permita el lenguaje. Los panameños están dando muestras de cansancio de que los políticos no se responsabilicen por lo que dicen.

Es posible que el desenlace de estas nuevas convulsiones políticas terminen sólo con un airado cruce de acusaciones y que, al final del episodio, quedará en la amnesia perversa que practican los panameños cuando se enfrascan en discusiones fanáticas y personales. Pero para muchos otros ciudadanos, lo que realmente encubren estas disputas es una peligrosa orfandad de ideas y soluciones a los graves problemas nacionales que está afrontando la mayoría del pueblo.

El clima político se ha enrarecido. Lo que está ocurriendo nos recuerda la historia de la torre de Babel, donde los lenguajes y las palabras se hicieron incomprensibles para los humanos. Al final se convirtió todo en una maldición y una desgracia.

101 años de Panamá América

 
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