Panamá no merece ser pobre
No hay grises, ni términos medios. "Los pobres y los no pobres" conviven en un Panamá que no merece atravesar tan serias diferencias. Un elevado gasto público social que creció decididamente entre 1980 y el 2000, añadido a una distribución desigual de los recursos se anotan como responsables de la agobiante situación de pobreza en la que está sumergido el Panamá de hoy.
Así lo detalla el Informe Nacional de Desarrollo Humano (INDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo consultado por El Panamá América.
¿Qué ocurre?, el estudio del que también participaron el Ministerio de Economía y Finanzas, la Contraloría General de la República, Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE), entre otros, es claro al explicar que el gasto social por persona creció cuatro veces más que el producto nacional por individuo.
El estimado expresado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) es de $642 en 1997. Se destaca que a nivel centroamericano, Panamá y Costa Rica ejecutaron un gasto social pér capita más elevado respecto a los demás países que no alcanzaron los $100 para el mismo año.
Lo anterior debiera significar una garantía definitiva en la disminución de los índices de pobreza. Pero, no ha sido así. Pese al alto nivel de gasto social total y de servicios sociales básicos relativamente aceptables, Panamá camina en la penumbra.
"La implicación es que la ejecución de ese gasto mediante programas sociales a cargo del sector público refleja problemas en cuanto a la cobertura de importantes grupos de la población", volvemos entonces a la desigualdad.
"Hilando más delgado" el INDH habla un gasto corriente (planilla, operaciones y transferencias a instancias gubernamentales pertinentes a la prestación de servicios sociales básicos) de más del 80%. "Es el principal tipo de gasto dentro del total de gasto público social".
Sin embargo, solamente el 2% del gasto público total es ejecutado por los municipios y provincias. John Bennet ya lo dijo a este diario en una reciente publicación de la campaña Usted Decide. "Nuestro país tiene el gobierno más grande del planeta Tierra y ¿qué nos da a cambio?... problemas", a lo que ahora se agregaría y gastos, millonarios gastos.
Hasta este punto, de pobres y pobreza se ha hablado sin reparos, no obstante, el INDH subraya que las cuatros dimensiones básicas que condensan la condición de pobreza humana son la vida breve, el analfabestismo, la falta de medios materiales y la exclusión social.
Para el año 2000, dice el informe, 237, 316 familias, lo que equivale al 34.3% de todos los hogares del país, cerca de 1,131,439 personas (40.5%) de toda la población nacional se anotan las anteriores características.
¿Y dónde se encuentran?. La sede del centro bancario y de los más grandes comercios de Centroamérica: la provincia de Panamá, es curiosamente el suelo con mayor concentración de pobreza extrema de ingresos, en términos absolutos, seguida por el conjunto de las comarcas indígenas.
La pobreza indígena en Panamá es catalogada de "abismal" por el Banco Mundial y de "masiva" y "profunda" por el Gobierno Nacional.
Este grupo humano particular concentra múltiples carencias, son por ende "los más pobres entre los pobres". Hasta el 2000, la Contraloría General de la República reportó 285 mil 231 indígenas, de esta cifra 169 mil 130 pertenecen a la etnia ngöbe y 17 mil 731 a la buglé. Ambas suman entonces 186 mil 861 (62% de la población indígena total y 10 % de la población nacional).
De éstos, el 95.4% viven en pobreza y el 86.4% en extrema pobreza, incluso muchos viven muy por debajo de esta última línea.
La indígena Dominga Gutiérrez engrosa esos porcentajes. Vive a orillas de la vía que conduce al corregimiento de Guayabito, en una de las elevaciones que anteceden al imponente Cerro Tólica, en el área comarcal Kodriri al que se llega a través de la provincia de Veraguas.
El Panamá América estuvo allá el año pasado en una cobertura especial. Descubrimos a Dominga observando el horizonte desde su casa construida con tres láminas de zinc y algunos palos de madera sosteniéndolas.
Un fogón humeaba esperando tener trabajo y seguramente no lo tuvo. El panorama no anunciaba preparación alguna... "no hay qué llevar a la paila".
A Dominga y sus dos hijos, Rubiel y Ana Gabriela, infantes aún, la pobreza extrema les golpea la cara a diario. Ella, se instaló indefinidamente en aquel espacio reducido que apenas logra soportar la miseria humana de sus inquilinos.
Así lo detalla el Informe Nacional de Desarrollo Humano (INDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo consultado por El Panamá América.
¿Qué ocurre?, el estudio del que también participaron el Ministerio de Economía y Finanzas, la Contraloría General de la República, Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE), entre otros, es claro al explicar que el gasto social por persona creció cuatro veces más que el producto nacional por individuo.
El estimado expresado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) es de $642 en 1997. Se destaca que a nivel centroamericano, Panamá y Costa Rica ejecutaron un gasto social pér capita más elevado respecto a los demás países que no alcanzaron los $100 para el mismo año.
Lo anterior debiera significar una garantía definitiva en la disminución de los índices de pobreza. Pero, no ha sido así. Pese al alto nivel de gasto social total y de servicios sociales básicos relativamente aceptables, Panamá camina en la penumbra.
"La implicación es que la ejecución de ese gasto mediante programas sociales a cargo del sector público refleja problemas en cuanto a la cobertura de importantes grupos de la población", volvemos entonces a la desigualdad.
"Hilando más delgado" el INDH habla un gasto corriente (planilla, operaciones y transferencias a instancias gubernamentales pertinentes a la prestación de servicios sociales básicos) de más del 80%. "Es el principal tipo de gasto dentro del total de gasto público social".
Sin embargo, solamente el 2% del gasto público total es ejecutado por los municipios y provincias. John Bennet ya lo dijo a este diario en una reciente publicación de la campaña Usted Decide. "Nuestro país tiene el gobierno más grande del planeta Tierra y ¿qué nos da a cambio?... problemas", a lo que ahora se agregaría y gastos, millonarios gastos.
Hasta este punto, de pobres y pobreza se ha hablado sin reparos, no obstante, el INDH subraya que las cuatros dimensiones básicas que condensan la condición de pobreza humana son la vida breve, el analfabestismo, la falta de medios materiales y la exclusión social.
Para el año 2000, dice el informe, 237, 316 familias, lo que equivale al 34.3% de todos los hogares del país, cerca de 1,131,439 personas (40.5%) de toda la población nacional se anotan las anteriores características.
¿Y dónde se encuentran?. La sede del centro bancario y de los más grandes comercios de Centroamérica: la provincia de Panamá, es curiosamente el suelo con mayor concentración de pobreza extrema de ingresos, en términos absolutos, seguida por el conjunto de las comarcas indígenas.
La pobreza indígena en Panamá es catalogada de "abismal" por el Banco Mundial y de "masiva" y "profunda" por el Gobierno Nacional.
Este grupo humano particular concentra múltiples carencias, son por ende "los más pobres entre los pobres". Hasta el 2000, la Contraloría General de la República reportó 285 mil 231 indígenas, de esta cifra 169 mil 130 pertenecen a la etnia ngöbe y 17 mil 731 a la buglé. Ambas suman entonces 186 mil 861 (62% de la población indígena total y 10 % de la población nacional).
De éstos, el 95.4% viven en pobreza y el 86.4% en extrema pobreza, incluso muchos viven muy por debajo de esta última línea.
La indígena Dominga Gutiérrez engrosa esos porcentajes. Vive a orillas de la vía que conduce al corregimiento de Guayabito, en una de las elevaciones que anteceden al imponente Cerro Tólica, en el área comarcal Kodriri al que se llega a través de la provincia de Veraguas.
El Panamá América estuvo allá el año pasado en una cobertura especial. Descubrimos a Dominga observando el horizonte desde su casa construida con tres láminas de zinc y algunos palos de madera sosteniéndolas.
Un fogón humeaba esperando tener trabajo y seguramente no lo tuvo. El panorama no anunciaba preparación alguna... "no hay qué llevar a la paila".
A Dominga y sus dos hijos, Rubiel y Ana Gabriela, infantes aún, la pobreza extrema les golpea la cara a diario. Ella, se instaló indefinidamente en aquel espacio reducido que apenas logra soportar la miseria humana de sus inquilinos.