Panamá: ¿conspiración o crisis política?
En días pasados, un conocido y controvertido personaje de la política criolla señaló que el actual gobernante del país estaba llevando a la sociedad a una guerra civil. La verdad es que me pareció exagerado.
Sin embargo, me puso a reflexionar sobre la realidad del Panamá de hoy, llegando a la conclusión de que en efecto los panameños estamos navegando sobre aguas turbulentas. Soplan algunos vientos que presagian fuertes huracanes y tempestades político-sociales. La realidad político-social y la jurídica-institucional, apuntan hacia una situación de inestabilidad del equilibrio societal que configura una modalidad de lo que el maestro de las superestructuras Antonio Gramsci, en sus cuadernos de cárcel, denominaba o identificaba como crisis orgánica. Se trata de un periodo de la sociedad, en donde la clase dirigente del estado pierde control sobre la sociedad civil y se apoya sobre la sociedad política para mantener su dominación. Más concretamente y específicamente se trata como lo dice el Dr. Pedro Morondé Court, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de imposiciones legitimadas por el procedimiento a contrapelo de la sociedad civil. Esta forma de gobernar en esencia antidemocrática es la que ha caracterizado al régimen del Dr. Pérez Balladares. Su gobernatura se ha apoyado esencialmente en la fuerza que da una mayoría parlamentaria a contrapelo del pueblo panameño.
Hay una cantidad de hechos y situaciones que nos están aproximando a una especie de crisis orgánica. Tengo rato de venir sosteniendo que se requieren introducir a la sociedad, nuevos correlatos políticos, sociales, jurídicos y democráticos, dirigidos a construir un nuevo escenario, donde la relación o correlación gobernados y gobernantes, sea más fluida. La crisis de legitimidad social de la Corte Suprema de Justicia se agrava. El espectáculo que está dando el Ejecutivo con Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, en lo relacionado con la Sala Quinta de la Constitucional y Laboral, agrava los problemas de credibilidad anotadas. Varios magistrados han salido a desmentir las bondades del proyecto de la Nueva Sala. Como si lo anterior fuera poco, la Asamblea Legislativa es un órgano desprestigiado. Estoy seguro que si se hiciera una encuesta sobre este órgano, el porcentaje de descrédito seria altísimo. Es evidente que la partidocracia en nada ayuda a mejorar el sistema democrático nacional. ¿Cómo entonces negar la viabilidad de un nuevo orden jurídico-político? ¿Cómo detractar entonces de una constituyente para abordar sustancialmente la institucionalidad democrática panameña?
Es dentro de este contexto que la sociedad civil no le pareció correcto que el Dr. Pérez Balladares y el Partido Revolucionario Democrático, hayan rechazado compartir un gobierno de unidad nacional. Soy del criterio, que pesaron más los intereses partidarios y no de patria.
Tengo entendido que había un acuerdo verbal entre Martín Torrijos y la presidencia electa, en el sentido de que cualesquiera de los dos que la ganara, impulsaría un gobierno de unidad nacional. ¿Otra vez se impuso la cúpula del PRD?
Todo el panorama arriba descrito trasunta una línea creciente y ascendente peligrosa para la nación y los panameños. Hay que tener mucho cuidado, ya que estas contradicciones si no le plantean correctivos tienden a acumularse y de acuerdo con la ley de acumulación de lo cuantitativo a lo cualitativo, terminan por generar graves crisis. También pueden haber intereses creados y políticos, que calculadamente provocan hechos conflictivos con propósitos determinados, como dice el refrán popular, pescando un río revuelto.
Por otro lado, tenemos el gran reto de perfeccionar nuestro estado nacional. Hay que mirar con mucho cuidado una serie de cabildeos que se vienen dando en los Estados Unidos, que evidentemente de concretarse, mediatizarían nuestro objetivo nacional. No podemos permitir que se manipulen los objetivos y reivindicaciones que en el plano democrático institucional jurídico-político tiene nuestro país, para propósitos antinacionales.
Como podemos observar, la situación panameña trasunta momentos complejos. La clase política pareciera que no tiene conciencia de los objetivos democráticos y nacionales que están planteados como nación y sociedad.
En mi humilde opinión, la realidad actual panameña la caracterizo como delicada. Las confrontaciones están a la vista. Lo anterior reclama mucho más beligerancia social de algunas instituciones que todavía se reservan cuotas importantes de legitimidad social como la iglesia, los grupos independientes, las universidades, los clubes cívicos, etc.
Finalmente, cada vez más el planteamiento de la constituyente, pareciera ser la respuesta a las contradicciones señaladas.
Sin embargo, me puso a reflexionar sobre la realidad del Panamá de hoy, llegando a la conclusión de que en efecto los panameños estamos navegando sobre aguas turbulentas. Soplan algunos vientos que presagian fuertes huracanes y tempestades político-sociales. La realidad político-social y la jurídica-institucional, apuntan hacia una situación de inestabilidad del equilibrio societal que configura una modalidad de lo que el maestro de las superestructuras Antonio Gramsci, en sus cuadernos de cárcel, denominaba o identificaba como crisis orgánica. Se trata de un periodo de la sociedad, en donde la clase dirigente del estado pierde control sobre la sociedad civil y se apoya sobre la sociedad política para mantener su dominación. Más concretamente y específicamente se trata como lo dice el Dr. Pedro Morondé Court, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de imposiciones legitimadas por el procedimiento a contrapelo de la sociedad civil. Esta forma de gobernar en esencia antidemocrática es la que ha caracterizado al régimen del Dr. Pérez Balladares. Su gobernatura se ha apoyado esencialmente en la fuerza que da una mayoría parlamentaria a contrapelo del pueblo panameño.
Hay una cantidad de hechos y situaciones que nos están aproximando a una especie de crisis orgánica. Tengo rato de venir sosteniendo que se requieren introducir a la sociedad, nuevos correlatos políticos, sociales, jurídicos y democráticos, dirigidos a construir un nuevo escenario, donde la relación o correlación gobernados y gobernantes, sea más fluida. La crisis de legitimidad social de la Corte Suprema de Justicia se agrava. El espectáculo que está dando el Ejecutivo con Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, en lo relacionado con la Sala Quinta de la Constitucional y Laboral, agrava los problemas de credibilidad anotadas. Varios magistrados han salido a desmentir las bondades del proyecto de la Nueva Sala. Como si lo anterior fuera poco, la Asamblea Legislativa es un órgano desprestigiado. Estoy seguro que si se hiciera una encuesta sobre este órgano, el porcentaje de descrédito seria altísimo. Es evidente que la partidocracia en nada ayuda a mejorar el sistema democrático nacional. ¿Cómo entonces negar la viabilidad de un nuevo orden jurídico-político? ¿Cómo detractar entonces de una constituyente para abordar sustancialmente la institucionalidad democrática panameña?
Es dentro de este contexto que la sociedad civil no le pareció correcto que el Dr. Pérez Balladares y el Partido Revolucionario Democrático, hayan rechazado compartir un gobierno de unidad nacional. Soy del criterio, que pesaron más los intereses partidarios y no de patria.
Tengo entendido que había un acuerdo verbal entre Martín Torrijos y la presidencia electa, en el sentido de que cualesquiera de los dos que la ganara, impulsaría un gobierno de unidad nacional. ¿Otra vez se impuso la cúpula del PRD?
Todo el panorama arriba descrito trasunta una línea creciente y ascendente peligrosa para la nación y los panameños. Hay que tener mucho cuidado, ya que estas contradicciones si no le plantean correctivos tienden a acumularse y de acuerdo con la ley de acumulación de lo cuantitativo a lo cualitativo, terminan por generar graves crisis. También pueden haber intereses creados y políticos, que calculadamente provocan hechos conflictivos con propósitos determinados, como dice el refrán popular, pescando un río revuelto.
Por otro lado, tenemos el gran reto de perfeccionar nuestro estado nacional. Hay que mirar con mucho cuidado una serie de cabildeos que se vienen dando en los Estados Unidos, que evidentemente de concretarse, mediatizarían nuestro objetivo nacional. No podemos permitir que se manipulen los objetivos y reivindicaciones que en el plano democrático institucional jurídico-político tiene nuestro país, para propósitos antinacionales.
Como podemos observar, la situación panameña trasunta momentos complejos. La clase política pareciera que no tiene conciencia de los objetivos democráticos y nacionales que están planteados como nación y sociedad.
En mi humilde opinión, la realidad actual panameña la caracterizo como delicada. Las confrontaciones están a la vista. Lo anterior reclama mucho más beligerancia social de algunas instituciones que todavía se reservan cuotas importantes de legitimidad social como la iglesia, los grupos independientes, las universidades, los clubes cívicos, etc.
Finalmente, cada vez más el planteamiento de la constituyente, pareciera ser la respuesta a las contradicciones señaladas.