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Panamá, país costero, pero de espaldas al mar. ¿Cómo darnos la vuelta?


Panamá es un país privilegiado, estamos entre los más ricos en diversidad de especies de la región centroamericana. ¡Siendo los peces marinos los que cuentan con el mayor número, representando el 10.6% de todas las especies neotropicales conocidas, y contamos con 2,800 kilómetros de costas!

Sin embargo, en el Litoral Pacífico, nuestra bahía presenta altos niveles de contaminación que están por encima de los renglones mínimos aceptables para la vida acuática, y al mismo tiempo para el desarrollo de actividades comerciales y recreativas (Informe técnico para la elaboración de la norma de calidad de aguas marinas de la Autoridad Nacional del Ambiente, ANAM), principalmente por los vertidos de aguas negras, incluyendo lavamanos y fregador, y la basura que baja con los ríos. Esto no escapa al resto del país, en donde, además, se suma la contaminación de las costas y del mar por los residuos de plaguicidas y fertilizantes utilizados en las actividades agropecuarias en tierra firme.

Vivimos de espaldas al mar, porque seguimos utilizándolo como nuestro basurero particular, no sólo de las aguas negras, sino también de todo tipo de desechos, hasta aceites usados en la cocina y restos de jabón. ¡Todo sin tratar! Y, adicional, de espaldas porque un porcentaje importante de los recursos extraídos en las actividades del mar se pesca de forma industrial mediante prácticas insostenibles, para ser consumidos principalmente en otros países, pues son, en gran parte, exportados.

Los mares y las costas están expuestos, principalmente, a la contaminación, al cambio climático, a la destrucción de los recursos naturales, a la extracción excesiva de pescados y mariscos, al crecimiento de la población, al desarrollo urbano e industrial, y a las actividades turísticas que también impactan si no son reguladas. De esto ya se ha ido tomando nota, de modo que en la Agenda 21, que Panamá también debe cumplir, se incluyó un capítulo de protección de los océanos y de los mares de todo tipo, y de las zonas costeras, así como de sus recursos vivos. Nuestro país es, además, signatario de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Ley 10 de 1982) que establece derechos y obligaciones de los Estados Parte, así como sustenta la base internacional para la protección y el desarrollo sostenible del medio marino, costero y sus recursos.

La Fundación MarViva, desde su Programa de Incidencia Política, aspira a contribuir a ese cambio de actitud hacia al mar, las costas y los recursos marino-costeros del país promoviendo la creación y el fortalecimiento de áreas marinas protegidas y las buenas prácticas en las actividades pesqueras, de la mano con todos los actores sociales, incluidas las comunidades, el sector privado y el Gobierno Nacional. Usted puede comenzar a hacerlo también, tomando conciencia desde hoy, de sus acciones. Desde casa pueden hacer la diferencia.

101 años de Panamá América

 
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