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Panamá: crisis moral e institucional (II)


ACABAMOS DE conmemorar un aniversario más de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y, en un país como el nuestro, donde la falsificación de valores y la doble moral es moneda de curso oficial y corriente, y donde el poder político se niega a que se le racionalice el ejercicio del poder y aborrece someterse a la Ley, los ciudadanos tenemos la obligación de combatir los extremos del privilegio y la marginación que hacen peligrar la cohesión y supervivencia de la sociedad. Los ciudadanos debemos actuar como centinelas permanentes contra la acumulación irrestricta de riquezas, el uso del poder sin frenos ni contrapesos, la apropiación arbitraria del fruto del esfuerzo ajeno. Debemos defender plenamente nuestras libertades, asumir nuestros deberes.
Debemos entonces imponernos la tarea de caminar hacia un mínimo común denominador que nos permita sentar las bases para una ética ciudadana: a mejores personas, mejores instituciones.
Para ello se requiere entonces:
  1. Combatir y erradicar los vacios éticos que continúan permitiéndole -a quienes usufructuan el poder- no responder por sus actos y aumentar la impunidad. Tomemos en cuenta que, ubicados en el sector público, "el vacío ético también significa injusticia, menos alimentación, salud, educación o vivienda para quienes la necesitan".

  2. Rechazar el doble discurso o dualidad ética que le permite a las cúpula de poder predicar una cosa que contradicen o ignoran en la práctica. v.gr.: Los funcionarios que utilizan su autoridad y sus atribuciones en beneficio propio.

  3. repudiar el seguimiento de valores por conveniencia que les lleva a abandonar el deber ser por el "hacer lo que se puede". Y luego, se valen de los mecanismos de poder para ayudar a determinados grupos de interés dejando de lado los valores sociales de equidad, igualdad, libertad y solidaridad.


Recordemos que el político profesional, aunque todavía conserva el poder, ha perdido el papel de orientador. Al sufrir en carne propia la amnesia de los políticos principistas, el ciudadano se ha vuelto cada vez más desconfiado. Esa desconfianza aumenta a raíz de la falta de valores y sirve de cantera a la crisis moral e institucional que se expresa también en la ausencia de controles con los que pueda contar el ciudadano para poder actuar como tal.
De ahí que, aun cuando los ciudadanos estemos llamados a recordarles diariamente a todos los funcionarios sin excepción, incluyendo al presidente de la República, que les está terminantemente prohibido la utilización de los recursos del Estado, muy contados lo hacen. No podemos dejar de insistir en que no debemos permitir que la carencia de una estructura legal adecuada, ni que reglas del juego poco claras y estables, así como la falta de un derecho administrativo coherente nos impidan actuar como ciudadanos vigilantes de nuestros derechos y libertades para combatir problemas éticos e institucionales como: los privilegios, la impunidad, los monopolios, los impuestos, la intervención en los medios de comunicación, la influencia en la designación de jueces y magistrados, la remilitarización, el manejo del Canal la prioridad de los partidos y, en particular, del partido gobernante. Actuemos en tanto que ciudadanos contra las deficiencias y ausencia de transparencia en el funcionamiento de instituciones fundamentales de la estructura legal como el el Organo Judicial, el Legislativo, el Ejecutivo, el Tribunal Electoral, el Ministerio Público, la Contraloría y, poder así afianzar nuestro poder ciudadano y reducir las condiciones para la existencia de la corrupción y la impunidad.
Recordemos siempre que "la política es el vínculo entre el proyecto y la realidad. Es la rebeldía de la razón frente a la supuesta fatalidad de los hechos y la afirmación de la voluntad sobre el curso de la historia". Seamos, entonces, centinelas ciudadanos en estado de alerta permanente contra la corrupción, contra la imposición, y contra el continuismo. Asumamos nuestra realidad pero para cambiarla.
Quinto, deben entender que reunificar a los Panameñistas demandará de serias rectificaciones y reparaciones morales hacia muchas figuras cimeras del panameñismo ortodoxo (Guillermo Endara, Alberto Vallarino, Alejandro Posse, entre muchos otros), que fueron denostados y separados en una forma bastante innoble. Todos deben volver al seno de este Partido, sin condiciones y por la puerta ancha.
Como han dicho los autores mencionados al principio, solamente la Unidad puede garantizar la renovación y la regeneración de un Partido Panameñista Auténtico. Pero esa Unidad tiene que ser real y darse sobre bases serias, de compromiso programático y de honestidad intelectual y moral.
Solo así se podría hablar del eventual renacimiento de un partido capaz de contender por el poder y de instaurar un verdadero gobierno popular y democrático en el 2009, eficiente, honesto y con visión social, según los postulados del Doctor Arnulfo Arias.
(luis.wong@lycosmail.com)

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