Panamá en la lucha contra la corrupción
CON SATISFACCIÓN he recibido el anuncio dado por nuestro Canciller en la Asamblea General de la OEA donde señala que Panamá es el primer país del hemisferio en adherirse a la decisión del Organismo de canalizar todos los esfuerzos para combatir la corrupción, y declarar al 2006 como año de la lucha contra este flagelo que carcome los cimientos de nuestra sociedad.
Esta iniciativa la apruebo y la estimulo como ciudadano para que las estrategias por parte de la administración gubernamental tengan, como bien lo ha señalado nuestro ministro de Relaciones Exteriores, la "actitud vigilante y permanente" que se requiere.
Estudiosos del tema como Owoye y Bendardaf puntualizan que la corrupción afecta directamente el crecimiento del PIB, ya que la oferta y demanda agregada son vulnerables al llamado factor corrupción como lo demuestran sus modelos macroeconómicos. De igual forma, investigadores de la talla de Rose-Ackerman califican la corrupción como la causa de la inestabilidad de los gobiernos de renta baja; estudios del PNUD abren el compás no sólo a los llamados niveles de percepción de la corrupción a la usanza de Transparencia Internacional, sino que la califican como una de las variables utilizadas en sus estudios empíricos para medir los niveles de bienestar de los distintos países.
Panamá, al ser el primero en responder a este llamado, demuestra un alto grado de responsabilidad al poner en marcha de forma inmediata todos los mecanismos y estructuras que promuevan la lucha contra la corrupción, el discurso tiene que ser consecuente con la acción.
Es una falacia esperar resultados espontáneos, requerimos trabajo constante; por lo cual para obtener respuestas a mediano plazo, debemos mejorar los mecanismos que no nos permitan cometer actos ílícitos; debemos suscribir tratados y acuerdos internacionales y velar para que las normas jurídicas sean eficaces y proporcionales, y que su alcance sancione sin distinción alguna al funcionario, al político y al empresario con sus correspondientes agravantes; pero si la sanción fuera suficiente por sí misma no habrían actos ilícitos, se requiere que esté casada con mayor rendición de cuentas, una gestión transparente permite que todos los Órganos de la maquinaria estatal trabajen, como bien lo establece la ciencia política clásica, de forma independiente, mas en armoniosa cooperación. La transparencia en la gestión gubernamental debe ser fiscalizada por instituciones que aunque pertenezcan al gobierno de turno no le deban su puesto al gobernante del momento; en otras palabras, se deben mejorar los sistemas de contratación, y como bien lo estipula nuestra Constitución, tener carreras administrativas que motiven la función del agente público con estabilidad y remuneración digna acorde a su desempeño.
Lo anterior nos motiva a cuestionarnos sobre si tenemos grupos fiscalizadores. ¿Quién fiscaliza al fiscalizador? Allí es donde entra el papel de la sociedad civil, piedra angular en el combate de todo acto de corrupción, para ello es necesario que la ciudadanía lo valore como un mal social. Sin embargo, tipificar dichas conductas con sanciones penales y administrativas y, aumentar el control es sólo una pequeña parte en la estructura de la lucha y prevención. Si queremos resultados que trasciendan un periodo determinado en el calendario, las cúpulas de los poderes del Estado deben limpiarse desde dentro, sanear su imagen, porque "cuando el río suena es porque piedras trae". Todos somos conocedores de los escándalos recientes, muchos de ellos han llegado a la jurisdicción ordinaria, pero solamente han servido para aumentar la capacidad de los archivos judiciales, por esta razón tenemos un pueblo ávido de resultados.
El lastre de la corrupción debe combatirse con educación, una enseñanza integral y formal de las futuras generaciones en sus respectivas aulas, y otra, un tanto informal, pero de suma importancia, basada en el ejemplo de nuestros líderes.
El mensaje debe ser claro para que todos entendamos que la época del "juega vivo" ha quedado atrás para siempre.
La buena intensión comunicada al foro internacional debe verse reflejada en casa, con pasos seguros pero firmes. Somos conscientes de que no hay una sola solución, pero sí una sola posición: "Tolerancia cero frente a la corrupción".
Esta iniciativa la apruebo y la estimulo como ciudadano para que las estrategias por parte de la administración gubernamental tengan, como bien lo ha señalado nuestro ministro de Relaciones Exteriores, la "actitud vigilante y permanente" que se requiere.
Estudiosos del tema como Owoye y Bendardaf puntualizan que la corrupción afecta directamente el crecimiento del PIB, ya que la oferta y demanda agregada son vulnerables al llamado factor corrupción como lo demuestran sus modelos macroeconómicos. De igual forma, investigadores de la talla de Rose-Ackerman califican la corrupción como la causa de la inestabilidad de los gobiernos de renta baja; estudios del PNUD abren el compás no sólo a los llamados niveles de percepción de la corrupción a la usanza de Transparencia Internacional, sino que la califican como una de las variables utilizadas en sus estudios empíricos para medir los niveles de bienestar de los distintos países.
Panamá, al ser el primero en responder a este llamado, demuestra un alto grado de responsabilidad al poner en marcha de forma inmediata todos los mecanismos y estructuras que promuevan la lucha contra la corrupción, el discurso tiene que ser consecuente con la acción.
Es una falacia esperar resultados espontáneos, requerimos trabajo constante; por lo cual para obtener respuestas a mediano plazo, debemos mejorar los mecanismos que no nos permitan cometer actos ílícitos; debemos suscribir tratados y acuerdos internacionales y velar para que las normas jurídicas sean eficaces y proporcionales, y que su alcance sancione sin distinción alguna al funcionario, al político y al empresario con sus correspondientes agravantes; pero si la sanción fuera suficiente por sí misma no habrían actos ilícitos, se requiere que esté casada con mayor rendición de cuentas, una gestión transparente permite que todos los Órganos de la maquinaria estatal trabajen, como bien lo establece la ciencia política clásica, de forma independiente, mas en armoniosa cooperación. La transparencia en la gestión gubernamental debe ser fiscalizada por instituciones que aunque pertenezcan al gobierno de turno no le deban su puesto al gobernante del momento; en otras palabras, se deben mejorar los sistemas de contratación, y como bien lo estipula nuestra Constitución, tener carreras administrativas que motiven la función del agente público con estabilidad y remuneración digna acorde a su desempeño.
Lo anterior nos motiva a cuestionarnos sobre si tenemos grupos fiscalizadores. ¿Quién fiscaliza al fiscalizador? Allí es donde entra el papel de la sociedad civil, piedra angular en el combate de todo acto de corrupción, para ello es necesario que la ciudadanía lo valore como un mal social. Sin embargo, tipificar dichas conductas con sanciones penales y administrativas y, aumentar el control es sólo una pequeña parte en la estructura de la lucha y prevención. Si queremos resultados que trasciendan un periodo determinado en el calendario, las cúpulas de los poderes del Estado deben limpiarse desde dentro, sanear su imagen, porque "cuando el río suena es porque piedras trae". Todos somos conocedores de los escándalos recientes, muchos de ellos han llegado a la jurisdicción ordinaria, pero solamente han servido para aumentar la capacidad de los archivos judiciales, por esta razón tenemos un pueblo ávido de resultados.
El lastre de la corrupción debe combatirse con educación, una enseñanza integral y formal de las futuras generaciones en sus respectivas aulas, y otra, un tanto informal, pero de suma importancia, basada en el ejemplo de nuestros líderes.
El mensaje debe ser claro para que todos entendamos que la época del "juega vivo" ha quedado atrás para siempre.
La buena intensión comunicada al foro internacional debe verse reflejada en casa, con pasos seguros pero firmes. Somos conscientes de que no hay una sola solución, pero sí una sola posición: "Tolerancia cero frente a la corrupción".