Panamá cumplió a lo grande
Todas las expectativas fueron desbordadas y todos los temores quedaron disipados. La Décima Cumbre fue un éxito total, comenzando por la feliz iniciativa de escoger el tema de la niñez y de la juventud como el motivo guía de esta nueva cita de los jefes de Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos.
Con anterioridad a nuestra cumbre, los máximos dirigentes de los países que conforman esta comunidad de naciones unidas por la historia y por su identidad común, se reunieron para reflexionar, entre otros temas, sobre la democracia, la globalización, el intercambio comercial, la igualdad o el desarrollo. Sin embargo, se venía olvidando destacar que los destinatarios principales de todos los esfuerzos que podamos realizar para garantizar una vida plena y digna a los habitantes de nuestra comunidad de naciones iberoamericanas deben ser nuestros niños y jóvenes.
El futuro de nuestros pueblos pertenece a nuestros niños y niñas. El deber de quienes ejercemos, en el campo público o en el privado, las responsabilidades que ellos desempeñarán mañana es crear las condiciones que les permitan asumir el relevo que les corresponde por ley biológica con la capacidad física y la preparación intelectual que demandan los retos de un mundo cada vez más globalizado y cada vez más interdependiente.
Nuestra presidenta acertó al proponer como motivo guía de la Décima Cumbre, los problemas de nuestros niños y adolescentes, y los resultados obtenidos así lo comprueban. Los mandatarios de Iberoamérica se han fijado como meta que para el año 2015 todos los niños de nuestra región tengan acceso a educación gratuita a las edades en que deben iniciarla y también ratificaron su decisión de redoblar esfuerzos para seguir superando todos los problemas que afectan a nuestros niños y jóvenes.
En su discurso inaugural, la Presidenta de la República recalcó que aunque desde la primera cumbre celebrada en Guadalajara, hace diez años, se han registrado avances significativos en la protección de nuestra niñez, todavía queda un largo camino por recorrer. Las dramáticas cifras en las que centró su discurso el presidente Castro, sirvieron para recordarnos la magnitud del reto que enfrentamos, antes de poder erradicar la desnutrición, las enfermedades, la falta de servicios básicos, la prostitución y el trabajo infantil que privan a millones de niños de nuestro continente del futuro que merecen.
Importante también fue la declaración especial de apoyo a la demanda panameña de que los Estados Unidos cumplan con su obligación de descontaminar de desechos bélicos y tóxicos todas las áreas utilizadas por sus fuerzas militares para maniobras de guerra durante el tiempo que permanecieron en nuestro territorio.
Y si a esos logros específicos sumamos el extraordinario significado que para nuestra tradición y vocación bolivariana ha tenido el magnífico gesto de desprendimiento realizado por el gobierno del Brasil al devolver a su hogar de origen las Actas del Congreso Anfictiónico de 1826, podemos sentirnos orgullosos de la jornada que como país hemos cumplido.
Todo lo relatado puede inscribirse en la columna del haber, pero la Cumbre no estuvo exenta de aquellas situaciones que tradicionalmente sirven para alimentar los titulares de prensa. Algunas positivas como el periplo de la espada del Liberador, que durante los días del evento pudo reposar en el salón que fue escenario del embrión de todos los esfuerzos que venimos realizando por alcanzar la unidad de nuestros pueblos. Pero hubo también otras negativas y hasta desagradables que, afortunadamente, no pasaron de ser sólo titulares pasajeros. A estas últimas, si encuentro el estado de ánimo adecuado, me referiré en algún artículo posterior. Por ahora me parece que no deben competir ni empañar el resultado que importa: la Cumbre fue un éxito y Panamá cumplió a lo grande.
Con anterioridad a nuestra cumbre, los máximos dirigentes de los países que conforman esta comunidad de naciones unidas por la historia y por su identidad común, se reunieron para reflexionar, entre otros temas, sobre la democracia, la globalización, el intercambio comercial, la igualdad o el desarrollo. Sin embargo, se venía olvidando destacar que los destinatarios principales de todos los esfuerzos que podamos realizar para garantizar una vida plena y digna a los habitantes de nuestra comunidad de naciones iberoamericanas deben ser nuestros niños y jóvenes.
El futuro de nuestros pueblos pertenece a nuestros niños y niñas. El deber de quienes ejercemos, en el campo público o en el privado, las responsabilidades que ellos desempeñarán mañana es crear las condiciones que les permitan asumir el relevo que les corresponde por ley biológica con la capacidad física y la preparación intelectual que demandan los retos de un mundo cada vez más globalizado y cada vez más interdependiente.
Nuestra presidenta acertó al proponer como motivo guía de la Décima Cumbre, los problemas de nuestros niños y adolescentes, y los resultados obtenidos así lo comprueban. Los mandatarios de Iberoamérica se han fijado como meta que para el año 2015 todos los niños de nuestra región tengan acceso a educación gratuita a las edades en que deben iniciarla y también ratificaron su decisión de redoblar esfuerzos para seguir superando todos los problemas que afectan a nuestros niños y jóvenes.
En su discurso inaugural, la Presidenta de la República recalcó que aunque desde la primera cumbre celebrada en Guadalajara, hace diez años, se han registrado avances significativos en la protección de nuestra niñez, todavía queda un largo camino por recorrer. Las dramáticas cifras en las que centró su discurso el presidente Castro, sirvieron para recordarnos la magnitud del reto que enfrentamos, antes de poder erradicar la desnutrición, las enfermedades, la falta de servicios básicos, la prostitución y el trabajo infantil que privan a millones de niños de nuestro continente del futuro que merecen.
Importante también fue la declaración especial de apoyo a la demanda panameña de que los Estados Unidos cumplan con su obligación de descontaminar de desechos bélicos y tóxicos todas las áreas utilizadas por sus fuerzas militares para maniobras de guerra durante el tiempo que permanecieron en nuestro territorio.
Y si a esos logros específicos sumamos el extraordinario significado que para nuestra tradición y vocación bolivariana ha tenido el magnífico gesto de desprendimiento realizado por el gobierno del Brasil al devolver a su hogar de origen las Actas del Congreso Anfictiónico de 1826, podemos sentirnos orgullosos de la jornada que como país hemos cumplido.
Todo lo relatado puede inscribirse en la columna del haber, pero la Cumbre no estuvo exenta de aquellas situaciones que tradicionalmente sirven para alimentar los titulares de prensa. Algunas positivas como el periplo de la espada del Liberador, que durante los días del evento pudo reposar en el salón que fue escenario del embrión de todos los esfuerzos que venimos realizando por alcanzar la unidad de nuestros pueblos. Pero hubo también otras negativas y hasta desagradables que, afortunadamente, no pasaron de ser sólo titulares pasajeros. A estas últimas, si encuentro el estado de ánimo adecuado, me referiré en algún artículo posterior. Por ahora me parece que no deben competir ni empañar el resultado que importa: la Cumbre fue un éxito y Panamá cumplió a lo grande.