Panamá, país convulsionado
La convulsión viene desde hace un tiempo, pero en las últimas semanas siento en el ambiente un desasosiego que no puedo definir, pero me preocupa. Con quien se habla, muestra insatisfacción y temor por el futuro de Panamá, ya que la política de este gobierno no está claramente definida y pareciera que las autoridades que nos gobiernan no se deciden hacia dónde nos llevan en esta caída estrepitosa que vivimos. ¡No pegan una! ¡Qué barbaridad! Son capaces de presentar unos planes increíblemente casi perfectos; sin embargo, pasa el tiempo y no dan inicio a ninguno. Llevan casi tres años de desgobierno y aún el país no tiene las inversiones necesarias para atacar la pobreza, porque todo queda en papeles y en presentaciones a través de los medios de comunicación; pero de aquello, nada.
Pareciera que los ministros estuvieran más en la política partidista, en propaganda barata de su presidente, que en gobernar como verdaderos estadistas. Ningún sector ha hecho lo apropiado para que el país avance. Los panameños tienen la impresión de que ellos quisieran estancar la economía, o manejarla a medias, con algún fin preconcebido para llevar a la nación hacia donde la mayoría no desea.
La política exterior inestable que ordena el Presidente, preocupa a los ciudadanos conscientes de este país, porque está caminando en la cuerda floja que sostiene a Panamá, y podemos tener un gran descalabro si los políticos de oposición no se dan cuenta de la jugada y paramos a tiempo esta estupidez antes de que quedemos como en Venezuela. Insisto en que preparan el terreno para imponer nuevamente el ejército, aunque sea con un nombre diferente en una forma distinta; pero en el fondo son los mismos sinvergüenzas de los 21 años de dictadura militar.
Me preocupa el estancamiento en que nos han sumido; lo peor es que nadie entiende cuál es el fin de esta política tan aberrante e insulsa. No hay planes definidos de salud, de educación de obras públicas, de vivienda, de nada. Es un gobierno de serrucho que tanto va hacia delante como hacia atrás. Y mientras hacen ese movimiento, los panameños nos movemos como semillas de frutas en una licuadora haciendo chicha.
Tanto dicen defender la libertad de expresión, pero cómo la golpean por otro lado. La institucionalidad se ha desmejorado en tal forma que no existe seriedad alguna y los panameños hemos perdido la confianza en las instituciones gubernamentales. El comentario general es que el único objetivo claro de este gobierno es recoger más dinero, aunque asfixien a los que contribuimos con el Fisco. ¿Para qué desean aumentar las arcas del Estado, si la pobreza aumenta desproporcionadamente? Prefiero creer que estamos en esta encrucijada fatal por incapacidad de los que nos gobiernan y no por exceso de viveza de los mismos.
¿Hacia dónde marchamos sin metas preconcebidas, sin un camino franco por donde caminar y sin un futuro que no sea la deficiente distribución de la riqueza que llena los bolsillos de pocos en detrimento de las mayorías? Pareciera que se hubieran tomado en serio aquello del respeto a las minorías, y todo para ellos y nada para los demás. No se percatan de la desnutrición de nuestra niñez y de los mayores. Los discapacitados sólo necesitan curación, pero no veo nada que prevenga en el futuro el aumento de ese porcentaje tan elevado. Es que las palabras prevención, mantenimiento, seguimiento, no existen en el vocabulario de nuestro gobierno. Este país es lo suficientemente rico y con suficientes recursos como para repartir entre estos tres millones de habitantes. Pero se escaparon de la clase de matemática y no aprendieron a dividir; las cifras no son ciertas.
Señores del gobierno: El pueblo panameño necesita más atención de parte de ustedes, y si tenemos que soportarlos por dos años más, que sea con dignidad; pero no sólo de nuestra parte, sino también de la de ustedes, pues parece que no comprenden la realidad que se nos viene encima. La podredumbre y la corrupción están matándonos, y las bases morales del país se desmoronan por su culpa. Detengan este carro a tiempo.
marisin@cableonda.net
Según el decreto, el propietario o administrador de vivienda, tiene la obligación de mantener limpio y pintado el frente y los predios de su propiedad.
Se trata de una orden que obliga a estas personas a que en el mes de mayo tengan bien remozadas sus edificaciones.
Añadió que este año se ha dado un período de extensión hasta el mes de junio y aquellos que no cumplan, los corregidores de los 21 corregimientos del distrito capitalino procederán a multarlos con sanciones que van desde B/. 10 a B/. 5 mil balboas.
El proceso será en la medida de que los corregidores realicen un recorrido para detectar quiénes no cumplan con lo establecido por el decreto para sancionarlos.
Las medidas serán dirigidas principalmente a quienes mantienen sus edificios sin pintura.
En el caso específico de las propiedades horizontales, Barsallo expresó que debe operar una directiva que se preocupe por darle mantenimiento y brindar la seguridad que requieren ese tipo de edificaciones.
Pareciera que los ministros estuvieran más en la política partidista, en propaganda barata de su presidente, que en gobernar como verdaderos estadistas. Ningún sector ha hecho lo apropiado para que el país avance. Los panameños tienen la impresión de que ellos quisieran estancar la economía, o manejarla a medias, con algún fin preconcebido para llevar a la nación hacia donde la mayoría no desea.
La política exterior inestable que ordena el Presidente, preocupa a los ciudadanos conscientes de este país, porque está caminando en la cuerda floja que sostiene a Panamá, y podemos tener un gran descalabro si los políticos de oposición no se dan cuenta de la jugada y paramos a tiempo esta estupidez antes de que quedemos como en Venezuela. Insisto en que preparan el terreno para imponer nuevamente el ejército, aunque sea con un nombre diferente en una forma distinta; pero en el fondo son los mismos sinvergüenzas de los 21 años de dictadura militar.
Me preocupa el estancamiento en que nos han sumido; lo peor es que nadie entiende cuál es el fin de esta política tan aberrante e insulsa. No hay planes definidos de salud, de educación de obras públicas, de vivienda, de nada. Es un gobierno de serrucho que tanto va hacia delante como hacia atrás. Y mientras hacen ese movimiento, los panameños nos movemos como semillas de frutas en una licuadora haciendo chicha.
Tanto dicen defender la libertad de expresión, pero cómo la golpean por otro lado. La institucionalidad se ha desmejorado en tal forma que no existe seriedad alguna y los panameños hemos perdido la confianza en las instituciones gubernamentales. El comentario general es que el único objetivo claro de este gobierno es recoger más dinero, aunque asfixien a los que contribuimos con el Fisco. ¿Para qué desean aumentar las arcas del Estado, si la pobreza aumenta desproporcionadamente? Prefiero creer que estamos en esta encrucijada fatal por incapacidad de los que nos gobiernan y no por exceso de viveza de los mismos.
¿Hacia dónde marchamos sin metas preconcebidas, sin un camino franco por donde caminar y sin un futuro que no sea la deficiente distribución de la riqueza que llena los bolsillos de pocos en detrimento de las mayorías? Pareciera que se hubieran tomado en serio aquello del respeto a las minorías, y todo para ellos y nada para los demás. No se percatan de la desnutrición de nuestra niñez y de los mayores. Los discapacitados sólo necesitan curación, pero no veo nada que prevenga en el futuro el aumento de ese porcentaje tan elevado. Es que las palabras prevención, mantenimiento, seguimiento, no existen en el vocabulario de nuestro gobierno. Este país es lo suficientemente rico y con suficientes recursos como para repartir entre estos tres millones de habitantes. Pero se escaparon de la clase de matemática y no aprendieron a dividir; las cifras no son ciertas.
Señores del gobierno: El pueblo panameño necesita más atención de parte de ustedes, y si tenemos que soportarlos por dos años más, que sea con dignidad; pero no sólo de nuestra parte, sino también de la de ustedes, pues parece que no comprenden la realidad que se nos viene encima. La podredumbre y la corrupción están matándonos, y las bases morales del país se desmoronan por su culpa. Detengan este carro a tiempo.
marisin@cableonda.net
Según el decreto, el propietario o administrador de vivienda, tiene la obligación de mantener limpio y pintado el frente y los predios de su propiedad.
Se trata de una orden que obliga a estas personas a que en el mes de mayo tengan bien remozadas sus edificaciones.
Añadió que este año se ha dado un período de extensión hasta el mes de junio y aquellos que no cumplan, los corregidores de los 21 corregimientos del distrito capitalino procederán a multarlos con sanciones que van desde B/. 10 a B/. 5 mil balboas.
El proceso será en la medida de que los corregidores realicen un recorrido para detectar quiénes no cumplan con lo establecido por el decreto para sancionarlos.
Las medidas serán dirigidas principalmente a quienes mantienen sus edificios sin pintura.
En el caso específico de las propiedades horizontales, Barsallo expresó que debe operar una directiva que se preocupe por darle mantenimiento y brindar la seguridad que requieren ese tipo de edificaciones.