Panamá, como miembro del Consejo de Seguridad
No cabe duda que es una distinción para nuestro pequeño país ser uno de los integrantes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En el contexto en que esta opción se produjo, la imagen de la Nación se ve reforzada en sus atributos de independencia, apertura al diálogo, pluralismo ideológico y equilibrio político, valores que realzan nuestra condición de miembros responsables de la comunidad internacional.
La pregunta es si internamente, los políticos, los diputados y los ministros se sentirán igualmente vinculados y limitados por los tratados y convenios internacionales, particularmente aquellos que surgen de la Asamblea General de Naciones Unidas. ¿Será que habrá llegado el momento para que se consolide una voluntad política de pleno respeto a los derechos humanos, que significa, entre otras cosas, incorporar los lineamientos de Naciones Unidas al derecho propio, o seguirán los pequeños tiranos nacionales, exigiendo que las leyes panameñas desconozcan los límites que establece la comunidad internacional?
Ser miembro del Consejo de Seguridad no sólo es una distinción, es sobre todo una responsabilidad que hay que asumir dentro y fuera del país. Es una nueva oportunidad para elevar nuestras metas y alcanzar nuevos logros. Pero podría ser también la ocasión para constatar que no existe la voluntad política para emerger de la mentalidad del atraso que lamentablemente se impone con alguna frecuencia por el rejuego de las fuerzas políticas internas. Nuestras felicitaciones al trabajo desempeñado por nuestro embajador en las Naciones Unidas, de quien esperamos que pueda estar a la altura de las enormes expectativas que genera esta honrosa elección y que nos coloca en una posición destacada en el concierto mundial de las naciones.