Panamá en Exposición Universal de Turismo
El próximo 1" de junio abrirá sus puertas la Exposición Universal de Turismo, en Hannover, Alemania, en donde Panamá estará presente con un pabellón que destacará nuestro Canal, su riqueza ecológica y los recursos folclóricos del interior del país. Obviamente, se mostrará también parte de nuestras facilidades hoteleras, islas y playas.
Se estima que 40 millones de personas acudirán a la colosal exposición, donde al menos 15 mil, visitarán el pabellón panameño, cuya responsabilidad recae en el comisionado Manuel J. Ciervide Laceyo. El mismo contará con una muestra de nuestras flores y fauna, las Esclusas de Miraflores, un pueblito interiorano, bailes y artesanías nacionales.
Panamá debe mirar seriamente al turismo como puntal estratégico complementario de otras áreas tradicionales, que por distintas causas muestran agotamiento o pasan por momentos difíciles.
La Zona Libre, por ejemplo, no está bien; el centro de servicios está en su límite; la banca requiere modernizarse para poder crecer; y el mercado interno se ha contraído.
Nos quedan sin embargo dos áreas prometedoras. Una es el sector marítimo, con sus modernos puertos terminales y centros de trasbordo; y el otro es precisamente el turismo. El primero está ya en pleno crecimiento, más no así el segundo. Por el contrario, los índices de ocupación de la infraestructura hotelera del país denota que su capacidad está subutilizada por la sencilla razón de que hay que atraer más turistas.
Están en lo cierto, quienes sostienen que Panamá no tiene sino un turismo incipiente, desde el momento que los 200 millones de personas que ingresan al país procedente del extranjero, aunque se cuenten como turistas, no son sino gente de negocios o meros compradores de las mercancías que se ofrecen en la Zona Libre y los establecimientos comerciales del área metropolitana. No es turismo propiamente tal.
Otra realidad conocida es que los hoteles no son una atracción de por sí, sino sitios donde se alojan los potenciales turistas. Estos a su vez requieren de atracciones concretas que les incentiven a venir a Panamá, a un costo razonable.
Los sitios de atracción existentes son muy limitados en su capacidad e infraestructura, hasta el punto que, en la ciudad de Panamá es humanamente imposible atender un crucero mediano de 2,000 turistas en un momento dado, sin el temor de colapsar por congestión cualquier lugar que visite. El ingenio los hace dividirlos en pequeños grupos, empleando todas las agencias disponibles, en complicada y coordinada rotación por los distintos sitios de atracción. Pero hacer lo mismo es mucho más difícil en el interior del país.
Lo positivo, no obstante, es que el potencial de crecimiento turístico existe; pero requerimos más esfuerzo e inversión en infraestructuras. Otros países han podido y nosotros también podemos. Más se requiere de un esfuerzo estratégico del gobierno y la empresa privada.
Se estima que 40 millones de personas acudirán a la colosal exposición, donde al menos 15 mil, visitarán el pabellón panameño, cuya responsabilidad recae en el comisionado Manuel J. Ciervide Laceyo. El mismo contará con una muestra de nuestras flores y fauna, las Esclusas de Miraflores, un pueblito interiorano, bailes y artesanías nacionales.
Panamá debe mirar seriamente al turismo como puntal estratégico complementario de otras áreas tradicionales, que por distintas causas muestran agotamiento o pasan por momentos difíciles.
La Zona Libre, por ejemplo, no está bien; el centro de servicios está en su límite; la banca requiere modernizarse para poder crecer; y el mercado interno se ha contraído.
Nos quedan sin embargo dos áreas prometedoras. Una es el sector marítimo, con sus modernos puertos terminales y centros de trasbordo; y el otro es precisamente el turismo. El primero está ya en pleno crecimiento, más no así el segundo. Por el contrario, los índices de ocupación de la infraestructura hotelera del país denota que su capacidad está subutilizada por la sencilla razón de que hay que atraer más turistas.
Están en lo cierto, quienes sostienen que Panamá no tiene sino un turismo incipiente, desde el momento que los 200 millones de personas que ingresan al país procedente del extranjero, aunque se cuenten como turistas, no son sino gente de negocios o meros compradores de las mercancías que se ofrecen en la Zona Libre y los establecimientos comerciales del área metropolitana. No es turismo propiamente tal.
Otra realidad conocida es que los hoteles no son una atracción de por sí, sino sitios donde se alojan los potenciales turistas. Estos a su vez requieren de atracciones concretas que les incentiven a venir a Panamá, a un costo razonable.
Los sitios de atracción existentes son muy limitados en su capacidad e infraestructura, hasta el punto que, en la ciudad de Panamá es humanamente imposible atender un crucero mediano de 2,000 turistas en un momento dado, sin el temor de colapsar por congestión cualquier lugar que visite. El ingenio los hace dividirlos en pequeños grupos, empleando todas las agencias disponibles, en complicada y coordinada rotación por los distintos sitios de atracción. Pero hacer lo mismo es mucho más difícil en el interior del país.
Lo positivo, no obstante, es que el potencial de crecimiento turístico existe; pero requerimos más esfuerzo e inversión en infraestructuras. Otros países han podido y nosotros también podemos. Más se requiere de un esfuerzo estratégico del gobierno y la empresa privada.