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Panamá: el país que crece de noche


Cuando yo, con mis ímpetus juveniles, le exteriorizaba a mi suegro, Eduardo Morgan, mis preocupaciones por el futuro de Panamá, me contestaba siempre con mucho convencimiento: "El país, hijo, a pesar de todo lo que hagamos por perjudicarlo va creciendo noche a noche". Sus palabras entrañaban una gran realidad.
Panamá, en estos cien años de vida independiente, ha podido superar muchos obstáculos de diversas índoles que afectaban su desarrollo.
Hemos tenido gobiernos malos, muy malos y mediocres. Pocos relativamente buenos.
Nos hemos sobrepuesto a condiciones políticas y desafueros periódicos de regímenes militares, golpes de Estado, paquetazos electorales para imponer candidaturas, no solamente presidenciales, sino de legisladores y de concejales.
Los "pie de guerra" de ayer y los "batallones de la dignidad" de reciente data quedaron, afortunadamente, atrás.
Hemos soportado innumerables atracos a las finanzas públicas y la vigencia de la inmunidad e impunidad de funcionarios.
Superamos la rotura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos y una invasión de ese país.
Pasamos por dos guerras mundiales y varias crisis económicas, recesiones e inflaciones mayores de dos dígitos. Negociamos cuatro tratados y varios proyectos de los mismos antes de lograr nuestra plena soberanía en lo que fue la antigua Zona del Canal.
En fin, la historia panameña está llena de contradicciones; pero siempre hemos podido con voluntad y determinación imponernos sobre nuestros propios errores.
Sin remontarnos mucho al pasado y deteniéndonos, haciendo un paréntesis en el presente, tenemos que el gobierno que terminó el 31 de agosto no pudo ser peor. El desorden fiscal, la corrupción generalizada y la falta de una visión desarrollista tendiente a mejorar las condiciones de todas las capas de nuestra sociedad, fueron algunas de sus características.
A pesar de todo lo negativo que estos cinco años representaron al país, como decía mi suegro: "Panamá creció de noche".
La actividad privada continuó desarrollándose, venciendo muchos de los obstáculos impuestos por el sector público.
Nuestro producto interno bruto de B/. 4.1, representó un crecimiento económico muy saludable y superior a cualquier país del área centroamericana e inclusive, de nuestra vecina Colombia.
Muchos se preguntarán a qué se debe ese despunte económico. Pienso, sin ser economista, ni profundizar en el tema, que a dos cosas: Una, el sistema democrático en que hemos vivido en los últimos quinquenios; y la otra, a que el empresario panameño ha llegado convencerse de que no necesita del paternalismo estatal para desarrollarse. Unicamente el empresario aspira a que lo dejen solo, que no haya injerencias estatales en sus asuntos que limiten el crecimiento de sus negocios.
Mientras el país mantenga su estabilidad política y los ciudadanos tengamos seguridad, "Panamá seguirá creciendo de noche".

101 años de Panamá América

 
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