"Pallá" no voy
Con el aspecto de la celebración anticipada de la victoria, ya empezó la campaña política auspiciada por la partidocracia. Todo lo invade la bulla, la diatriba, las caravanas, la proliferación de postulaciones, la euforia histérica alimentada por la esperanza de un trabajo, un favor, una dádiva. Posesionados de un espíritu fantasioso, en vez de ser de la gravedad que implica un cambio de gobierno en el futuro de la Nación, los electores de los partidos pilíticos se asemejan a los asistentes de una función de magia, que se sienten defraudados si no son engañados. Así funciona la partidocracia en las democracias tribales.
Analistas y voceros oficiosos discuten entre verdades y mentiras; santifican o desmienten las pompas de jabón de las encuestas y subestiman la importancia del debate como método idóneo para que la ciudadanía pueda tener una visión más creíble de las intenciones y los valores personales de los candidatos.
Es válida la presunción de que los gobiernos anteriores alcanzaron el poder por los desafueros del gobierno saliente, más que por valores propios, y el señor Ricardo Martinelli es ahora el candidato más afortunado, gracias a la ayuda que le ha dado el señor Martín Torrijos y su ejemplar equipo de asesores y colaboradores. Los pueblos anglosajones son orgullosos de haber inventado el hambre, y el gobierno del señor Torrijos debe estarlo por su habilidad para fabricar el descontento popular, regalo que recibe el señor Martinelli sin gastar un centavo.
A los de la tercera edad les ofrecieron B/ 15.00 de aumento en su pensión denigrante, equivalente a cincuenta centavos por día, suma exacta para comprar dos libras de guineos.
Ninguna de las calamidades quepadece el pueblo causa un resentimiento tan hondo como el transporte público. En una ciudad con rascacielos, puentes colosales, centro bancario, canales interoceánicos, en buses mortíferos los panameños son transportados como plátanos; y con la tolerancia de rapaces autoridades que le hacen más daño a su gobierno que a los usuarios, el servicio de taxis está en manos de individuos codiciosos, crueles, inhumanos, indignos de llamarse panameños. Violan todos los reglamentos viales. Se burlan del deber que tienen como operadores de un servicio público, de servir a la sociedad de la cual viven. Negarse a llevar al pasajero puede causar la pérdida de una cita médica, de un trabajo, de un negocio.
Ya el señor Martinelli y el señor Endara no tienen que gastar en vallas, ni cuñas, ni cambiarse los zapatos ni pegar bloques. Sólo tienen que esperar el 3 de mayo, que la ayuda que les da el gobierno poniéndoles un pueblo irritado es una bomba más poderosa que mil vallas y mil cuñas.
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