Panamá en el abismo
NOS PARECE que todavía podemos insistir en el tema, de manera global y con intenciones de que algún grupo patriótico proponga analizar nuestros problemas colectivos con imparcialidad profunda, a fin de esbozar un programa nacional de rectificaciones.
Cualquier observador de la realidad colectiva panameña, que no quiera llamarse a engaño, sabe que estamos viviendo una etapa de crisis abismal. No se trata de unos días, de unos meses, de unos cuantos años, sino del punto evolutivo final a que hemos llegado, tras casi setenta años de acumulaciones de fallas, como Nación y como Estado, que ahora alcanzan una lógica etapa de abultamiento de problemas nacionales, de realidades trágicas, de males gregarios, que ya pesan sobre toda la población panameña, sin que ningún grupo, ningún partido político, ni quiere ni puede pensar en grande y estudiar colectivamente, con nuestras personalidades señeras y conocedoras, cada cual en su ámbito de experiencias y conocimientos, en proponerse y proponerle al país un programa objetivo, para iniciar el sendero de las grandes medidas indispensables.
Esta crisis, que seguimos calificando de abismal, se inició aquí en los años de la segunda guerra mundial, pasado el primer tercio del siglo XX, a la par que todo el país había sido heredero del modo de vida colombiano, que no pudimos superar y que se disolvió con la muerte de líderes sociales y políticos que empujaron e hicieron avanzar un poco el establecimiento de la nueva República, pero que naufragaron por falta de la visión indispensable para estructurar el nuevo país que realmente necesitábamos. La horrorosa guerra universal dejó el camino preparado para que nuestro país comenzara a perderse, a profundidades, por la cuerda floja en que hoy agonizamos, porque ya en 1941, en 1948 y en 1949, la crisis total comenzaba a imponer sus despeñaderos, sin que nadie se preocupara en el intento de segar sus primeros retoños. Venimos acumulando putrefacciones, con el asesinato del Presidente Remón y otros fenómenos dolorosos parecidos, hasta que la crisis acumulada de aquella época culminó en el golpe policíaco de 1968, cuando el poder caía de las manos concupiscentes de los políticos y sus partidos, en la garra de un grupo de primerizos con pistola al cinto, que ya hicieron del asesinato, del peculado, del robo, del nepotismo, sus métodos embriagados de ejercer el poder político y conducir a cualquier parte la vida nacional. Ello presagiaba duros finales, como fueron la narcodictadura norieguista y la invasión militar norteamericana, porque la protesta popular comenzó a ensangrentarse, sin más "solución rápida", como ocurrió con la invasión yanki de 1989. Durante esos largos y penosos años (1968-1989) se profundizaron nuestras aberraciones políticas y nuestros problemas colectivos, que trajeron poco y firmemente a la República, a la crisis honda en que hoy se encuentra crucificada, porque la partidocracia imperante no ha podido, ni quiere, ni podrá remediarla parcialmente, porque sus propósitos y sus hechos están distantes y son distintos a la regeneración nacional necesaria.
Los medios de comunicación denuncian al unísono los males agitantes de la superficie, que estallan sobre nuestras cabezas, pero no profundizan, ni la realidad problemática ni sus raíces generadoras. El camino de la rectificación nacional no está en los métodos gastados de gobierno, que continúan en un naufragio ya lento, ya rápido y sin esperanzas.
Nosotros consideramos que un grupo de intelectuales patriotas que se proponga analizar con sus luces y talentos la tragedia colectiva que nos abruma desde 1989 hasta los días presentes, podría ser el inicio de la era indispensable de soluciones cada vez impostergables, para evitar días, meses y años más trágicos. Aquí viven todavía muchos panameños, con una visión cierta de nuestra problemática nacional, que deberían unir sus esfuerzos de análisis, para mostrar un camino certero a todo nuestro pueblo.
Creemos que actualmente el grupo con más experiencia revisionista es APEDE, pero sin su sectarismo neófito, que les hace pedir a los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia que renuncien, porque era claro que ni ellos, ni los "nuevos" Diputados, ni la partidocracia dominante, están dispuestos a renunciar a nada, mientras la corrupción, los gobiernos sectarios, atracadores, de "compañeritos pío pío", "la democracia quinquenal" totalmente desacreditadas hoy más que nunca, continúan como factores determinantes y perpetuos del poder político nativo. Pensemos que el pésimo ejemplo de la Caja de Seguro Social es el destino que se ha impuesto y que continuará señoreando nuestra agonía lenta y trágica, si continuamos cruzados de brazos. Organicemos el verdadero Gran Diálogo que necesitamos y que sólo mentes con visión nacional podrían llevar a cabo, como primer paso orgánico. Si no comenzamos por el principio sabio y lógico, la debacle nacional continuará siendo el doloroso destino de todo nuestro pueblo.
Cualquier observador de la realidad colectiva panameña, que no quiera llamarse a engaño, sabe que estamos viviendo una etapa de crisis abismal. No se trata de unos días, de unos meses, de unos cuantos años, sino del punto evolutivo final a que hemos llegado, tras casi setenta años de acumulaciones de fallas, como Nación y como Estado, que ahora alcanzan una lógica etapa de abultamiento de problemas nacionales, de realidades trágicas, de males gregarios, que ya pesan sobre toda la población panameña, sin que ningún grupo, ningún partido político, ni quiere ni puede pensar en grande y estudiar colectivamente, con nuestras personalidades señeras y conocedoras, cada cual en su ámbito de experiencias y conocimientos, en proponerse y proponerle al país un programa objetivo, para iniciar el sendero de las grandes medidas indispensables.
Esta crisis, que seguimos calificando de abismal, se inició aquí en los años de la segunda guerra mundial, pasado el primer tercio del siglo XX, a la par que todo el país había sido heredero del modo de vida colombiano, que no pudimos superar y que se disolvió con la muerte de líderes sociales y políticos que empujaron e hicieron avanzar un poco el establecimiento de la nueva República, pero que naufragaron por falta de la visión indispensable para estructurar el nuevo país que realmente necesitábamos. La horrorosa guerra universal dejó el camino preparado para que nuestro país comenzara a perderse, a profundidades, por la cuerda floja en que hoy agonizamos, porque ya en 1941, en 1948 y en 1949, la crisis total comenzaba a imponer sus despeñaderos, sin que nadie se preocupara en el intento de segar sus primeros retoños. Venimos acumulando putrefacciones, con el asesinato del Presidente Remón y otros fenómenos dolorosos parecidos, hasta que la crisis acumulada de aquella época culminó en el golpe policíaco de 1968, cuando el poder caía de las manos concupiscentes de los políticos y sus partidos, en la garra de un grupo de primerizos con pistola al cinto, que ya hicieron del asesinato, del peculado, del robo, del nepotismo, sus métodos embriagados de ejercer el poder político y conducir a cualquier parte la vida nacional. Ello presagiaba duros finales, como fueron la narcodictadura norieguista y la invasión militar norteamericana, porque la protesta popular comenzó a ensangrentarse, sin más "solución rápida", como ocurrió con la invasión yanki de 1989. Durante esos largos y penosos años (1968-1989) se profundizaron nuestras aberraciones políticas y nuestros problemas colectivos, que trajeron poco y firmemente a la República, a la crisis honda en que hoy se encuentra crucificada, porque la partidocracia imperante no ha podido, ni quiere, ni podrá remediarla parcialmente, porque sus propósitos y sus hechos están distantes y son distintos a la regeneración nacional necesaria.
Los medios de comunicación denuncian al unísono los males agitantes de la superficie, que estallan sobre nuestras cabezas, pero no profundizan, ni la realidad problemática ni sus raíces generadoras. El camino de la rectificación nacional no está en los métodos gastados de gobierno, que continúan en un naufragio ya lento, ya rápido y sin esperanzas.
Nosotros consideramos que un grupo de intelectuales patriotas que se proponga analizar con sus luces y talentos la tragedia colectiva que nos abruma desde 1989 hasta los días presentes, podría ser el inicio de la era indispensable de soluciones cada vez impostergables, para evitar días, meses y años más trágicos. Aquí viven todavía muchos panameños, con una visión cierta de nuestra problemática nacional, que deberían unir sus esfuerzos de análisis, para mostrar un camino certero a todo nuestro pueblo.
Creemos que actualmente el grupo con más experiencia revisionista es APEDE, pero sin su sectarismo neófito, que les hace pedir a los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia que renuncien, porque era claro que ni ellos, ni los "nuevos" Diputados, ni la partidocracia dominante, están dispuestos a renunciar a nada, mientras la corrupción, los gobiernos sectarios, atracadores, de "compañeritos pío pío", "la democracia quinquenal" totalmente desacreditadas hoy más que nunca, continúan como factores determinantes y perpetuos del poder político nativo. Pensemos que el pésimo ejemplo de la Caja de Seguro Social es el destino que se ha impuesto y que continuará señoreando nuestra agonía lenta y trágica, si continuamos cruzados de brazos. Organicemos el verdadero Gran Diálogo que necesitamos y que sólo mentes con visión nacional podrían llevar a cabo, como primer paso orgánico. Si no comenzamos por el principio sabio y lógico, la debacle nacional continuará siendo el doloroso destino de todo nuestro pueblo.